• Páginas

  • Archivos

  • abril 2018
    L M X J V S D
    « Mar    
     1
    2345678
    9101112131415
    16171819202122
    23242526272829
    30  
  • Anuncios

El espacio doméstico

Los que hemos sido estudiantes, en las primeras etapas de la vida, y luego profesores o maestros, hemos tenido clara la importancia de un espacio propio en la casa, necesario para la actividad íntima del aprendizaje, para las muchas horas con la sola compañía de libros, apuntes y cuadernos que requiere el estudio.

La juvenil pareja, los recién enamorados, tienen otras necesidades de espacio propio: el espacio íntimo compartido puede, incluso debe, ser pequeño. Si cuando bailan puede ser suficiente una baldosa de 0,30 x 0,30, cuando no bailan les basta una cama  de 0,80, siempre que esté apartada de terceras miradas; e incluso una aún más pequeña hecha de fragante hierba, en medio de una solitaria pradera primaveral (que se note que estamos en abril…).

Ahora bien, si esa joven pareja se plantea seriamente una vida compartida, con hijos, mesa de plancha, bicicletas y otros medios de transporte, las necesidades de espacio doméstico se complican bastante. Y ahí puede presentarse el deseo agobiante de contar con un espacio individual propio, sobre todo si el trabajo en casa, el estudio o la creación artística han de formar parte de la vida ordinaria.

Algunos jóvenes escritores nos han dado páginas autobiográficas gloriosas sobre los padecimientos de quien necesita ese espacio doméstico propio para su trabajo y sólo agónicamente lo consigue. Yo recomendaría, por ejemplo, algunos artículos de David Gistau (todo lo que escribe me encanta), pero ahora no me voy a poner a buscar títulos, fechas o medios en los que han aparecido.

Y luego vamos pasando las hojas del calendario, los calendarios enteros. Y de la casa que hemos ido llenando de libros –o de obra pictórica propia, qué sé yo– y de hijos, éstos se van, a iniciar su andadura independiente, y a veces se van muy lejos. Y la casa comienza a tener espacios vacíos, melancólicamente vacíos, o inmisericordemente atestados de añoranzas.

Y siguen pasando los años. Y entonces puede que comencemos a percatarnos de que a nuestra casa le sobran escalones, peldaños de escalera, desniveles. Porque nos fallan las rodillas, o las caderas, o las lumbares, o todo el esqueleto. Ahora consideramos importante tenerlo todo a mano, todo llano y próximo: la cama, el baño, la cocina, el ropero, el patio, la panadería de la esquina y la vecina acogedora y comprensiva.

¿Y cuál será el siguiente espacio doméstico que nos resulte suficiente: la mesa camilla, la butaca hogar, la silla de ruedas, la cama articulada? Cuando ya no nos acordemos de nuestros queridos libros, sepamos poco de nuestros amados hijos, hayamos sido olvidados por nuestros atentos vecinos, ¿qué espacio doméstico necesitaremos?

Hay un cuento de Chéjov que se titula El hombre enfundado. En él el profesor Burkin cuenta la historia de un colega, “un tal Bélikov”, profesor de Griego, quien, más que vestirse, se forraba completamente para protegerse del exterior, cuyo contacto escrupulosamente evitaba. No fue un hombre feliz, claro. ¿Cómo serlo con esa obsesión?

Pero “Bélikov murió. A su entierro acudió todo el mundo, es decir, los dos institutos y el seminario. Ahora que yacía en el ataúd tenía una expresión dulce, agradable, incluso jovial, como si se alegrase de verse por fin en una funda de la que no saldría jamás. ¡Sí, había alcanzado su ideal!”

El caso es que un hombre normal, cualquiera que no comparta esa penosa manía de Bélikov, si vive lo suficiente, también llega a una edad en la que su espacio doméstico, o vital, se reduce tanto que llega a coincidir con el de Bélikov.

Anuncios

Dolores de viejo

Haber vivido no duele

ni duele llegar a viejo;

ni mirarse en el espejo

y ver a otro, que suele,

por más que nos desconsuele,

ser nuestro progenitor.

Nada de eso da dolor.

Lo que nos duele es un duende

que nos recorre y pretende

rendirnos con el terror.

 

En la alborada de abril

En la alborada de abril,

mirlo, qué bien entretienes

a quien sufre los desdenes

de Morfeo. Tu sutil

silbo es más dulce que mil

besos de confitería.

Qué bien esperar el día

oyendo tus delicadas

endechas, cuentos de hadas

y enamorada poesía.

Doblegar al Estado

https://elpais.com/elpais/2018/04/13/opinion/1523620994_139801.html

Tu cabeza

El pasado es gloria y pena.

Hay que ver a los ancestros

sin sumisión: no cabestros

son para la marcha buena

de la especie; no encadena

su conducta a los de ahora;

y se pierde quien añora

el camino recorrido.

Mira al futuro, te pido;

tu cabeza es tu señora.

Políticos presos, no presos políticos

https://elpais.com/elpais/2018/04/11/opinion/1523464188_024497.html

 

Algos

Los escritos breves se adaptan bien al blog. Juan Ramón Jiménez hubiera encajado bien en el perfil de bloguero. Dónde mejor que en un blog los sucesivos capítulos de Platero y yo, o los sucesivos asientos de Diario de un poeta recién casado. Salvo por un factor: la gratuidad. Quizá don Juan Ramón tenía un sexto sentido para lo crematístico que le habría desaconsejado este medio. No estoy seguro.

Yo sigo enredado en mi Certe patet, que ya ha cumplido unos cuantos años.

Por otra parte, me parece que tiendo al minimalismo expresivo; que me llevará, paso a paso, a estarme callado y ágrafo para siempre.

El año pasado casi limité mi escritura a las décimas que componen Decimanía 17. Este año estoy recogiendo mis versos, versillos más bien, en un cuaderno titulado Algos (2018). Efectivamente, es título inspirado por Sancho Panza: ver Don Quijote, II, 29.

También aquí están saliendo muchas décimas (la decimanía no se me cura). Alternan con una estrofita para la que, por qué no, he inventado un nombre: gramo. Es una combinación de pentasílabo, endecasílabo, pentasílabo, generalmente sin rima. Pero, ¿eso no es un haiku? Pues no. El verso central del haiku es un heptasílabo; y entre un heptasílabo y un endecasílabo hay mucha distancia (para un oído sensible a las melodías y ritmos de los versos).

Poco más ha brotado en este campo de algos.

Pero, en lugar de esperar a que acabe el año para colocar aquí el cuaderno completo, he decidido colgar ya el cuadernillo del primer trimestre. Como un diario que es, cada entrada, que no siempre es monotemática y monotitular, va precedida por su correspondiente fecha.

Y ahí quede la cosa, enterrada en el blog.