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Sé un sesentón sensato

Cuando haces deporte

Cuando montas en bici. En esa bici que te está siendo fiel desde que aún eras joven. Cuando oyes que tu bici te dice que vas por cuesta arriba donde antes te decía que ibas por un llano. Cuesta arriba. Despacio y buen aliento. Es lo que manda tu bici. Sé obediente.

Cuando miras una belleza femenina que podría ser tu nieta

Por edad. No porque tú hayas ido dejando tu semilla helicoidal por todas partes esparcida, como si fueras un ailanto. Tú la miras y admiras su belleza. No esperarás por ello que ella admire la tuya. ¿Cuántos años hace que leíste por primera vez el discurso de Marcela, Don Quijote I, 14 para los interesados? Sabes que no vale el lema: “Quiérote por hermosa [y joven]: hasme de amar aunque sea feo [y viejo]”.

Cuando riegas las plantas de tu patio

Y ves que una tiene el tallo inclinado, como si no pudiera con el peso de sus hojas; que otra tiene las puntas de las hojas secas, como si le faltaran fuerzas a la savia; y otra no echa flores por mucho que se haga notar la primavera o el verano. A veces te entran ganas de arrancarlas y tirarlas a la basura. Pero no. Las plantas de tu patio son seres vivos, casi humanos, imperfectos como tú. Y algunas son, si no centenarias como el olmo de Machado, tan mayorcitas como tú o más aún. Cuídalas todo lo que puedas. Ellas no están obligadas a permanecer eternamente tersas, como si fueran de plástico. Y tú tampoco.

Cuando enjuicias tus sobras y tus faltas

Procura el bien; y no te flageles por tus errores. Por ejemplo. Cuando eras un adolescente, un estudiantillo de Latín y Humanidades, algunos de tus compañeros, generosos ellos, achacaban tus distracciones a tu inteligencia: “Todos los grandes sabios han sido unos grandes despistados”. Pasaron los años. Te convertiste en un padre de familia despistado, de dudosa eficiencia. “No tienes sentido práctico”, “Careces de habilidades para vivir en lo cotidiano”, te reprochaban tus allegados. Y ahora, sólo porque, cuando vas con la bolsa de la basura, te pasas del contenedor un corto trecho con la bolsa en la mano, te sientes consternado y tú mismo de ti piensas: “Estoy senil”. Pues no lo pienses. Piensa que la basura de tu casa pesa poco; y por eso vas con ella tan campante por la calle. Si cargaras con la basura de toda tu comunidad, ya verías cómo no te pasabas tan ricamente el contenedor.

Cuando escribes aquí

Procura seguir los consejos de quien te proporcionó el nombre para el blog: Dédalo. Los consejos que le dio a su hijo Ícaro (quien no supo aprovecharlos): “Medioque ut limite curras”. Vuela a media altura. Ni te abatas ni te encumbres. No eres un albatros; ni siquiera una gaviota. No eres un gavilán; ni siquiera una paloma. Si acaso te pareces al murciélago, ese engendro híbrido que a la juanramoniana hora del ocaso se da un garbeo por los aires para cazar algún verso.

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