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Delicias burocráticas

Hace poco menos de un año (05/10/07) colgué en este blog una experiencia de mi trato con Dª Administración. Con la que hay que tratar lo menos posible (es una señora que se muda poco).

A veces no hay más remedio que acudir a ella… Así, hace un par de semanas fui al Registro Civil a pedir una partida de nacimiento de mi hija Hebe… ¡Cuatro horas de pie, ante la puerta de la dependencia, con un calor espantoso!

Hoy he tenido otro encuentro con la burocracia municipal… A las siete y media de la mañana, amontonadas y sin orden, unas cincuenta personas –alguien comentaba que estaba allí ¡desde las cuatro!—aguardábamos el reparto de números. En un corrillo se comenta que sólo dan veinte. Estoy pendiente de que aparezca un poli para preguntarle. A esa hora, a las siete y media, aparece un guardia en la puerta de al lado, algo retirada de la pelotera del público. Me acerco y le pregunto: “¿Cuántos números van a repartir?” “Sólo veinte –me contesta—desde que se puede pedir cita por teléfono.” Y le digo: “Pero si aquí estamos más de cincuenta personas… ¿Por qué no ponen un cartelito en la puerta como ese que han puesto para los extranjeros? Y me contesta vehemente, solemne, categórico y gesticulante –creo que contestarme a una segunda pregunta le resultaba un exceso de atención–: “Es que el ciudadano nunca está contento; haga lo que haga la Administración.”

Ya digo: se muda poco; y huele más a siglo XIX que a siglo XXI.