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Al escondite

Mis dos hermanos –en la juventud bastante mayores que yo y ahora sólo algo mayores que yo—tienen sendas nietas de dos años, dos primores, dos flores de caramelo, dos polvorillas inagotables.

Hoy, al acordarme de estas dos sobrinas nietas mías, de estos dos encantadores bichitos (no tienen poca suerte mis hermanos), dos sonetos se han asociado a mi recuerdo: los que dedica José Hierro a sus nietas Paula y Tacha. Son dos sonetos preciosos: yo se los recomiendo a cualquier aficionado a la poesía (¿hay seres humanos a los que no les guste la poesía?). Mis dos “sobrinietas” son Martina y Lucía. Y creo que el juego que a ellas más les gusta es el del escondite. Les encanta. Aunque, ahora que lo pienso, también a Alba, la pequeña de mi cuñado, sólo un año mayor, le entusiasma este juego. Esconderse detrás de una cortina, desaparecer y aparecer ante la vista de los otros en un pispás, aparecer mágicamente y estar con todos, y mágicamente volver a esa intimidad de ellas mismas solas…

Cuánta importancia debe de tener este juego en la infancia, no sólo como divertimento presente, sino también como ejercicio de formación para la vida adulta… Todos los juegos infantiles serán, sin duda, formativos. Pero éste del escondite me parece hoy especialmente crucial. Dicho lo cual, me vuelvo a mi escondite.