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Sisí y Nonó

Sisí no da más de sí

y yo no doy más de no.

Qué va a pasar, ay de mí,

si el sínodo se acabó,

si ella se va porque yo

soy fieramente aburrido,

soy un burro que se ha ido

con su rebuzno a otra parte,

muy lejos, quizás a Marte.

¿Amarte?

Como Eneas a su Dido.

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Cuenta atrás para el Estado catalán

ARACELI MANGAS. Hoy. En EL MUNDO

Desde 2012, con la indiferencia de un Gobierno de España perezoso e inepto, la sedición toma cuerpo en Cataluña. Las fechas para romper la unidad nacional y la integridad territorial de España ya están marcadas en la solicitud formal de convocatoria urgente de un pleno del Parlamento catalán cuyo fin es aprobar la declaración que llevaría, de consumarse, a impedir la aplicación de las Leyes de España o a cualquier autoridad española el legítimo ejercicio de sus funciones, en fin, a la proclamación del estado independiente de Cataluña: a partir de esa proyectada declaración, el Parlament «no se supeditará a las decisiones de las instituciones del Estado español, en particular del Tribunal Constitucional» y ordena al Govern ejecutar la declaración.

Las instituciones autonómicas catalanas se han comportado como un estado de facto desde hace bastante tiempo entre la indolencia e ingenuidad, cuando no complicidad, de las instituciones del Estado y los partidos políticos nacionales. Ya sólo tienen que dar los pasos formales y definitivos que anuncian: dejarán en treinta días de respetar la autoridad del Estado y no aceptarán ninguna autoridad ni el imperio del Derecho sobre el Parlamento y el Gobierno catalán.

En una situación extrema como la que se viene precipitando en Cataluña desde 2012 el paso a la independencia es factible y creíble dada la inacción del Gobierno de la Nación. No sólo no ha tomado la delantera para agotar las vías de diálogo y entendimiento sino que no ha reaccionado ante nada y ha dejado hacer todo. Se ha permitido que declaraciones de autoridades públicas de Cataluña (del Legislativo y Ejecutivo) rechacen la aplicación de las leyes o se instalen en la arbitrariedad sin que pase nada. Hace tiempo que las sentencias del Tribunal Constitucional y del Supremo no se aplican o se aplican a discreción sin que pase nada. Se permite que en los ayuntamientos y otros edificios públicos prescindan de la bandera de España y otros símbolos del Estado y que ondee la ilegal bandera independentista, sin que pase nada. Sólo la UEFA hace respetar la bandera de España multando la presencia de banderas independentistas. Los independentistas han demostrado que se puede violar la ley española todos los días sin que pase nada y que en ese territorio sólo se hace respetar la voluntad de sus caciques depredadores. España no ha defendido su carácter de Estado responsable de la ley en todo el territorio. El Gobierno del presidente Rajoy no ha impedido el despliegue de formas de la estatalidad de Cataluña.

El presidente Rajoy nunca se tomó en serio el desafío del Gobierno catalán y de una parte de la sociedad catalana y se negó al diálogo político en múltiples formas (comisiones técnicas, regeneración política que ilusionase a todos…). Rajoy pensó que la ley todo lo puede; como ni el Derecho Internacional faculta a Cataluña para invocar la secesión unilateral ni la Constitución española lo permite, no había que hacer nada. Pero que el Derecho no faculte para invocar la secesión no impide que la reclamen y logren por la vía de los hechos (principio de efectividad), paso a paso, con paciencia de casi cuarenta años. Tampoco estaban facultados los pakistaníes respecto de la India independiente, o los pakistaníes orientales (Bangladesh) para separarse del Pakistán independizado de la India, o los eritreos respecto de Etiopía, o los sursudaneses respecto a Sudán y todos ellos lograron su Estado.

La formación y nacimiento de un Estado no se rige por el derecho interno sino por la fuerza de los hechos. Los partidos independentistas ya han puesto a prueba la inanidad del Gobierno Rajoy. Lo habitual es que el territorio que se separa o pretende separarse no tenga la autorización del Estado del que se quiere separar. Por ello, lo esencial es no permitir que los hechos y elementos conducentes a la formación de un nuevo Estado tengan lugar ni se den más pasos. La creación de estados está ligada al principio de efectividad y no al de legalidad ni legitimidad. Lo que importa es el hecho y no el modo por el que haya nacido (secesión no permitida por el derecho interno, lucha armada…).

Por ello, aparte de cualquier posible recurso judicial contra esa solicitud de declaración, en todo caso tiene que impedirse la convocatoria del pleno conducente a la cuenta atrás para la independencia y que el pleno pueda celebrarse con ese orden del día. Hay que actuar antes de la formación de los actos de la estatalidad formal. Con todas las posibilidades que da la Constitución y la ley y sin miedo a utilizar los diversos preceptos en vigor para situaciones extremas; no hay nada más grave en la historia de un pueblo que la ruptura de la unidad nacional; sí, hay algo igual de grave, una guerra, (in)civil o internacional.

No hay fatalidad alguna en la solicitud de las fuerzas independentistas catalanas al pleno del Parlament sino incuria e irresponsabilidad del Gobierno de España que desafía cinco siglos de historia ensimismado en la ley que no hace cumplir. La organización y preparación de los delitos son atribuibles a personas concretas de las fuerzas independentistas, pero no es menos grave quien no impide su comisión ni persigue a los delincuentes. La deshonra y responsabilidad histórica no será de quien dijo que aceptaría todo lo que viniera de Cataluña sino de quien pudo haber encauzado este reto y sobre todo debe impedirlo ya con todos los medios. Olvidemos los reproches por lo pasado.

En este momento supremo, el Gobierno de España debe apelar a la corresponsabilidad política de todos los partidos políticos que defienden la unidad nacional. Muchos españoles confiamos en que PSOE y Ciudadanos actúen con patriotismo constitucional y que el PP no aproveche la defensa de la integridad territorial para obtener réditos electorales. Todos juntos sin más reproches.

Un Gobierno no puede limitarse a respetar la ley; la función del gobernante es hacer aplicar la ley. Dura lex, sed lex (dura ley, pero ley). El Derecho Internacional faculta al Estado para impedir la ruptura de la unidad nacional e integridad territorial, bienes públicos protegidos por normas seculares y la práctica de Naciones Unidas. También el Derecho de la Unión Europea (art. 4.2 TUE) reconoce al Estado su deber y derecho de defender la integridad territorial y le da toda suerte de facilidades legales para ello.

No tenga miedo el Gobierno de España de ejercer esa función esencial de todo Estado y haga respetar ya la soberanía nacional y su Constitución. España y su Gobierno no han cesado de citar e invocar las leyes democráticas a las fuerzas independentistas; no pueden seguir abusando de la paciencia de la democracia hasta destruirla. Ha llegado el momento de recordar que la justicia democrática ciñe espada. Todos unidos.

Araceli Mangas es catedrática de Derecho Internacional Público y Relaciones Internacionales (Universidad Complutense) y miembro de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas

Catalaúña

Ay, la señá Cataluña

ha parido un niño ñoño.

Y le ha salido del moño

llamarlo Catalaúña.

Catemos uña o pezuña.

Aunque es coña bien extraña

que no le enseñe la caña

a ese niño tan pestiño,

no con saña, con cariño,

su abuela materna, España.

Salvación de la vida

Ven para acá. Qué puedes decir. Reconoces tácitamente la aurora. El aire se ensancha en irradiaciones o en círculos y todo queda listo para una eternidad que no llega.

Yo y tú, y todos los otros, sumados, enumerados, descomponemos el atardecer, mas la fuerza de nuestro anhelo es una victoria levísima.

Somos los herederos de una memoria sin fin. Se nos ha entregado un legado de sueño que nos llega a las manos desde otras manos y otras que se sucedieron con prisa. Llevemos sin parsimonia nuestra comisión delicada. Pongamos más allá de nosotros, a salvo de la corrupción de la vida, nuestro lenguaje, nuestros usos, nuestros vestidos, la cometa del niño, el trompo, la casa.

El niño juega, el niño se adueña de su situación y domina. Es el bandido, el señor, el malvado, el generoso, el risueño. Coge entre sus manos arena y construye un castillo, toma piedras, levanta catedrales o juega con la compacta peonza. Se esconde detrás de una cama o astuto sonríe amparado por el biombo chinesco. Qué risas las que se escuchan después, cuando el niño es descubierto por la argucia de otro, al correr de los siglos.

Buscad, buscad ahora de nuevo sin descanso en la alcoba, detrás del armario, en el cuarto trastero. Allí escondido sofoca su risa el muchacho, reprime el estallido de su felicidad de vivir para siempre, junto a mamá y al perro y al aro.

Buscad, buscad en el desván, en el derrotado jardín, tras el viejo olmo, o el roble o el cedro.

Mirad hacia arriba. Encaramado se encuentra el muchacho, y todo vive como ayer, animoso.

Pongámoslo todo a salvo. Entreguemos pronto nuestro lenguaje a ese niño, enseñémosle a decir “vida”, “humanidad”, “esperemos”. Enseñémosle a hacer una casa, una carretera, un camino. Salvémoslo todo, queda poco tiempo, este campo, salvemos el carromato, el colchón, la vieja cubierta del coche, el carbón del hogar, el atizador, el sombrero. Queda todavía una chaqueta detrás de la puerta trasera, ponla también en el carro. Y el rudo martillo. Algo se nos olvida, no sé lo que es, ay, marchemos, el niño, se nos olvida el trompo, el carrito, el jilguero, se nos olvida el perro guardián. Vete pronto a buscarlo.

Ay que me muero, es el río que ya no se escucha, es el aire que no se respira, es el viento que no corre, y el campo que ya no se ve… Mas vosotros partid.

 

Carlos Bousoño, Invasión de la realidad. 1962

Me he permitido la libertad de copiarlo como prosa poética.

Sinecura

Hijo de un municipal,

aprendí a moverme cauto

entre hombres de gran auto,

entre gente principal.

Y no me ha ido tan mal…

Una real señorona

me abrió paso a la poltrona

de esta insigne sinecura.

Y aunque siempre hay quien murmura,

no se inmuta mi persona.

Alivio

Mañana se cumplen dos semanas de la muerte del escritor sueco Henning Mankell. Murió dos días después que mi suegra, que no era sueca ni escritora: ama de casa, madre de cuatro hijas y un hijo, cuatro veces bisabuela. Mi suegra ha muerto a los 93; Hening Mankell, a los 67.

Yo ando ahora leyendo las memorias de Mankell, Arenas movedizas, un libro precioso. Podríamos decir que es el testamento literario del autor. Lo escribe tras recibir la noticia de que tiene cáncer, y ya con metástasis; y tras recuperarse en parte del impacto que tal noticia le produce.

Arenas movedizas es un libro libre, escrito al vuelo de la memoria, la sensibilidad, el talento y la grave enfermedad del autor. Está dividido en 67 capítulos: uno por cada año de la vida del escritor, ¿casualidad?, y cada uno un conciso tesoro para el lector.

El capítulo 41 se titula “Alivio”. Y en él habla de la importancia que siempre ha tenido en su vida este sentimiento, con anécdotas concretas que lo corroboran. Aunque el episodio que más pormenorizadamente cuenta, no lo saca de su propia vida, sino de la del médico rural Edward Jenner.

Yo tengo casi la misma edad que tenía Mankell mientras escribía estas páginas (él nació en el 48; yo, en el 51). Y la estrecha coetaneidad hace mucho a la hora de comprender a un semejante.

Y pienso, mientras leo este capítulo 41, no sólo en el alivio, y en la importancia que tiene en nuestras vidas, sino también en su oponente, en su antónimo, que es también un parónimo: el agravio.

Quizá no había otro juego de adjetivos antónimos más relevante, en la cultura latina de la que procedemos, que los adjetivos LEVIS/GRAVIS; de los que proceden los sustantivos abstractos alivio/agravio.

Si nuestras vidas son un camino, está claro que son un camino con pocos tramos completamente llanos. Lo que abunda en ellas son las subidas y las bajadas. En las bajadas nos aliviamos, en las subidas sentimos el grave peso del esfuerzo.

Así hasta el final del camino.

No sé cómo se ha sentido Henning Mankell en los últimos días de su vida. Espero que se haya sentido en paz consigo mismo y con el mundo, que haya sentido un alivio profundo y definitivo. De mi suegra, acabada a una edad mucho más longeva, sé que para ella la muerte ha sido el retrasado alivio que esperaba con paciencia.

Es el ciclo de la vida

La vida es cosa sencilla,

algo breve, elemental;

aunque la veamos cual

una eterna maravilla.

Cae a tierra la semilla

y va creciendo la planta.

Cuánta donosura y cuánta

debilidad va mostrando;

y ya llega el día cuando

la acoge su madre santa.