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Formas

Ayer, ya al final de mi caminata urbana, una señora, cargada con varias bolsas, me sonrió y me dio las gracias cuando le cedí el paso en un estrechamiento de la acera.

¿Qué por qué lo cuento? Porque ya esas formas de obligada cortesía se han vuelto insólitas. Y agrada comprobar que no han desaparecido del todo.

Hace unos minutos, mientras desayunaba solo en la cocina, oía en el programa de Carlos Alsina cómo éste, refiriéndose a Pablo Iglesias, decía que “es mentira” lo que el podemita dice cuando se excusa para no acudir a ser entrevistado en Más de uno.

Yo no dudo de la verdad del contenido de lo que afirma Alsina, lo que me suena raro es la expresión literal: “es mentira”.

Pero, claro, habiendo sido una fórmula tan repetida por el Presidente (en funciones) Pedro Sánchez, en el doble debate electoral, se diría que ha dado licencia a toda la ciudadanía de la nación española para que use lo que hasta hace poco se consideraba una bofetada verbal.

–Se dice “no es verdad”, nunca “es mentira”, nos decían, a mí y a mis compañeros, los curas y demás profesores cuando empezaron a asumir la tarea de hacer de nosotros personas educadas, en lugar de paletos silvestres.

Y ahora recuerdo, cómo no, la primera aventura de don Quijote, después de ser armado caballero en la venta. Cuando Juan Haldudo, el que estaba azotando a Andresillo en un bosque, pronuncia la palabra “miente”, referida a Andrés, don Quijote responde:

–¿”Miente” delante de mí, ruin villano? Por el sol que nos alumbra que estoy por pasaros de parte a parte con esta lanza.

La fina sensibilidad caballeresca de don Quijote no tolera tal voz en sus oídos.

Pero ya se ve que los oídos del actual paisanaje no son tan sensibles, sino más bien (o mal) lo contrario, y hay que acudir a expresiones cuanto más gruesas mejor, para que el interlocutor se entere de lo que estamos diciendo.

Malos tiempos para la cortesía, estúpidos.

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Monumento

Te aseguro que lamento

el incendio en Nôtre Dame.

Sé que la reconstruirán,

pero sería el momento

de hacer de ella un monumento

que acogiera todo credo;

y acogiera a ese al que un bledo

le importan las religiones.

Pues, entre hombres, supones,

hay hermandad y no hay miedo.

Defensa de la eutanasia

https://www.elmundo.es/opinion/2019/04/10/5cadeed221efa0d8698b4601.html

Ciudadano

Entre el País Vasco y Cataluña

https://www.elmundo.es/opinion/2019/04/02/5ca22ff3fdddff99428b466e.html

EL NUEVO IMPERIO GLOBAL

Desde aproximadamente el año 200 a. C., la mayoría de los humanos ha vivido en imperios, y todo apunta a que probablemente en el futuro también la mayoría de los humanos vivan en uno. Pero esta vez el imperio será realmente global. La visión imperial de dominio sobre el mundo entero puede ser inminente.

A medida que el siglo XXI va avanzando, el nacionalismo pierde terreno rápidamente. Cada vez más gente cree que toda la humanidad es el origen legítimo de la autoridad política, y no los miembros de una nacionalidad concreta, y que salvaguardar los derechos humanos y proteger los intereses de toda la especie humana debiera ser el faro que guíe la política. Si es así, tener cerca de 200 estados independientes es un estorbo en lugar de una ayuda. Puesto que suecos, indonesios y nigerianos merecen los mismos derechos humanos, ¿no sería más sencillo que un único gobierno global los protegiera?

La aparición de problemas que son en esencial globales, como el deshielo de los casquetes polares, socava cualquier legitimidad que les quede a los estados-nación independientes. Ningún Estado soberano será capaz de librarse por sí solo del calentamiento global. El Mandato del Cielo chino lo confirió el Cielo para resolver los problemas de la humanidad. El Mandato del Cielo moderno lo dará la humanidad para resolver los problemas del cielo, como el agujero de la capa de ozono y la acumulación de gases de efecto invernadero. El color del imperio global bien pudiera ser verde.

En 2014, el mundo todavía está fragmentado políticamente, pero los estados cada vez tienen menos independencia. Ninguno de ellos es realmente capaz de ejecutar políticas económicas independientes, de declarar y sostener guerras a su antojo, ni incluso de gestionar sus propios asuntos internos como le plazca. Los estados se hallan cada vez más abiertos a las maquinaciones de los mercados globales, a la interferencia de las compañías y organizaciones no gubernamentales globales, y a la supervisión de la opinión pública global y al sistema judicial internacional. Los estados se ven obligados a amoldarse a los estándares globales de comportamiento financiero, política ambiental y justicia. Corrientes enormemente profundas de capital, trabajo e información remueven y modelan el mundo, con una desatención creciente por las fronteras y las opiniones de los estados.

El imperio global que se está forjando ante nuestros ojos no está gobernado por ningún Estado o grupo étnico particulares. De manera muy parecida al Imperio romano tardío, está gobernado por una élite multiétnica, y se mantiene unido por una cultura común e intereses comunes. En todo el mundo, cada vez hay más emprendedores, ingenieros, expertos, eruditos, abogados y gestores que son llamados a unirse al imperio. Tienen que sopesar si responder a la llamada imperial o permanecer leales a su Estado y su gente. Y cada vez son más los que eligen el imperio.

Yuval Noah Harari, De animales a dioses. Breve historia de la humanidad.

(Págs. 231-232)

Ed. DEBATE.  Barcelona, 2014.

Título original: From Animals into Gods: A Brief History of Humankind

Traducción de Joandomènec Ros

Colutorio

Hoy me tocaba escribir acerca de unas minúsculas hormigas que, desde hace algunos días, aparecen en el lavabo, en el trozo de pared de azulejos que llega del lavabo a la repisa, y en la repisa misma.

No se las ve moverse, de tan chicas que son; pero no hay duda de que lo que las atrae son los mínimos restos de colutorio que quedan en el vasito o tapón que usan algunos habitantes de esta casa –yo no–.

No puedo creer que esos restos las alimenten, por pequeñas que ellas sean. Quizá los inhalen o esnifen, quizá los utilicen para perfumarse. Quién sabe.

Y de pronto me ha surgido otro tema. He sentido el impulso de abrir al azar el penúltimo libro de Miguel d’Ors (Átomos y galaxias, 2013) y leer un poema.

Me ha salido “Lactancia”, un poema que no recordaba en absoluto (no voy a decir nada sobre la maestría –en todos los órdenes– de d’Ors). El tema del poema es el de un niño que mira, atraído y fascinado, a un bebé –probablemente su hermanito– mientras su madre le da el pecho.

Quizá las hormigas de nuestro lavabo sienten una fascinación parecida ante las pizcas de colutorio, enormes para ellas.

En fin, luego llegamos nosotros y, sin miramiento alguno, con bayeta o papel, borramos de nuestro cuarto de baño a las intrusas.