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Columnas en verso

Con frecuencia mis alumnos de 2º de Bachillerato comienzan su comentario de texto de la siguiente guisa: “El texto es una columna periodística. Está escrita en prosa”. Yo les repito una y otra vez que la segunda parte de esa secuencia es innecesaria por obvia, sin dejar de reconocer que hay columnistas que, por amor al verso, al juego, a la palabra, se permiten la travesura de una columna en versos de cualquier tipo. Recuerdo alguna de Ussía en versos de cabo roto, para mayor regodeo del autor y sus lectores. Juaristi es otro que derrocha talento cuando le da en su columna por la coña versada. Y en lo poco que he llegado a leer a Jaime Campmany, me pareció bastante aficionado a este pasatiempo de columnista poeta (¿o se debe guardar el sacro nombre de poeta para los divinos como Fernando de Herrera?); y se ve que en esta distracción, su hija Laura no le va en zaga. Para muestra, su columna de ayer en ABC. Aunque en esta ocasión hay más gravedad que humor, dado que lo que en esa columna hallamos es un himno, con las servidumbres y los guiños obligados a la anécdota periodística, un himno a la paz y la libertad; y en versos de romance heroico, para que no quepan dudas. Lo copio tal cual:

 

La paz como lema

POR encima de toda circunstancia, la Historia tercamente nos enseña que la paz es aquello que se implora cuando uno está vencido en una guerra. No hay nadie, mientras tenga expectativas de alzarse con el triunfo en la pelea, que pida paz o esté dispuesto a darla, a menos que el rival se le someta. En eso consistió la «pax romana», o ya la de Pisístrato en Atenas, así se fabricaron los imperios y así debe de ser la paz eterna: un campo donde sólo sopla el viento de quienes lo apaciguan por la fuerza.

Ambicionar la paz es razonable. ¿Qué español no quisiera que la ETA dejara de poner a nuestro paso todos los «accidentes» que perpetra? El anhelo es muy libre de ser puro -también se nutre el alma de quimeras-, pero los sueños son para la almohada, para el verano son las bicicletas. ¿Qué gobernante entregará sus llaves a cambio de que cese la violencia si no es porque la plaza está perdida y ha optado por el sálvese quien pueda? A Zapatero ya le pesan tanto, y tanto se arrodilla al ofrecerlas, que si un nuevo Velázquez las pintara, hiciéralas igual que las de Breda.

No es paz lo que los vascos necesitan, por más que disfrutarla merecieran, sino esa libertad que hace a los hombres garantes de su propia convivencia. Libertad de expresar un pensamiento, libertad de habitar tu propia tierra, libertad de votar o ser votado a poco que respetes unas reglas. Libertad de vivir sin que te impongan, lo que has de hacer, los buitres y las hienas, y libertad de no sumarte al ruego de una paz de temblor y miedos hecha. Hay otra paz, pero ésa no se pide en una confusión de cuatro lemas: la que no da un favor que se suplica, la que otorga una ley que se respeta.

Una respuesta

  1. Somos tus alumnas de 3ºB y queremos decirle que sus historias son realmente fascinantes que usted tienes mucha imaginacion y que esta pagina nos puede valer para aprender algunas cosas.Saludos de tus alumnas Leticia y Laura.

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