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Y serás de tu móvil

Probablemente el fenómeno social más extendido en la última década, al menos en los países desarrollados —a los que el resto de la humanidad se incorpora a pasos de gigante—, el fenómeno más extendido, decimos, ha sido el del uso constante del teléfono móvil o smartphone, que todo el mundo lleva en el bolsillo cuando no en la mano, y usa constantemente.

Es un fenómeno que uno explica en consonancia con otros usos y hábitos anteriores, todos sintomáticos de la preferencia que sentimos por observar las imágenes de la realidad, en lugar de observar directamente la realidad misma (tendencia al autoengaño, en definitiva). Es lo que hacía la humanidad de la caverna platónica, la humanidad de la caverna burocrática, la comunidad de la caverna artística y aquella zorra, tan humana, de Kahlil Gibran, que para saber cuánta hambre tenía no se prestaba atención a sí misma, sino que miraba su sombra.

Tras las gustosas horas dedicadas a la lectura de Harari (De animales a dioses y Homo Deus), tiendo a interpretar este hábito humano del móvil, tan generalizado, como nuestra adecuación a la nueva religión que ya se impone, la del dataísmo.

Después de las religiones teístas, vinieron las “religiones de la ley natural nuevas como el liberalismo, el comunismo, el capitalismo, el nacionalismo y el nazismo”; de alguna de las cuales —o de varias— nos hemos sentido fieles adeptos.

Los ahora en constante contacto con el artilugio moderno del móvil somos como los antiguos devotos del escapulario en el pecho o la estampita de la Divina Pastora en la cartera; somos devotos de la nueva religión: el dataísmo.

¿Cuál es el futuro que nos espera? El móvil se irá perfeccionando, tendrá acceso a una infinita cantidad de datos, no sólo sobre el mundo sino también sobre nosotros mismos, que iremos cediendo nuestra propia autonomía a nuestro móvil, hasta quedar convertidos en meros utensilios en manos de éste, que nos manejará sin limitaciones; y habremos dejado de pertenecer a la especie Homo sapiens.

Las dos fuerzas

Contemplo con atención

el mundo que me rodea

y me confirmo en la idea

de que crece en perfección.

Lo terrible es que ese don

no sólo aumenta lo bueno.

Así que exulto y me apeno

viendo crecer por igual

las dos fuerzas: Bien y Mal.

Hombre va de Cielo a Cieno.

Pedro Hamon

CARLOS CUESTA, hoy, en EL MUNDO

Los afiliados del PSOE han hablado: 74.000 militantes de entre todo el electorado español prefieren a Sánchez. ¿Pocos para alterar –como va a ocurrir– todo el panorama político nacional? Sí. Pero clara mayoría en un partido cuya militancia se ha reducido a la mínima expresión tras el desastre económico de Zapatero y el continuo coqueteo con el populismo y el nacionalismo. Sánchez se hace con el PSOE, con un 50,2% de los votos y un programa de un solo punto: impedir gobernar a la derecha, sea como sea.

Una mayoría clara de Sánchez. Rotunda frente a una Susana Díaz que no llega al 40%. Pero no tan clara como la lograda por Benoît Hamon, líder socialista francés, proclamado candidato a las presidenciales galas el pasado enero con el 58,65% del voto.

Ayer celebraron los seguidores de Sánchez su triunfo: eufóricos al escuchar a Sánchez su deseo de «más izquierda» y recordando su reiterada defensa de un mayor acercamiento a Podemos. Exactamente igual que festejaron sus compañeros franceses el ascenso de Hamon, enfervorizados por el triunfo del candidato más radical y cercano al populismo: aquel que había prometido un subsidio mínimo para toda la población y había reclamado el giro radical a la izquierda como única salida para Francia.

Pero quizás no pensaran ayer los ilusionados seguidores de Sánchez que, sólo dos meses después de la explosión de júbilo de sus compañeros franceses, llegó la más absoluta depresión. Porque aquel aplastante 58,65% de voto logrado por Hamon dentro del partido, se convirtió en un raquítico y destructivo 6,1% en las urnas presidenciales de todos los franceses. Porque la radicalidad que tanto gustaba al aparato, a los cachorros del partido, a aquellos que se caracterizan por su sectarismo más que por su racionalidad, no era compartida por los votantes. Ni por los de derecha, ni por los de centro, ni por los de izquierda.

Porque quien se llevó el voto radical de izquierdas en Francia fue Mélenchon–el preferido de Pablo Iglesias– que, con más del triple del voto de Hamon, fue identificado como el extremista original. Y para qué votar a la copia teniendo el auténtico.

Ayer al PP, en contra de lo que gritaban los seguidores de Sánchez, le mejoraron las expectativas electorales: porque su caladero es ya el voto refugio frente al miedo a una izquierda radical. A Cs exactamente igual: porque gana espacio para crecer en el centro izquierda. Y a Podemos, por supuesto: porque peleará con el PSOE donde quiere, en la subasta por la mayor radicalidad. Pero el domingo perdieron dos: la estabilidad nacional y el PSOE. No tardaremos en verlo.

Una forma de aliviarse

Está más que comprobado

lo que la blasfemia alivia

al que tiene una fe tibia

y se siente jorobado:

“Si Dios está de mi lado

y es mi Bendito Creador,

por qué no atiende mejor

a esta res de su rebaño.

Así que sin él me apaño,

que se joda mi Pastor”.

Juventud, vejez y muerte

-El cuerpo de un hombre es joven mientras luce más desnudo que vestido.

-La mente de un hombre es joven mientras sabe ganarse la atención y el agrado de su interlocutor.

-El cuerpo de un hombre está viejo cuando suscita en su próximo el deseo de ayudarle.

-La mente de un hombre está vieja cuando ya su discurso le resulta penoso al oyente.

-Un hombre está muerto cuando cuando su próximo piensa que ya nada puede hacer para ayudarle.

NB: ‘hombre’, género y número no marcados.

Poco pelo

Iré a la peluquería;

porque, aunque estoy casi calvo,

de vanidad no me salvo

y peinar pelo querría;

cepillar pelo que ría

como risueña cascada.

Ya que no me cupo nada

de riqueza o de talento,

con llevar melena al viento

mi dicha estaba lograda.

Presidentes

-Echamos a Felipe González, quien, después de haber sido un enorme presidente, se dejó caer en la inmundicia.

-¿Vino después otro mejor?

-No. Vino otro peor. Y lo echamos.

-¿Vino después otro mejor?

-No. Vino otro peor. Y lo echamos.

-¿Y el que tenemos es mejor?

-No. Es peor. Y lo echaremos.