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Parábola evangélica

No por Antonio sino por

SAN MATEO

Y Jesús les habló nuevamente en parábolas, y dijo: Aseméjase el Reino de los Cielos a un rey que preparó las bodas de su hijo unigénito. Y envió a sus siervos a que convocaran a los invitados a la boda, pero éstos no quisieron acudir.  El rey entonces envió a otros siervos aún más persuasivos, diciéndoles: “Anunciad a los invitados que está preparado el banquete, inmolados los toros y los corderos mejor cebados, y todos dispuesto: que vengan a la boda.” Pero los invitados, sin hacer caso de la invitación, se fueron a sus asuntos, unos al campo y otros a sus negocios; y aun otros apresaron a los siervos del rey, los vejaron, los expoliaron y los mataron. Cuando lo supo, el rey, lleno de ira, mandó a su ejército, que aniquiló a los asesinos y arrasó su ciudad. Luego ordenó a otros siervos de su corte: “La boda de mi hijo ya estaba preparada, pero los convidados no eran dignos. Id a las encrucijadas de los caminos, y, a cuantos encontréis, invitadlos a la boda de mi hijo unigénito”. Y aquellos siervos salieron a los caminos, invitaron a todos los que encontraron, menesterosos o acomodados, y la boda se solemnizó con innúmera comitiva; y el banquete real quedó atestado de comensales.

(XXII, 1-10)