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Tres deseos

Tengo aquí delante el libro de tal título, la “poesía reunida” de Amalia Bautista (Renacimiento, 2006). La poesía de esta mujer es un canto, aparentemente sin pretensiones, a lo cotidiano y doméstico, a la vida que continuamente tocamos con nuestras manos, o a la que emerge en nuestras pesadillas, alguna que otra noche, y nos hace despertarnos empapados en sudor. Y también es un canto al verso endecasílabo, verso que lleva ya arraigado en nuestra poesía quinientos años, pero que se renueva en cada generación de poetas, y sigue siendo juvenil y recién inventado.

Es verdad que podría achacársele a esta poeta como un defecto (no digo que yo lo haga: a mí me encanta este libro) precisamente la primera característica comentada: la excesiva domesticidad de su poesía, el no aspirar a elevarse desde los problemas cotidianos a los problemas humanos o universales; el ser una poesía “pequeñoburguesa”, por decirlo con un adjetivo descalificativo que en los años sesenta y setenta empleábamos mucho y ahora yace olvidado.

El poema que parece ser el que le da título al libro, poema de diez endecasílabos blancos, comienza con estos seis: “Al cabo, son muy pocas las palabras / que de verdad nos duelen, y muy pocas / las que consiguen alegrar el alma. / Y son también muy pocas las personas / que mueven nuestro corazón, y menos / aún las que lo mueven mucho tiempo.” Ante ellos, ante este tipo de enunciaciones, no está del todo injustificada la añoranza de otras expresiones poéticas que quieren abrazar al mundo entero, declara que el universo todo nos duele y nos exalta. Como cuando, por ejemplo, cierto poeta escribía: “Para que yo me llame Ángel González, / para que mi ser pese sobre el suelo, / fue necesario un ancho espacio / y un largo tiempo: / hombres de todo mar y toda tierra […].”

Vamos a conmemorar, dentro de una semana, el primer aniversario del fallecimiento del asturiano, que vivió una larga vida, y nos ha dejado una inmensa obra… Yo me he acordado hoy de este libro de Amalia Bautista por los “tres deseos” que en el citado poema enuncia como conclusión: “Al cabo son poquísimas las cosas / que de verdad importan en la vida: / poder querer a alguien, que nos quieran / y no morir después que nuestros hijos.”

Lo he recordado al enterarme de que mi amigo Salvador acaba de perder, en un accidente de tráfico, a una de sus tres hijas.

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2 comentarios

  1. Cuánta razón en esos tres deseos. Un sobrino mío ahora está en la UCI, en situación crítica desde fin de año. No veas cómo comparto los tres deseos, pues.

  2. Gracias, Juan Antonio, por tu comentario. Ojalá tu sobrino se recupere muy pronto.

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