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La mierda como arma ofensiva

La mierda o el pipí. Cualquier repugnante desecho proyectado contra el oponente puede provocar su desbandada y su derrota.

Lo saben nuestras vecinas las gaviotas, que, por defender paranoicamente a sus crías se pasan la primavera y el verano bombardeándonos con sus cacas. Y hay otras muchas especies igual de agresivas y con el mismo tipo de armas ofensivas.

Cuando éramos adolescentes, a mi amigo Falín no le gustaba que formáramos conciliábulos en los que charlar sine fine de lo divino y de lo humano: mariconadas para él, que era un hombre de acción. Se acercaba, soltaba una ventosidad descomunal y nos decía:”Respirad deprisa, que se acabe pronto.” Y con su guarro explosivo desbarataba la reunión.

En la novela juvenil de Isabel Allende La ciudad de las bestias, la mítica bestia selvática del Amazonas también ataca con su caca, insoportable para la biología humana: “Por el espantoso olor supieron que no era lodo, sino un charco enorme de excremento” (pág. 120).

Y en una entrada reciente de su blog, la misma Isabel Allende hace un gracioso relato del tremendo trauma que se produce en la familia cuando su perrita Dulce es agredida por un zorrillo, que “le disparó un chorro a la cara”, y no de agua de rosas.

Ahora vemos, en este maloliente país, cómo los políticos se atacan unos a otros lanzándose sus mierdas, o destapando las de aquellos más tímidos, para avergonzarlos reprochándoles que son tan cacosos como los demás.

De modo que quizá no haya más remedio que concluir que el mundo no ha salido todavía de su fase anal, o que la tierra no es sino una diminuta bolita de estiércol, como la de los escarabajos peloteros, que va deambulando por el universo, y espera el momento propicio para estamparse contra otra de las bolitas flotantes, para dejarla perdida de caca.

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3 comentarios

  1. Me ha alegrado usted la mañana recordando lo poco alegre que es el mundo. Paradójico.

  2. No comento la entrada sino el blog. Me alegro de haber entrado, al fin, en él.

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