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Figúrate…

No por Antonio sino por

RAMÓN J. SENDER

Figúrate que el minotauro de Creta salió de las riberas del Guadalquivir. Y no creas que estoy loca como Mrs. Adams cuando empieza a hablar de estas cosas. No. En tiempos de Salomón había un rey en Sevilla que se llamaba Gerión y le mandó un toro blanco al rey Minos. Un toro de la ribera de Alcalá de Guadaira, como los que veo pastar a veces desde el balcón de mi cuarto, querida. Hermosos toros que vienen de una casta diferente desde los tiempos prehistóricos, la casta de los toros de lidia. Se dividen en varias clases, así como marrajos, zaínos, cabestros y gazapones, según el color.

La reina, la esposa de Minos, se enamoró de él, digo del toro de Alcalá de Guadaira, y tuvieron relación sexual, de la cual nació un monstruo con cuerpo de hombre y cabeza de toro. El minotauro del laberinto famoso se podría decir, pues, que era hijo de Alcalá de Guadaira. ¿Sabes? Yo creo que todo esto del toro es alegórico y que probablemente el toro de Gerión era un embajador bastante handsome y que le gustó a la reina. Tal vez ese embajador sabía de toros, porque aquí todo el mundo es experto, y en Creta toreaban ya entonces casi lo mismo que ahora, porque yo he visto dibujos de la época con toreros poniendo banderillas. Pero, por otra parte, en la tradición cretense había objetos y cosas que explican cómo esa relación entre el toro y la reina fue posible.

Te lo explicaría también, pero no podría confiar esas explicaciones al correo. Ya te lo diré cuando nos veamos. Es bastante shocking, querida; pero, como te digo,  fue posible. (Digo físicamente posible.)

Por el momento lo que quiero decirte a propósito de los toros de Alcalá de Guadaira es que estando yo en el balcón (mi hotel está enfrente de la casa del cura) pasó por la calle una niña de unos doce años, detrás de una vaca. Y el cura, que estaba leyendo su breviario, cuando la vio le dijo:

–Hola, Gabrielilla.

–Con Dios, señor cura.

–¿Adónde vas?

–A llevar la vaca al toro, señor cura.

–¿Y tu padre? ¿Dónde está?

–No lo sé.

–¿No podría hacer eso él?

Y la niña, escandalizada, respondió:

–No, señor cura. Qué cosas tiene. Es menester el toro.

No sé qué alcance dar a ese incidente, pero me recuerda lo de Creta y el minotauro, y por eso te lo cuento.

(La tesis de Nancy)

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