Soy un joven de sesenta. El crono no me acojona ni le temo a esa cabrona que anda de hombres hambrienta. Mi tarde discurre lenta. Mi noche es una novela que hasta al más lelo desvela. Mas, si al llegar la mañana, suena un toque de campana, ¡yo vuelvo vivo a la escuela!
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