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Un nombre y su periferia

Por periferia de un nombre entiendo ahora las perífrasis con las que le damos un rodeo, cuando nos produce grima decir ese nombre con toda la boca y con todas las letras.

Me llama hoy la atención que Elvira Lindo, en su artículo en El País, después de referirse a su suegra, diga que le gusta más el término de los anglosajones, mother-in-law.

En España se ha usado mucho, aunque tal vez ya ha caído en el olvido, una perífrasis bastante equivalente al compuesto anglosajón: madre política. ¿Se sigue usando? Quizá no.

El caso es, parece, que  Elvira Lindo ha tenido sus dudas a la hora de meter a su suegra en su artículo, con su nombre de suegra y todo; por “demasiadas connotaciones referidas al sainete familiar”.

Así de golpe, es verdad que un personaje tan doméstico parece disonar en el tratamiento de un tema tan universal: la novela y sus lectores. Pero no disuena, claro que no. El buen escritor tiene que ir de lo particular a lo universal, y viceversa, con toda fluidez.

No ha dudado, por contra, la articulista en perifrasear el nombre marido con el sintagma “razones de corte estrictamente familiar”. Y digo que no ha dudado porque lo repite.

Volvamos a la suegra. Al término ‘suegra’ y a las suegras. Creo que, con bastante frecuencia, en las primeras etapas de una relación, se produce un rechazo suegra/nuera, o suegra/yerno, que ha dado sujeto a muchos pasajes literarios tragicómicos. En las primeras etapas. Luego los sentimientos evolucionan: al fin y al cabo, ¿quién puede querer a nuestros hijos como los quiere nuestra madre? Solo nuestra suegra. Y en cuanto a las perífrasis, si el término suegra nos suena un poco crudo o demasiado sainetero, propongo la perífrasis menos oblicua, la más machadiana: la madre de mi marido o la madre de mi mujer. Aunque, lo reconozco, ahí, en el artículo de Elvira Lindo, hubiera sonado raro que dijera “la madre de mis razones de corte estrictamente familiar”.

Y para terminar, que conste que yo a mi suegra, cuya gracia es Gracia, la llamo Suegracia, pero solo en la intimidad.

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Una respuesta

  1. Yo, a mi suegra (q,e,p,d), aunque estaba “encarnada” pues su nombre era Encarnación, en mis años de noviazgo me dirigía a ella simplemente por Vd. Después, cuando nació mi hijo, me dirigía a ella con abuela.

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