• Páginas

  • Archivos

  • octubre 2014
    L M X J V S D
    « Sep   Nov »
     12345
    6789101112
    13141516171819
    20212223242526
    2728293031  

Caperucita y el Lobo

 Algunos cuentos tradicionales -no sé si todos- nos ofrecen una visión fundamental de la vida humana. Así este, que Perrault recogió de la calle a finales del siglo XVII y los hermanos Grimm reescribieron a principios del XIX. Yo lo esquematizaría diciendo que divide el mundo humano en tres categorías: buenos, malos y débiles. Pero el primer problema que se nos plantea es el de los parecidos y las simulaciones: malos que parecen -o se disfrazan de- buenos, etc. Con lo cual todos debemos andar muy atentos si no queremos caer en la confusión. Ayer la columna de Manuel Vicent en EL PAÍS se titulaba -y se sigue titulando hoy- “El bosque”. Copio las últimas líneas para los que, sin leerla entera, quieran hacerse una idea acerca del tema y el mensaje:

Caperucita ha decidido quedarse el sábado en casa y su abuelita está muy contenta porque la cree a salvo de los malos. La abuelita no sabe el peligro que corre su nieta adolescente en su cuarto si comienza a adentrarse en el bosque de Internet con la tableta. Puede que, de repente, a altas horas de la noche se vea con terror a sí misma posando de forma obscena en la pantalla. ¿Quién le robó esa foto? Bajo su imagen aparece un mensaje de amor que le manda un desconocido. Así comienza un lobo digital a comerse a Caperucita.

 Yo creo que los padres y los abuelitos de las -y los- adolescentes que no conocen todavía el peligro de que aquí habla Vicent, tampoco van a leer su columna. Pero, en fin, quizá alguien pueda llegar a advertirles sobre el asunto de una manera más clara y directa. Tampoco yo hubiera recogido aquí este tema sin una lectura reciente: la última -por ahora- novela de Isabel Allende, El juego de Ripper. En los episodios cercanos al desenlace la autora nos da una serie de pistas para que asociemos esta obra suya con el cuento de Caperucita. Como si el cuento de Perrault fuera una pieza tocada en un solo de oboe y ella lo hubiera convertido en una sinfonía. Copio unas cuantas frases:

[…] Amanda, que había retrocedido a la infancia -iba cabizbaja, chupándose el dedo, con la capucha de la parka metida hasta los ojos, a punto de echarse a llorar- […].

(Página 337)

“El Lobo, la firma del asesino”, alcanzó a balbucear antes de doblarse y vomitar sobre la silla ergonómica de su padre.

(Página 347)

[…] confiaba en su instinto de cazador, como llamaba a esa parte de su cerebro que le permitía descubrir pistas invisibles, adivinar los pasos que había dado y daría su presa, saltar a conclusiones sin fundamento lógico y casi siempre acertadas.

(Página 362)

 Mi intención, claro está, no es hacer un análisis de El juego de Ripper. Ahí está el libro para quien quiera leerlo. Pero sí concluiría con un mensaje a los mayores que entretienen con un cuento a los pequeños -todos los mayores en alguna ocasión-: que se apliquen el cuento.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: