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Casi abstemio

Soy casi abstemio de día

y casi abstemio de noche.

No me hagas el reproche

de que caliento la fría

sopa con vino. Bebía

sólo agua mi vecino

y no lo exculpó el mal sino:

en nube lo convirtió.

Tú no me pidas que yo

beba agua y nunca vino.

Misa del Niki

En el entierro de nuestro querido Niki (Agustín LM), enredado entre un grupo de amigos que entraban a la iglesia para asistir a a la misa “de corpore insepulto”, decidí mantenerme en el grupo y asistir yo también, de libre oyente.

En muy pocas ocasiones he entrado en la iglesia de mi pueblo en los últimos ¡cincuenta años! Cómo pasa el tiempo. A lo que iba: todo lo que vi me gustó: la limpieza, el brillo, la ornamentación, la iluminación, la imaginería, los feligreses, el cura y su sermón, los cánticos -voces femeninas: los hombres se abstienen, y sólo alguno se atreve medio en sordina-.

Y las lecturas. La primera -antes se llamaba epístola, supongo que ahora también- era un pasaje del libro de los Hechos de los Apóstoles, del capítulo 25. El cura, en su homilía, relacionó este episodio de la vida de San Pablo -y no como un hallazgo propio y personal sino como una conclusión doctrinal consolidada- con el nacimiento de Europa y de la cultura occidental.

San Pablo, en su condición de judío, de cives romanus y de poseedor de la cultura griega, aunaba en su persona los tres componentes básicos del hombre occidental: el filósofo amante de la verdad, el sujeto de derechos y deberes que son inviolables en la comunidad, y el creyente que trasciende con su fe las limitaciones de la vida humana.

En fin, que no me reconvertí al catolicismo en la misa de cuerpo presente del Niki, pero casi.

Alguna crítica, no obstante, habré de hacer, para que no todo sean elogios. Se nota todavía demasiado en la iglesia de mi pueblo -y en la Iglesia- la falta de igualdad entre hombres y mujeres, éstas siempre en funciones subalternas, por muy necesarias que sean. ¿Qué espera la jerarquía eclesiástica para elevar mujeres al sacerdocio, para abolir el celibato sacerdotal?

Bueno, Niki, tú a lo tuyo: a descansar en paz y a esperarnos sin impaciencia.

Humanidad sólo una

Primavera

Con qué pujanza

Mayo nos ha traído primavera

(aunque no al cuerpo).

Vida sana

La vida sana requiere

ser muy partida en porciones.

Así que no te aficiones

a nada en exceso. Infiere

que la que abandonas muere

matándote de abandono.

Mantener la vida a tono

es realizar mil tareas;

más hermosas o más feas,

todas suman en tu abono.

Carta al amigo invisible

Amigo Invis:

Esta noche he soñado con mi padre, ya él muy anciano y desvalido. Cruzábamos la ciudad, de camino a la parada de autobuses, donde subiríamos al que nos traería a nuestro pueblo. Era de noche, una noche no muy oscura, por lo que podíamos ver los transitados parajes urbanos por los que andábamos, muy poco parecidos a los de la realidad.

Yo procuraba mantenerme pegado a mi padre, para sostenerlo y para que notara mi calor y mi cariño. Hasta que, viéndolo tan desfalleciente, decidí llevarlo en brazos como si fuera un niño. En brazos, no a hombros como Eneas llevó al suyo en la triste noche de Troya.

¿Qué puede significar mi sueño? Pienso que yo ahora soy él (unum et commune periclum, una salus ambobus erit), un paso más adelante en la caminata de la humanidad, en la singladura de la vida.

¿A dóde llegará esta carrera de las especies vivas que pululan por nuestro planeta? Hasta ahora, unas se han quedado en el camino; otras han evolucionado, se han recompuesto y mantenido como especies distintas, mejor adaptadas para sobrevivir, para ganar la carrera del tiempo.

¿Hay una meta, un destino prescrito en esta carrera? No lo creo. El azar es un componente de mucho peso, como en la vida individual de cada uno de nosotros.

Pero ahora, en nuestro tiempo, ha surgido un elemento nuevo en la progresión evolutiva: la capacidad humana de modificar genéticamente las especies, entre ellas la propia.

Los luminosos libros de Harari, De animales a dioses y Homo Deus, nos han enseñado a mirar la vida con esa amplitud. Si el sabio, recientemente fallecido, Stephen Hawking avisaba de que la especie humana, para sobrevivir, debía conquistar las estrellas, Harari nos ha indicado que el camino podría estar en la evolución diseñada por el propio hombre: lo que le permitiría convertirse en el tripulante de la nave que lo lleve a esas estrellas.

Mi padre y yo, en mi sueño, no llegamos nunca a la parada del autobús.

Cuídate y cuida de los tuyos.