• Páginas

  • Archivos

  • junio 2008
    L M X J V S D
     1
    2345678
    9101112131415
    16171819202122
    23242526272829
    30  

Gonfertonio

Tengo un buzón en la puerta, como la mayoría de mis vecinos. No puedo decir “como todos mis vecinos”: se ve que algunos, más que acuses de recibo, reciben acosos por impago, y prefieren que el cartero eche tales acosos en los buzones vecinos, como el cuco hembra, que, muy cuca ella, pone los huevos propios en el nido de la alcaudona para que ésta se los críe; porque la alcaudona es tonta, como su mismo nombre indica, y se deslomará por alimentar al cuco impuesto.

Tengo, repito, un buzón, como la mayoría de mis vecinos. Y hasta hoy nunca había sentido la tentación de tener dos: uno que diga “Cartas” y otro que diga “Propaganda”. Es una tentación que no he necesitado vencer: se ha vencido sola, por su propio peso. Porque en el buzón de las “Cartas” jamás entraría una carta. Ni una sola de aquellas de antes, de cuando Miguel Hernández (que hoy repite cartel) escribió lo de “El palomar de las cartas. ¡Qué hermosura de “Cartas, relaciones, cartas, / tarjetas postales, sueños”. En fin: que con un buzón seguiré teniendo más que suficiente para propaganda, acuses de recibo y acosos del vecino.

Y por la misma razón, me he dicho, estoy haciendo el imbécil con eso de tener dos cuentas de correo electrónico: una para las declaraciones de amor y otra para las de odio. Si en mi vida he cosechado otra cosa que manifestaciones de indiferencia, del tipo “Perdona, es que no te había visto”… Con una ID (¿o es “un ID”; o “un I+D”?) tengo bastante.

Que lo sepas, lector de Certe patet, mi correo electrónico sólo es este que aquí te copio: gonfertonio@gmail.com

A esta dirección puedes enviarme todas las manifestaciones de indiferencia que te apetezca, las cuales yo te pagaré –porque es mi vecino el de los impagos—con unas cuantas líneas, con un textículo o gonfertonía, en esta tu casa que es Certe patet.

Para hoy, sin esperar a mañana, se me ha ocurrido que podría pagarte con un haiku de entretiempo, reversible como para que te lo puedas poner lo mismo con calor que con frío, con treinta grados de autoestima o con veinte menosgrados de desamor. Se titula “Los tres estados del hombre”, y rueda así:

1

Soy una flor;

mañana seré fruto;

pasado, humus.

2

Ya soy un fruto;

mañana seré humus;

pasado, flor.

3

Ahora soy humus;

mañana seré flor;

pasado, fruto.

Hasta pasado mañana, lector.