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Por Navidad

Viento furioso,

llévate la inmundicia

de nuestras calles.

Lluvia bendita,

lava la piel mugrienta

de esta ciudad.

Silente nieve,

cubre con tu blancura

el panorama.

Santa María,

danos ya tu regalo

de Navidad.

[24-12-09]

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Dominus Hibiscum

Regalo de Navidad

Amigos de Certe patet (haberlos, habeislos: ¿o ya no?):

Dentro de unas horas entra, meteorológicamente, el invierno. Ojalá todos tengáis una buena hoguera en la chimenea para calentaros el cuerpo, un buen adagio de Boccherini en el tocadiscos para templaros el alma. ¡Por supuesto que no! Este deseo mío no es mi regalo: es sólo mi deseo.

Mi deseo está en mí; y el regalo que os quiero hacer está en vosotros. Es un regalo algo socrático. Porque lo mismo que Sócrates decía aquello de “la verdad está en ti”, yo quiero que miréis en vosotros y veáis otra cosa, y la aceptéis como vuestra: vuestra duda. Quiero ofreceros el presente (¡miradla, ahí está, presente!) de vuestra propia duda. Casi siempre la mantenéis arrinconada porque no queréis verla, porque preferís la certeza. No os pido que reneguéis de vuestra certeza, sino que dejéis libre a vuestra duda para que vigile a vuestra certeza, y le señale, siempre que sea necesario, sus sombras, sus tropiezos.

Se vive con mucha comodidad en la certeza. Pero a la vida no hemos venido a vivir cómodamente, sino a vivir en plenitud. O sea, lo más libremente posible; y la parte nuestra  que menos se deja atar, someter, por más que lo pretendemos, es nuestra duda.

Cristo dijo: “La verdad os hará libres”. Pues bien, yo os digo: “La duda os hará más libres”.

La duda no impide la sana actuación. El cirujano no va a dejar de operar por la duda de si se salvará o no se salvará su paciente; el cocinero no va a dejar de cocinar tal plato por la duda de si gustará más o menos a sus comensales. Pero a ambos la duda los mantendrá más atentos, más vivos, más vigilantes.

Por el contrario, cuántos atropellos, cuantos crímenes, cuántas barbaridades se han cometido en el mundo en nombre de una certeza que algún tiempo después quedó sumergida en un mar de dudas, cuando no desterrada como un mar de ignominia.

Hagamos ver a cuantos nos predican –políticos, ideólogos, clérigos…- que, por muy interesantes que sean sus prédicas, nunca nos las vamos a creer del todo; porque hay dentro de nosotros, viviendo felizmente en nosotros, un demonio al que nunca vamos a expulsar ni arrinconar: el travieso demonio de nuestra duda.

¡Feliz Navidad!

Regreso a los orígenes

Mientras yo, en uno de los ordenadores de la sala de profes, mandaba las notas de la primera evaluación a Séneca (a este filósofo no se lo cargó Nerón: lo traspasó a la Junta de Andalucía para que controlara “la cosa educativa”), mientras yo efectuaba mi envío de notas (son notas para informar a los padres sobre la marcha académica de sus niños, pero Séneca quiere recibirlas con una semana de antelación, para revisarlas, analizarlas y, si necesario fuere, corregirlas), mientras yo mandaba a Séneca las notas de mis niños, mi compa Mario (o Caña) exponía a un grupo de colegas su teoría de que estamos involucionando hacia una nueva Edad Media. Y entre otros ejemplos que aducía como argumentos, argüía que sus adultos alumnos actuales de la UNED tenían en las aulas el mismísimo comportamiento que los muchachos de la ESO: cada uno a su rebuzno.

El mundo está cambiando. En los países desarrollados la reanalfabetización se extiende a galope tendido. Y a los nuevos individuos de este mundo reiletrado hay que hablarles, como en la antigua Edad Media, con imágenes. Con su maestría habitual ha tratado este tema mi otro amigo Mario (Vargas Llosa; él no sabe que es mi amigo porque no me conoce): hasta los medios de comunicación más serios van dejándose llenar de espectáculo. Circo para todos.

Y los políticos están encantados con llevar a esos medios espectáculo. Cumbres, negociaciones, comparecencias, viajes, declaraciones… Puro circo.

Y los mensajes orales se reducen a eslóganes de tres palabras que la gente alegremente memoriza: “La tierra es del viento”, “El toro es de Osborne”, “Obama en el cielo”.

Una nueva Edad Media se aproxima, amigos míos, amigos de mis amigos Marios. Y siguiendo este camino de regreso, la especie humana volverá a su infancia. Y ya sabéis qué significa infancia: la carencia de habla.

EL JUGUETE DEL POBRE

Quiero dar la idea de un divertimento inocente. ¡Hay tan pocos entretenimientos que no sean culpables!

Cuando salgáis por la mañana con la decidida intención de callejear por las grandes avenidas, llenaos los bolsillos de pequeños inventos sin valor –como el polichinela anodino movido por un solo hilo, los herreros que golpean el yunque, el jinete y su caballo cuya cola es un silbato–, y regaládselos a los niños desconocidos y pobres que os encontréis a la puerta de las tabernas, al pie de los árboles. Veréis cómo sus ojos se abren desmesuradamente. Al principio no se atreverán a cogerlos, dudarán de su ventura. Luego, sus manos agarrarán vivamente el regalo y huirán como hacen los gatos que se alejan de vosotros para comer el trozo que les habéis dado, ya que han aprendido a desconfiar del hombre.

En una carretera, detrás de un amplio jardín, a cuyo extremo aparecía la blancura de un hermoso castillo herido por el sol, se hallaba un niño guapo y lozano, vestido con uno de esos trajes de campo tan llenos de coquetería.

El lujo, la despreocupación y el espectáculo habitual de la riqueza vuelven a esos niños tan guapos que se los creería hechos de otra pasta que los hijos de la mediocridad o de la pobreza.

A su lado, yacía en la hierba un juguete espléndido, tan lozano como su dueño, barnizado, dorado, vestido con un traje púrpura y cubierto de penachos y abalorios. Pero el niño hacía caso omiso de su juguete favorito; he aquí lo que miraba:

Al otro lado de la verja, en la carretera, entre los cardos y las ortigas, había otro niño, sucio, enclenque, fuliginoso, uno de eso chiquillos-parias cuya belleza podría ser descubierta por unos ojos imparciales si, como los ojos del entendido adivinan una pintura ideal bajo un barniz de carrocero, lo limpiaran de la repugnante pátina de la miseria.

A través de los barrotes simbólicos que separan dos mundos, la gran carretera y el castillo, el niño pobre mostraba al niño rico su propio juguete, que éste examinaba con avidez como un objeto raro y desconocido. Pues bien, este juguete, que el pequeño harapiento hostigaba, agitaba y sacudía en una jaula, era un ratón vivo. Los padres, sin duda por economía, habían tomado el juguete de la vida misma.

Y los dos niños se reían entre sí fraternalmente, con dientes de igual blancura.

Charles Baudelaire, El spleen de París

Edición y traducción de Manuel Neila

EDICIONES ESPUELA DE PLATA. Sevilla, 2009

Fiat nox

–Noche, silencio.

Pues el día se ha ido,

amor, durmamos.

–Noche, silencio.

Pues el día se ha ido,

amor, amemos.

La nueva Gramática

Leyendo con mis alumnos de 2º de Bachillerato Como agua para chocolate, comento, en el capítulo XI, la frase “Su conversación era de lo más amena”. Les digo que aquí, en el castellano peninsular, resulta incorrecta; y les explico por qué. Pero también les digo que muy pronto vamos a poder consultar la Nueva gramática de la lengua española, que tiene en cuenta “el español de todo el mundo”; por si en Hispanoamérica, o en parte de ella, esta “conversación de lo más amena” se considerara una expresión normal.

La deseada Nueva gramática… Ayer Ignacio Camacho escribía una vibrante columna (y brillante, como todas las suyas) sobre el evento. La termina con una malévola alusión a la ausencia de la Ministra de Cultura en la solemne presentación.

Por mi parte, después de leer a Camacho, leí a Pérez-Reverte: la última página (hasta hoy, claro) de su Patente de corso, “Chantaje en Vigo”. Desoladora página, ésta del académico Reverte. En ella, por simple deducción, encontramos la causa de la mencionada ausencia de la Ministra: para el Gobierno, la Nueva gramática que tan emocionadamente recibimos muchos, empezando por el Rey, es sólo una bobada para profesores despistados u ociosos. Porque la verdadera Gramática de la Lengua la hace, y la impone, el Gobierno. Y los ciudadanos bien educados, es decir, ovinamente educados, debemos aplicarla cada vez que abrimos la boca, usamos el bolígrafo o tecleamos en nuestro ordenador.