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Mediterráneo

Vivo en una ciudad, Algeciras, que está en una punta del Mediterráneo. En la otra punta está la antigua Bizancio, la antigua Constantinopla, Estambul. Estuve en Constantinopla a principios del verano; quiero decir que leí La caída de Constantinopla, el estupendo libro de Steven Runciman. El caso es que estas dos ciudades, que quedaron unidas en el verso de Serrat, en su canción Mediterráneo, debieran estar más hermanadas. Algeciras no es una ciudad bella, ni que se cuide para que lo parezca. ¡Una pena! Tiene su bahía, que también es su vertedero, su cloaca. Espero que algún día Algeciras sea una ciudad bella. Espero que algún día Estambul sea una ciudad europea, como, según parece, quiere que lo sea la mayoría de los turcos. Musulmanes y europeos, los turcos. Y la religión, la cristiana o la musulmana, fuera de las instituciones de los Estados. Estambul está en un país en peligro de ser fanatizado por la religión. Algeciras da a una bahía en inminente peligro de defunción. Desde mi terraza veo la figura, inclinada hacia popa, del New Flame. Acabo de echar un vistazo al número 3/07 de Green, la revista de Greenpeace. De ella copio ahora dos breves fragmentos:

Si Neptuno levantara la cabeza y se asomara a su Mar Mediterráneo, la volvería a esconder, seguro. Si no se encontraría nadando en un mar contaminado, con basura, sin peces y cuyas costas se perfilan a golpe de hormigón. Para los antiguos griegos y romanos, el mediterráneo era el reino de criaturas mitológicas […]. Hoy en día los habitantes del Mare Nostrum han pasado a ser plásticos, redes y ladrillos. A pesar de ser uno de los ecosistemas marinos más bellos y ricos del mundo, también es uno de los más maltratados y amenazados. (Pág. 26)

Ante el peligro de hundimiento del buque New Flame en Gibraltar, Greenpeace pidió al Gobierno conocer el contenido de las 27.000 toneladas de chatarra. El buque lleva semanas amenazando con partirse y nadie conoce qué carga lleva a pesar de que el impacto ambiental de un posible vertido depende de las características de ésta. […] Una vez más se demuestra la falta de control en la zona. (Pág. 7)

Pero sonriamos. Hoy es domingo; y mientras quede algo de vida, hay esperanza.