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Escritura invertida

“Tiene don Luis de Góngora un extraño soneto”… Así comienza una página de Azorín en la que comenta el que comienza “Descaminado, enfermo, peregrino”. El que yo recuerdo aquí hoy es “De pura honestidad templo sagrado”. En los dos cuartetos y en el primer terceto, Góngora invoca a una dama mientras la va describiendo metafóricamente como un templo (un templo tan bello que ha debido ser “por divina mano fabricado”): el cuerpo, la cara, el cabello… Góngora describe a esta mujer de abajo a arriba, pero, por el orden de la escritura, estos elementos van apareciendo ante el lector de arriba a abajo. En la arquitectura del soneto, el segundo terceto tendría que aparecer culminándolo, como en el culmen, en el altar mayor, en el sancta sanctorum de ese templo, tendría que aparecer la imagen del dios al que el templo se consagra; o el alma de la mujer, que hace divino el templo de su cuerpo; esa alma femenina que el poeta adora (“Ídolo bello, a quien humilde adoro”).

Hoy he recordado este soneto de Góngora al leer la columna periodística de un columnista que me parece especialmente bueno. El final de su columna, invertida, con el capitel en lo hondo, muy bien labrado, como el altar en el templo de Góngora, me ha hecho echar de menos la escritura invertida, la que crecería de abajo hacia arriba, como las obras arquitectónicas.

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