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Elegía

Entre la mañana de ayer y la mañana de hoy, en un par de cómodas sentadas, he leído Elegía [Everyman, 2006], de Philip Roth.

Quedé sobrecogido, anonadado y como aplastado a la vez que entusiasmado, cuando leí su Trilogía americana. Y experiencia similar he tenido al leer esta novela de estrictamente ciento cincuenta páginas en esta edición (Debolsillo, 2010).

Tanta vida, tanta muerte y tanto arte literario hay en esta pequeña magna obra, que yo, sintiéndome incapaz para comentar ni siquiera una línea, voy aquí a detenerme ante sólo una palabra; no de la obra original, sino de la traducción, de Jordi Fibla; aunque para ello es necesario que copie toda una línea, de la página 90 en mi edición:

[…] obviando los defectos de aquellos que le eran queridos […]

El traductor ha usado el verbo castellano ‘obviar’ con perfecto conocimiento de su significado. La primera acepción en el DALE (Diccionario de las Academias de la Lengua Española) es: Evitar, rehuir, apartar y quitar de en medio obstáculos o inconvenientes.

El personaje al que se refiere la frase, efectivamente, evita afrontar, rehúye, aparta de su vista “los defectos de aquellos que le eran queridos”, empezando por su padre.

-Entonces, Antonio, ¿cuál es el problema que nos quieres contar?…

Voy a ello, no te impacientes… Resulta que, según su etimología, el verbo ‘obviar’ debería significar justamente lo contrario, algo más bien parecido a lo que encontramos en la segunda acepción del DALE: Obstar, estorbar, oponerse.

Porque lo obvio -el adjetivo sí que respeta la etimología- es lo que se nos plantifica delante de las narices y no tenemos más remedio que verlo.

¿De dónde le viene al verbo la primera acepción? ¡Qué sé yo! La lengua, el idioma, no lo hacen los más cultos, lo hacemos entre todos: ignorantes, cultos y semi-.

El caso es que a mí no me gusta que se use el verbo ‘obviar’ con ese significado tan contrario a su etimología, que encontramos en el himno del Domingo de Ramos: obviaverunt Domino: salieron al encuentro del Señor. Eso es obviar: salir al encuentro.

Pero, en el pasaje de nuestra novela, el personaje no quiere “salir al encuentro de”, sino todo lo contrario.

Yo utilizaría el verbo ‘soslayar’ que es el que etimológicamente significa apartar, poner a un lado, para no tener de frente, para no tener que ver.

Ahora bien, reconozco que mi ignorancia es pareja a mi atrevimiento. Así que soslayad mi comentario y leed Elegía.

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