“Cabeza fría”

Son las 7:45. Me voy al instituto (veinticinco minutos de paseo). Y me vuelvo en la misma puerta  de mi casa: mi cabeza, deforestada y talada, ha sentido el húmedo frío con que se han estrenado las noches de febrero. Me pongo una boina (no sin alguna vacilación e incomodidad: “Cabeza loca no quiere toca”). [...]