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El buen Matías

Todos los días

el buen Matías

es un ejemplo,

un santo templo

de la virtud.

Con rectitud

lleva su vida

santa y medida.

Va a su trabajo,

curra en el tajo;

y sin pereza

trabaja y reza.

Todos los días

avemarías,

yopecadores

y otros loores

reza a los santos;

y reza tantos

todos los días

el buen Matías,

que con desvelo

el alto cielo

vela por él.

Y un San Miguel

que es un guerrero

muy justiciero

(y atravesado

por el costado

tiene al dragón

Botafogón),

al buen Matías

todos los días

guarda del mal.

Pero hay un tal

Ángel Luz Bella

que su querella

lanza a Matías

todos los días:

–Dios y los santos

por tus encantos

quieren quererte

y defenderte

de los percances

y malos lances.

Pero te digo:

me importa un higo.

Yo he de llevarte

con mi buen arte

donde te frías,

tonto Matías.

Si te arrepientes

y paras mientes

en mi poder,

te haré valer

en este mundo;

y ni un segundo

gratos placeres,

lindas mujeres,

riquezas grandes,

hombres que mandes

te han de faltar;

y te he de dar

otras ventajas:

joyas y alhajas,

cuerpo bonito

y un infinito

vigor sexual.

Todo cabal

lo haré por ti

cuando tú a mí

me aceptes hoy.

Piensa si soy

yo generoso

o soy tramposo:

cinco mil días,

mi buen Matías,

lo prometido

verás cumplido.

Al buen Matías

las melodías

que le han cantado

le han encantado.

Piensa y medita

y luego grita:

–¡Oh Belcebú,

guárdame tú!

Canta imprudente

al del tridente:

–¡Viva Luz Bella,

mi nueva estrella!

El buen Matías

ya sus manías

de santo deja;

es una oveja

descarriada

de la manada.

El buen Matías

avemarías

no reza ya;

y nunca va

a su trabajo:

peca a destajo.

No va a novenas

con gentes buenas,

sino que anda

vía nefanda;

y a Dios irrita

porque visita

feos lugares:

los lupanares.

A la bebida

y mala vida

se entrega entero

y verdadero.

Quien lo veía

no lo creía.

Cuando apenado

y desolado

el San Miguel

a su antes fiel

y santo mozo

ve en ese pozo,

quejas amargas,

querellas largas

triste le emite;

y le remite

largos sermones

y admoniciones.

Mas ya muy lejos

de esos consejos

se halla Matías:

–Cinco mil días

–responde insano

y muy ufano—

tengo de dicha;

y la desdicha

ue venga luego

y acabe el juego.

Enero de 2003