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Elogio del octosílabo

El octosílabo es

nuestro verso más sencillo:

es como el cricrí del grillo,

el balido de la res

o el deambular del ciempiés.

Amamos lo natural

porque somos un total

de elementos naturales.

Los versos artificiales,

para el intelectual.

Estrecho de Gibraltar

Somos la Tierra del Viento.

Cuando no sopla Poniente,

todos tenemos en mente

y en pleno conocimiento

que atacará el regimiento

de los vientos de Levante.

Pero no tememos ante

su cabalgada violenta.

No nos agravia ni afrenta:

Eolo nos dio el talante.

 

Falso pimentero

Falso pimentero

Dos de poesía

Dos libros de poesía de sendos viejos

hoy me ha traído el hombre del reparto.

Helos aquí conmigo en este cuarto

y heme a mí que me miro en sus espejos.

Paso por sus portadas mis pulpejos

y de hacerles caricias no me harto.

Los abro, los hojeo, los aparto…

Tan cerca están de mí, están tan lejos…

Trescientos ochenta años, nada menos,

separan de uno y otro el nacimiento;

mas ambos en mis manos son estrenos.

¿Diré qué libros son? Mejor no cuento

nada más; y a sus gráciles y amenos

versos me entrego dócil y contento.

Ocio

En el artículo de Fernando Savater (tan recomendable como todo lo que este hombre sabio escribe), en El País de ayer, me llamó especialmente la tención un aforismo (a los hombres sabios le salen los aforismos con la misma naturalidad que a los guindos las guindas): “Cuanto más inculta es la gente, más dinero necesita para llenar el tiempo libre”.

Observando la realidad social de ahora, en este país, así lo vemos, ciertamente.

Lo que produce más extrañeza y preocupación es que, después de unas décadas en las que ha crecido mucho el nivel adquisitivo, y el acceso a medios que nos hacen más confortable la vida (atención médica, ropa, electrodomésticos, libros, tele, ordenador…), la cultura y la educación hayan crecido tan poco, si no mermado.

Quizá hay un vicio radical en la sociedad mercantilista, capitalista, de nuestro mundo. Como si el comerciante pensara ante el posible cliente: “Yo no te satisfago una necesidad, sino que te creo una necesidad. Yo hago que te sientas desgraciado si no puedes acceder al producto que te ofrezco”. Y esta actitud comercial es veneno para la sociedad.

Quizá se ha perdido, si alguna vez existió, el componente humanista en la base del comercio. “Este grifo monomando es más sencillo de manejar, más funcional y duradero, que los grifos que un fontanero instaló en tu casa hace un cuarto de siglo. No te empeñes en sustituir el grifo viejo e inservible por otro igual: éste es mejor.”

Ahora el planteamiento del comerciante es el siguiente: “¿Cómo te vas a comprar esa marca de coche por ahorrarte diez mil euros? ¿Acaso no sabes lo que van a pensar de ti tus amigos cuando vean que te has comprado ese coche de pobres?”

Para una cosa importante —entre otras muchas— nos sirven la cultura y la educación: para no dejarnos embaucar por mensajes publicitarios fraudulentos, que están llegando continuamente a nuestras vidas, a nuestros hogares y familiares. Porque sabemos pensar y tomamos decisiones con criterios inteligentes.

Me decía un pastor de cabras , en mi pueblo, hace unos cuantos años: “Para vivir bien no hace falta tanto. A mí me gusta la vida que hago y los sitios por donde ando; y a ti también te deben de gustar porque vienes mucho por aquí.” Efectivamente: me gustaban y me gustan. Y me sale casi gratis visitarlos: sólo gasto un poquito la suela de mis zapatillas.