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Ecología

Como un ama de casa de familia modesta,

dice el ecologista:

-¡Mirad por el Planeta! No lo gastemos antes

de la próxima paga.

-¿Y cuándo será esta?

-Cuando el Hombre consiga

la colonización de otro planeta.

Pero nadie hace caso a los ecologistas.

Lo que decimos es:

-Comamos hasta hartarnos,

y los que vengan luego, que se busquen la vida

(lo mismo que diría un individuo

de cualquier otra especie).

Y así nos atenemos

al mandato divino:

-Creced, multiplicaos,

ocupad este mundo.

Y este mundo ya está tan ocupado

que ahora al Hombre le urge

buscar otra ribera en el Espacio.

O, antes de que pasen

muchas generaciones,

estará tan kaput

como los dinosaurios.

 

Prosa y verso

La vida se escribe en prosa

en su transcurso ordinario.

Y es, rosa a rosa, un rosario

de poesía esplendorosa

si la pasión amorosa

le pone ritmo y medida.

Pura poesía la vida

de quien, por enamorado,

siente que su vida es vado

hasta su ora querida.

Política

Creo que no asomo mucho, por esta certepática ventana, mis opiniones políticas, pero las tengo. Las tengo, pero son mentales, no lapidarias. Están, por tanto, como todo lo mental, sujetas a variación y cambio. Aquello de “yo no me cambio de chaqueta” es hoy un arcaísmo casi completamente olvidado. Hoy nos cambiamos de chaqueta; no tan frecuentemente como nos cambiamos de calzoncillos o de bragas, pero nos cambiamos. Nuestras opiniones, políticas, sociales o culturales, van cambiando, evolucionan, como todo lo vivo.

Sintetizaré ahora mi estado de opinión política (y social).

Las dos opciones que se plantean, en una sociedad desarrollada actual, son moderadas, sometidas a las limitaciones que imponen el Derecho Internacional y los derechos fundamentales del ser humano. Y tienen sus respectivos nombres: liberalismo y socialdemocracia. La primera implica menos intervención del Estado; la segunda, más. Las dos opciones pueden ser, valga la rebuznancia, óptimas: si lo son los ciudadanos y sus representantes en los cargos públicos. Y pésimas: lo serán siempre que lo seamos los paisanos -y por ende los cargos públicos-.

España ha sido tradicionalmente un país de pícaros, de frailes y de hidalgos.

Los primeros no trabajan porque prefieren vivir del trapicheo. Los segundos no trabajan porque están dedicados a más altas ocupaciones. Los terceros no trabajan porque su noble cuna les ha proporcionado ese inalienable privilegio.

No obstante, España ha tenido también, en todas las épocas, su cuota de “tontos”: los que han cumplido siempre con todas sus obligaciones laborales y sociales, mejor o peor remuneradas.

España ahora no pinta bien (y no parece que la UE vaya a estar, en un futuro próximo, en condiciones de salvarnos de la quema). Como escribía Hermann Tertsch en una columna reciente, “La tragedia que supuso el paso de José Luis Rodríguez Zapatero por la historia de España ha tenido perfecta continuidad con Mariano Rajoy.”

Los muchachos de Podemos, que dicen hoy “Todo para los ciudadanos”, probablemente hicieran mañana que Todo, para el Estado. Y aquello de Stalin: un individuo no es nada y unos cuantos millones son un dato estadístico.

Esperemos que, una vez más el día de mañana, en España haya tontos suficientes para tirar del carro.