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Evangelium secundum Lucam (2, 14)

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Horas sin oro

Estas horas de lenta madrugada

que paso desvelado,

mi cabeza rebelde las dedica

a ominosas cuestiones del trabajo.

“Entrégate, cabrona –le reprocho-,

a fraguar un escrito bien logrado,

un poema que inunde corazones,

un minúsculo ensayo, algún relato

que merezca las páginas del libro

de texto, al que los chicos no hacen caso.”

Mas mi cabeza, mi peor alumno,

se ríe de mi mando.

Torreón de San Miguel del Cabo de Gata

FOTO DE ICO JOAQUÍN

Torreón de San Miguel del Cabo de Gata

Tortografía

Todo el mundo sabe que la palabra ortografía, etimológicamente, significa ‘escritura derecha’. Su origen es griego. Griego de cuando los griegos recibían la gracia, las Gracias, las Járites. Ahora los griegos, al parecer, están en la desgracia.

La escritura derecha es ese El Dorado que, equivocadamente, buscamos, pretendemos en nuestras clases, los profes de Lengua, los profesores de instituto de todas las asignaturas.

Equivocadamente. Porque nos ofuscamos y olvidamos que la escritura derecha, rectilínea (reptilínea –feliz hallazgo léxico de Arcadi Espada- o aerolínea), está en los grandes escritores. O en Dios no más.

Y todo lo que los profes de secundaria tenemos al alcance de nuestra mano, o de nuestra vista, es escritura tropezoidal, palabras esparcidas como ceniza después de un incendio, otra muestra más de la miseria humana. Escritura torcida. Tortografía.

De Lucía Méndez

[…]

Millones de padres españoles han asistido en los últimos años a la imparable degradación de la educación en España, sobre todo de la pública. Los chavales salen del colegio y llegan a la universidad poniendo unas faltas de ortografía que hieren la sensibilidad, sin entender los textos por simples que sean, sin haber aprendido a argumentar, sin comprender el enunciado de los problemas de matemáticas. Casi el 40% de los alumnos suspenden la prueba de inglés en Selectividad. Las aulas en España son lugares sin disciplina, los profesores no saben cómo imponerla y los padres están tan perdidos, como dice el profesor José Antonio Marina, que no saben si darles a los niños una bofetada o la Visa. Las universidades, según abundantes testimonios en libros y artículos, son lugares endogámicos donde la fórmula para prosperar consiste en hacerle la pelota al catedrático.

Hay gritos de alarma por doquier sobre la necesidad de una auténtica revolución para restablecer en las aulas la disciplina y el esfuerzo. No puede dar igual suspender que aprobar. Aquí se pasa de curso con dos suspensos y todo el mundo lo considera normal. Cualquier informe serio alerta de que sin una mejora en la calidad de la educación este país no tiene futuro. Con todo esto delante de nuestros ojos, la controversia política sobre la reforma educativa se centra en la enseñanza del catalán, en la clase de Religión y en la elitista educación segregada. Y ahí tenemos al ministro del ramo poniéndose en jarras, como la torre de la Iglesia de San Sebastián de Galdós, y soltándole cuatro frescas al que pilla por delante. Qué vergüenza y qué mala suerte tenemos con nuestros gobernantes.

Es simple: se trata de entender a Galdós

LUCÍA MÉNDEZ (EL MUNDO, sábado 8 de diciembre de 2012)

Mientras

Mientras yo copio un haiku en la pizarra

-uno de Juan Bonilla, por ejemplo-,

los loteros pregonan,

una mujer descubre que su amante la engaña,

miles de conductores continúan sus rutas,

ciento veinte personas se van al otro barrio,

millones ven la tele,

crecen en muchos campos las lechugas,

la Tierra por su órbita avanza unos segundos,

cae algún sinvergüenza,

mi alumno más brillante estudia Economía,

alguien escribe un haiku superbueno.

 

Madre

Hoy se cumplen dos años del fallecimiento de la mía. Hace unas pocas noches –se lo contaba al amigo Ico Joaquín, ilustrador de este blog- soñé por primera vez que ella estaba muerta. No llegué a verla en el sueño. Entrábamos en su casa, mi mujer, mis hijas y yo, y la casa estaba limpia y en orden, pero ella no estaba. Entonces cayó sobre mí la certeza de que estaba muerta. Y me retiré a la cocina para llorar, pero mis hijas me siguieron para consolarme.

Hoy le voy a dedicar unos versos que no son míos; versos que ha escrito un poeta de verdad, dedicados a su madre, tan ida y tan presente como la Rosarico.

SIEMPRE

 

Haber tenido un bien como el que tuve

es poseer un don que no se agota nunca.

No era mi madre un cuerpo, aquella forma

que terminara de alentar un día

y que el tiempo deshizo porque su hacer es ese.

Su amado rostro, sus benignas manos,

su sonrisa tan pura, aunque hayan sido

muy dulces posesiones de mis ojos

y de mi corazón, no eran al cabo

-en los momentos tristes de las postrimerías—

más que las desgastadas y confusas

cáscaras de la luz, figuraciones

declinantes de un fuego que no ha muerto,

que no puede morir y que mantiene

su vigencia de amor en cualquier sitio

que mis pasos caminen.

                                     A veces veo a mi madre

-inconfundiblemente, sin engaño ni rara

ilusión del mirar o del deseo

de tenerla conmigo- en la mañana tibia

de un día muy dorado de diciembre,

en una flor o un árbol, en un giro del aire.

En ocasiones la descubro incluso

en alguien que se cruza conmigo y al que yo

no había visto jamás, pero que es ella;

en mí mismo, en un gesto que le pertenecía

y hallo en mi propio espejo con asombro, en algunas

palabras que son suyas y pronuncian mis labios.

Nos encontramos con verdad tan grande,

con nitidez tan natural, que no

es en manera alguna necesario

decir, esta es mi madre que aquí sigue,

o, este es el hijo que tenía y tengo.

Ambos reconocemos que ese encuentro es la vida,

el relámpago eterno de amor que nos fue dado

del todo y para siempre. Y otra cosa no hay.

 

                 Eloy Sánchez Rosillo, Sueño del origen. 2011.