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Errare humanum divinumque

· Acabo de leer el último de José Luis García Martín, Hotel Universo. Cuando iba por la página 20, más o menos, ya me estaba diciendo a mí mismo que tendría que empezar a releerlo en cuanto acabara la primera lectura. No obstante, al acabarlo, pienso que para mí ha sido un curso intenso y acelerado de vida y literatura (cómodamente recibido en mi casa, impartido por un maestro que nació un año antes que yo), y que, como después de cualquier curso, habrá que tomarse unas vacaciones, por breves que sean. Además, ahora me toca a mí ejercer de maestrillo de párvulos adolescentes en día de asueto; y por ello echo mano de mi rotula rojo y señalo un fallo gramatical por tres veces perpetrado en este libro –y en muchos otros escritos que andan por el mundo–. El viaje fue un 11 de diciembre de 1980 […]. Esta es la tercera vez que el autor utiliza esta construcción, en la página 242. ¿Por qué iniciar el sintagma con un determinativo indefinido si en la historia sólo ha existido un 11 de diciembre de 1980? Claro que, bien pensado, cada uno de los que lo vivimos, vivimos nuestro propio y particular 11 de diciembre de 1980. Yo, por ejemplo, había empezado a trabajar, el día 1 de ese mismo mes, en la oficina de una empresa de viveros.

· El periódico El País tiende, mucho más que cualquier otro en lo que yo conozco, a los titulares metafórico-hiperbólicos. Y opino que ello es una imperdonable desviación del espíritu periodístico. Antonio Muñoz Molina, dentro de este mismo periódico, lo lamentaba hace unos meses. Pero no parece que haya servido de nada su crítica… Así titulaba en portada el pasado miércoles: Aguirre exige a Rajoy la cabeza de Cobo antes de negociar sobre Rato. Qué feo me parece… Es evidente que los responsables del periódico han querido inducir a los lectores a que asocien este caso a tantos crímenes de la historia o de la leyenda en los que cortar la cabeza no era una metáfora. La de Cicerón, por ejemplo: “Desgreñado, pero sereno, el viejo político asomó la cabeza desde el interior de su litera y un centurión le asestó el golpe fatal. Le cortaron la cabeza y la mano derecha (quizá también la izquierda) y se las llevaron a Antonio a Roma”. Robin Lane Fox, El mundo clásico. O la de San Juan Bautista: “Et decollavit eum in carcere, et attulit caput eius in disco, et dedit illud puellae, et puella dedit matri suae. Evangelium secundum Marcum, VI, 27-28. Señor director de El País: sea usted mejor periodista.

· He sacado y sonsacado otra vez los latines porque el mismo día que El País daba el titular arriba copiado, Pedro G. Cuartango escribía en El Mundo una preciosa columna titulada “El abismo sin fondo de la nada”. Preciosa hasta que citaba en latín la fórmula de la imposición de la ceniza el día del comienzo de la Cuaresma. Una frase muy a cuento cualquier día del año. Y más, si cabe, por estas fechas, tan próximas al Día de los Difuntos. Pero Cuartango desbarata la frase y la reduce a un latín sacristanero e infame que no pienso reproducir aquí. Señor Cuartango: repase usted sus latines o cite por la traducción española. Al fin y al cabo, el polvo o la ceniza en que nos vamos convirtiendo son los mismos se nombren en el idioma que se nombren.

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Beben agua

A Juan Carlos Ragel Ramos

Veo a mis colegas en los interregnos de tres minutos, pero no puedo compartir un comentario con ellos. Yo me tomo la molestia de decirles una frase animosa, “ya queda menos” por ejemplo, y ellos me contestan con una caída de ojos. Porque andan morreando su botella de agua con la misma delectación con que Armstrong morreaba su trompeta.

En el interregno de tres minutos beben agua para aguantar y no liarse a guantazos… con la fotografía del Ministro del Ramo.

Por supuesto que las criaturas no tienen culpa ninguna. Y menos aún sus progenitores.

Días y días, noches y noches

1

Lúgubre día,

noche espantosa, quién

no os conociera.

2

Día radiante,

noche inocente, quién

os mereciera.

De Gójar a Cuevas

Al padre de Nico y Sonja

Un día de mediados de septiembre de 1963, con los doce años casi recién cumplidos (y con mi amigo Nicolás, que no me dejaría mentir en Certe patet), abandoné mi pueblo para convertirme en seminarista del Seminario Menor de San Tarsicio, en Cuevas de Almanzora, Almería.

Creo que no pasé, como Daniel el Mochuelo, la noche precedente a aquella partida recordando lo que había sido mi vida en mi aldea. Y seguro que me vino bien el haberla pasado durmiendo; porque el viaje de Gójar a Cuevas fue cosa de cansar. Primero en taxi –¡todo un lujo, claro está!—acompañados de nuestro protector y mentor, el párroco don Ángel, hermano de otros dos sacerdotes, don Fernando y don Jesús, que ocupaban en aquel seminario los cargos de Rector y Vicerrector. Y de Almería a Cuevas, en un autobús que parecía una destartalada diligencia del Oeste, o del Este, con la baca atestada de míseras maletas y el pasillo desbordante de colchones y otros enseres variopintos.

En Almería nos habíamos despedido de don Ángel y de nuestras madres: habíamos iniciado, Nicolás y yo, nuestra propia y singular andadura, si bien teniéndonos, qué suerte, el uno al otro como amigo y testigo del pasado.

¡Qué viaje más largo!

Y llegados por fin a San Tarsicio, a meter maletas y bártulos desde la extenuada guagua, a montar camas y armarios.

Aquella noche, tanto Nicolás como yo, íbamos a estrenar cepillo de dientes y pijama, indumento e instrumento que jamás habíamos vestido, que jamás habíamos usado.

Y todavía, en aquel largo día de mediados de septiembre del  sesenta y tres (tengo entendido que ahora han sacado una serie de televisión sobre la vida escolar de aquellos tiempos), todavía nos quedaba una novedad que experimentar…

Fue después de cenar. Habíamos cenado sopa de mayonesa y algo más. Un servidor, dentro de la penuria con que vivía en su casa, se había permitido el estúpido encabezonamiento de jamás aceptar aquellas sopas blancas, disfrazadas de leche, como cena. Pero, aquella noche, primera en San Tarsicio, callé y tragué.

Y la novedad a la que antes aludía: después de la cena, con la mediación –y no sé si con la intervención o con la intercesión—de don ángel, hablamos con nuestras madres por teléfono. Antes sólo habíamos tenido en las manos un teléfono falso, para una foto individual que nos hicieron en la escuela de don Antonio, alias Serón… Estuvimos hablando por teléfono, tanto mi amigo como yo, con toda naturalidad, como si aquél hubiera sido un utensilio habitual de nuestras vidas.

Lo pronto que aprenden las cosas los niños…

Buenos días

Hoy, sábado, me he levantado a las siete: media hora después que los días de instituto. Sábado sin caminata matutina. Tengo que ocuparme en otras tareas que me apetecen menos. No obstante, para darme ánimos, leo primero un rato en Hotel Universo, el último libro de José Luis García Martín, enormemente atractivo para mí por muchas razones, como, en general, todo lo que he leído de este hombre.

Y ahora ya sí; ya tengo que ponerme  a hacer esas que me esperan… Pero me tienta el deseo de dejar alguna huella de este día en Certe patet. Y escribir, por ejemplo, que miro por la ventana y, a pesar del visillo, veo un cielo de intenso y limpio azul, de esos que son raros en el Campo de Gibraltar. Y, si cada mañana de sábado saludo en mi paseo a los caminantes o ciclistas, habituales o no, con los que me cruzo, pienso que hoy puedo saludarlos desde esta pantalla: Buenos días.

Post procellam

Post procellam

Doce de octubre

[Escribí este poema en Gójar el día de su título; y lo colgué aquí, en la entrada correspondiente a su título y fecha. Pero a las pocas horas, pareciéndome demasiado malo, lo descolgué. Aunque no lo eliminé… La parte central, dedicada a mi amigo Cipriano, ya no me pertenecía, era el paupérrimo regalo de despedida que le había hecho. Lucía es una sobrina nieta de las cuatro que tengo. Las cuatro son de dulce. Pero, la que cumplía años ese día, era… Insisto: me hubiera gustado estar mejor inspirado en esta solemne, dulciamarga ocasión. ¡Ah! Y me dicen que ya, nueve días después de aquel día, ya sí hay nieve en la sierra.]


Ha llegado El Pilar, cumple años Lucía

y no hay nieve en la sierra:

apenas ha llovido en lo que va de otoño.

Pero los muertos siguen subiendo puntualmente

a su escueto y austero apartamento…

A mi pueblo le gusta recibirme,

siempre que lo visito,

con doblar de campanas, con entierro.

Hoy le toca a Felipe presidir el cortejo.

Hace un mes tocó el turno a Cipriano…

Hoy despido al amigo, con retraso.

Amigo Cipriano,

Carretero Rivero Cipriano;

frutero y verdulero,

y antes panadero,

y antes guitarrista de The Yunker’s,

y antes un golfillo, como yo, de la vega.

Aquel nido de tórtolas –¿te acuerdas?—

que compartimos en el olivar del Nati…

Esta vida nos tiene en afán permanente

y al final nos rendimos. Aunque ocurre

que no sabemos nada de qué sea la muerte…

¿Eres, Cipri, una tórtola, tú ahora,

que anida en el rosal de la Pastora?

Ya doblan las campanas nuevamente;

ya el cortejo acompaña

a Felipe a su nuevo domicilio.

Un día señalado:

Día de los Hispanos,

el día en que Lucía

la preciosa Lucía, cumple sus cuatro años.

Sigue la vida aun con tan poca lluvia,

aun sin nieve en la sierra.