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Copla

Cuando vuelvo a tu cadencia,

sencilla estrofa española,

lamento haberte dejado

para servirme de otras.

Porque no hay gozo ni pena,

exultación o zozobra,

heroísmo o liviandad

que no quepa en una copla.

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Rocío y Zorrilla

Con ritmo razonable,

a la de tres reconvenciones

(“¡Que tú eres una niña, y no una metralleta!”)

nos recita Rocío:

-Don Juan, don Juan, yo lo imploro

de tu hidalga compasión…

-¡Compasión no: condición!

Rocío se queda callada….

La defiende Zoraida:

-Pues en el libro dice “compasión”.

-¡Pues está equivocado! –la rebato.

Luego, en casa, recuerdo. Y consulto mis libros,

ediciones fiables de la obra…

¡Qué horror! No solo erró el libro de texto:

también se equivocó José Zorrilla.

Habla, Diario

A Antonio Durán

Truenos en el Estrecho, justo a la hora de levantarse. Y en el momento de salir, cada uno a su instituto, mi hija Hebe que me pregunta:

-Papá, ¿cómo está el tiempo? He oído truenos.

-Y yo. Pero solo hay nubes altas, de las que no dan lluvia. Creo que nos podemos arriesgar e irnos andando. Con paraguas, por si acaso.

Pero yo, a la salida, he olvidado el mío. Mi hija tiene su instituto a cuatro minutos de marcha, yo tengo el mío a veintidós. El segundo tiempo, los segundos once minutos, se han reducido a cinco. Porque le he echado una carrera a la tormenta. Y le he ganado. Por poco, eso sí.

Las clases, normales. Un gusto la de 2º de Bachillerato, un gallinero el Latín de 1º de Bachillerato, y algarabía de gorriones en un tejado la de 1º de ESO.

En el recreo –estaba de guardia- he visto un espectáculo magnífico, una exhibición de toques magistrales de balón, en un rincón a cubierto, entre el edificio principal y el Salón de Usos Múltiples. Cinco alumnos hacen un pentágono. Y se pasan el balón. Que intenta arrebatarles un jugador que se mueve libremente dentro del pentágono. Acojonante. Cómo tocan el balón estos chavales. En clase de Lengua no aprenden casi nada, pero en los partidos televisados aprenden un montón.

Luego he tenido mi hora de gracia, la MAY55 (mayor de 55 años): tengo que pasarla en el instituto. Pero no se me impone tiránica tarea. Así que, como no tenía nada que corregir, la he dedicado, tan ricamente, a la lectura del libro que ayer me regalé: ¿Por qué ser feliz cuando puedes ser normal?

¡Qué cabeza la mía! Había olvidado lo más interesante de la mañana: una conversación de dos minutos, entre timbre y timbre, con mi compañero Mario Ocaña. ¿Sobre qué? No sobre qué sino sobre quién: sobre el psiquiatra Juan Antonio Vallejo-Nájera.

Luego hemos almorzado macarrones. Pero esta… es otra historia.

Haikus o casi

SOLO

Son siete mil millones

tus compañeros.

Y dices que estás solo.

MAL MAL

Mal de docentes,

ya me has llegado al centro,

Desilusión.

EL VERANITO

Me quedo en casa.

Leo libros; practico

el literaturismo.

DERECHOS DE AUTOR

Yo inventé la receta

de Arroz con leche y ajos.

No tuvo mucho éxito,

pero es invento mío.

FINANCIACIÓN

Certepatet no es gratis.

Aportad donativos.

O habrá de convertirse en Certelatet.

El periodista Gorka Landaburu…

…revive en la Audiencia Nacional el atentado que sufrió

 

«Soy periodista. Me habéis destrozado las manos, me habéis dejado ciego del ojo izquierdo, cicatrices por todo el cuerpo… Pero os habéis equivocado, porque no me habéis cortado la lengua. Seguiré luchando».

El periodista Gorka Landaburu protagonizó ayer en la Audiencia Nacional una de las declaraciones más emocionantes que se recuerdan a una víctima del terrorismo. Y por esa sede han pasado cientos, quizá miles. Sin ninguna afectación impostada, tranquilo y con fría naturalidad que contrastaba con los detalles terribles que iba ofreciendo su relato, el director de Cambio 16, que es abiertamente partidario del diálogo con ETA,fue describiendo con parsimonia aquella mañana de mayo de 2001 en la que le explotó en las manos una carta trampa preparada por los terroristas y las consecuencias que tuvo para su profesión y para su vida: «Hasta el día del atentado, me encantaba jugar al frontón a palas. Ahora ya no puedo coger una pala, ni siquiera una raqueta de ping-pong».

El fiscal Luis Barroso y la acusación particular -que ejerce el letrado José María Fuster-Fabra- piden 23 años de prisión para los etarras Patxi Xabier Makazaga Azurmendi, Ander, y Oskarbi Jauregui Amundarai, que han renunciado a una defensa activa, por lo que asumen su probable condena.

Landaburu contó cómo el 14 de mayo de 2001 llegó a su casa de Zarauz hacia las 20.00 horas, «muy cansado» después de un duro día de trabajo en campaña electoral para las elecciones vascas. En el buzón había un sobre, tamaño Din A4, con el anagrama de la asociación empresarial Elkargi, «idéntico» al que recibía todos los meses. Su escolta fue a inspeccionarlo, pero el propio periodista le tranquilizó: «Déjalo…».

Fue a la mañana siguiente, tras salir de la ducha «en paños menores», cuando Landaburu abrió el sobre: «Me han pillado», se dijo para sí. La explosión le mutiló dos dedos de la mano derecha y una falange de la izquierda, le dejó ciego del ojo izquierdo y le afectó la visión del derecho y la audición de ambos oídos.

Landaburu tuvo que volver a aprender a escribir, «como los niños pequeños», y desde entonces lo hace con mucha dificultad porque es «diestro cerrado y nulo con la mano izquierda». Su nueva vida como víctima se sufre cuando tiene que «abrocharse los botones de la camisa» o «llevar mocasines», porque no puede vestir zapatos con cordones.

El intento de asesinarle fue el último eslabón de una cadena de atentados que pretendían coaccionarle: «Pasquines con el lema Landaburu vete del país», «dianas en el portal», «nos asomábamos al portal y nos tiraban basura, piedras», «un cóctel molotov en el balcón», «corbatas negras que encontraba mi mujer», «llamadas a los dos o las tres de la mañana…».

A pesar de todo, Landaburu se mantuvo ayer firme en su convicción de que «hay que mirar hacia adelante». Pero, eso sí, «con el retrovisor». «Lo más importante es que los responsables paguen lo que tienen que pagar».

 MANSO MADRID. EL MUNDO [HOY]

Enmimismado

Amaga, amaga

el entimismamiento;

y luego ataca.

Compañera te doy

Mi amigo Juan Sisinio –Pérez Garzón- acaba de publicar un libro titulado Historias del feminismo. Por si leerlo me deja turulato e incapaz de écrire un mot, escribo ahora algo sobre el tema. En varios puntos:

  1. Mujeres con un par las ha habido siempre, sin esperar permiso de varón: Antígona, Electra, Safo, Teresa de Ávila.
  2. La cultura occidental ha tenido como uno de sus fundamentos la protección de los débiles: “Las mujeres y los niños primero”. Al Perceval de Chrétien de Troyes (siglo XII), al despedirlo le dice su madre: “Si encontráis cerca o lejos una dama necesitada de ayuda, o a una doncella que precise consejo, que vuestra ayuda le sea prestada, si ellas os requieren, pues todos los honores en eso se basan. Quien a las damas no honra, su honor debería morir”. Y poco después, cuando Gornemans de Goort lo arma caballero, le insiste: “… y os ruego, si encontráis a una doncella o mujer, ya sea soltera o dama, que si en algo está falta de consejo la aconsejéis, y haréis bien, si es que sabéis aconsejarla y podéis hacerlo”.
  3. Que el macho guerrero, protector del grupo, de la “tierra nativa”, ha cometido un montón de necedades, ¿quién lo niega? Pero ha sido el primero en pagar las consecuencias. En cada guerra, en cada batalla, cuántos jóvenes varones muertos. En las exploraciones marítimas, en la ocupación de tierras, en la explotación de minas, en la pesca de altura, en la construcción de grandes y grandiosos edificios, ¡cuántos jóvenes varones muertos!
  4. “Vengamos a lo de ayer”, que dice don Jorge. Mi padre y mi madre. ¿Era mi madre más desgraciada quedándose en casa, en sus faenas, que mi padre yendo a la mili, a la guerra, a ser esclavo de los riquillos del pueblo? No lo creo.
  5. Hemos llegado a tiempos más igualitarios. La mujer no necesita protección del hombre. El hombre no es capaz de procurarle protección a la mujer. Las mujeres van al instituto, a la universidad y al tajo. Los hombres se remangan y guisan un puchero, cambian un pañal, sacan brillo a los muebles. Estupendo. Somos más iguales, pero no más felices: ni los hombres, ni las mujeres, ni los niños. Hemos cambiado nuestras formas de vida, no nuestra condición humana.