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¿Eres joven?

Contaba mi suegro, que en paz descansa, que mi padre, que era un filósofo de taberna como yo soy un tabernero de blog, que mi padre, cuando alguno de sus comparroquianos se quejaba de que en el pueblo ya no había viejos –hablo de cuando mi padre y sus compinches eran cincuentones y puretas–, mi padre, retórico, le preguntaba: “¿Tú tienes padre? No. ¿Tú tienes madre? No”. Y concluía: “¡Pues tú eres un viejo!”

Esta tarde, su hijo, cincuentón como era él por aquellos entonces, que no tiene padre y tiene una madre que, como Titono en su invencible vejez, cabe en un cesto, quiere, cambiando la pregunta que formulaba su padre, servir a sus viejos lectores la copa que les aclare si son viejos o jóvenes: ¿Te sientes en condiciones de enamorar a una joven? Si piensas que sí, eres joven (a no ser que seas un imbécil).

¡Ay, mi Lope!

Qué bueno lo de llegar a casa después de una mañana de currelo… ¿Que no es currelo cuatro clases, más la guardia de recreo, más un desplazamiento a la Escuela Politécnica a recoger las Actas de Selectividad, ¡todos aprobados!? ¡Claro que lo es!

Y llegar a la casa como los mulos a la cuadra, y quitarse el parejo, y, antes que el parejo, la cincha, y quedarse uno encinto, como una preñada. Y encontrarse el pesebre lleno de un buen pienso recién servido…

Y en la sobremesa, ya relajados y ahítos, recordar alguna anécdota de la mañana, como que Melanie, a la que no se le escapa un troyano aunque se disfrace de cofrade de una hermandad rociera, haya descubierto una errata (¿roedora o errática?) en el libro de texto de 1º de Bachillerato, en titular destacado en rojo para más inri, en la que Lope no es Lope de Vega, sino Lope de Verga. Y hay que reírse… “Hay que joderse”, dirían los paisanos del seor Lope. Y un servidor se acuerda de aquellos versos que le dedicó hace unos años al Fénix de la Naturaleza y Monstruo de los Ingenios: “Ay, quién fuera, si no un Lope de Vega, / por lo menos un Lope de secano”, así creo que empezaban.

Luego el café, el lavado de dientes, y a iniciar la tarde; que, si nos descuidamos, nos comen las moscas (y si no nos descuidamos, reventaremos en el monte, como la mula de Cardenio).

Jóvenes

Es consustancial a los jóvenes no dejarse aconsejar templanza y escepticismo. Cualquier duda se convierte para ellos en un freno, porque necesitan fe e ideales para desatar su energía interior. E incluso la locura más radical y absurda, con tal de que los entusiasme, les resulta más importante que la sabiduría más sublime, que debilita su fuerza de voluntad.

Stefan Zweig, Montaigne. Acantilado. Barcelona, 2008.