–Yo conozco… Por mí… Pero aquí pueden oírnos. Entre usted en ese gabinete. Entráronse y se cerró la puerta tras ellos. Siguiose a esta escena la de un jugador perdidoso que había perdido el último maravedí, y necesitaba armarse para volver a jugar. Dejó un reloj, tomó diez, firmó quince y se despidió diciendo: –Tengo [...]
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