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Tres libros que tengo aquí delante

1

Figuras y situaciones de la ‘Eneida’, de V. Eugenio Hernández Vista. G. del Toro Editor. Madrid, 1969. Fue mi libro de texto de Latín en Preuniversitario (curso 1969-70, instituto Padre Suárez, de Granada). Sus páginas están llenas de anotaciones a mano hechas por mí a lo largo de aquel curso. Páginas que amarillean, y tienen ya el borde de color terroso; la encuadernación, en cambio, se mantiene sin deterioro. El profesor de la asignatura fue don Pascual de la Chica, un hombre corpulento, calvo y lleno de bondad, al que guardo un afecto y una gratitud que no han sido disminuidos por el paso del tiempo.

2

Eneida, de Virgilio. Edición de Carlos Fernández Corte. Traducción de Aurelio Espinosa Pólit. Col. Letras Universales de la editorial Cátedra. Madrid, 1998 (5ª edición). Copio de la contraportada:

La versión en endecasílabos libres que presentamos es la culminación de una ingente labor de traducción y exégesis a la que su autor, Aurelio Espinosa Pólit, dedicó toda su vida.

Y copio en la página 102:

Aurelio Espinosa Pólit, jesuita y rector de la Universidad Católica de Ecuador, murió en 1961 a la edad de 66 años, sin haber visto publicada su obra capital, Virgilio en verso castellano, , cuya aparición se produjo en México pocos meses después de su fallecimiento.

Un libro con el que refresqué mi conocimiento de la obra en el verano de 2003. Una verdadera gozada esta lectura.

3

Antología de la poesía latina. Selección y traducción de Luis Alberto de Cuenca y Antonio Alvar. Prólogo de Luis Alberto de Cuenca. Col. El Libro de Bolsillo, de Alianza Editorial. Primera edición en “Biblioteca temática”, 2004. Es un precioso librito de 180 páginas. Lo acabo de adquirir y he leído sólo la mitad. Entre lo ya leído se encuentran los veintiocho fragmentos que los traductores han seleccionado de la Eneida. Aunque creo que la Eneida es un libro tan selecto todo él, que Cuenca y Alvar primero han cerrado los ojos y luego han señalado con el lápiz los fragmentos, seguros de que Virgilio no les iba a fallar.

Copio ahora, también yo casi al azar, el mismo fragmento en los tres libros, el comienzo del Libro II de la obra:

1

Conticuere omnes intentique ora tenebant.

Inde toro pater Aeneas sic orsus ab alto:

“Infandum, regina, iubes renovare dolores,

Troyanas ut opes et lamentabile regnum

eruerint Danai, quaeque ipse miserrima vidi

et quorum pars magna fui.”

2

Enmudecieron todos, conteniendo

el habla, ansiosos de escuchar. Eneas

empieza entonces desde su alto estrado:

“Espantable dolor es el que mandas,

oh reina, renovar con esta historia

del ocaso de Ilión, de cómo el reino

que es imposible recordar sin llanto,

el Griego derribó: ruina misérrima

que vi y en que arrostré parte tan grande.”

3

El silencio reinaba. Todos los ojos dependían

del él; todos los rostros, en tensión, expectantes,

aguardaban su voz. Y el padre Eneas, desde su alto lecho,

comenzó: “Más allá de las palabras está, reina,

el dolor que me ordenas renovar: cómo los dánaos

arrasaron la opulencia troyana y el lastimoso reino,

deplorables escenas que yo mismo viví y sufrí.”

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Una respuesta

  1. Sé por experiencia que, con el paso de los años, ciertas lecturas que nos parecieron grandiosas en su día, renuevan su brillo sin que nada las haya ensombrecido.
    Un modo un poco cursi de decirte que te entiendo muy bien.
    Un abrazo

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