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Pedro Hamon

CARLOS CUESTA, hoy, en EL MUNDO

Los afiliados del PSOE han hablado: 74.000 militantes de entre todo el electorado español prefieren a Sánchez. ¿Pocos para alterar –como va a ocurrir– todo el panorama político nacional? Sí. Pero clara mayoría en un partido cuya militancia se ha reducido a la mínima expresión tras el desastre económico de Zapatero y el continuo coqueteo con el populismo y el nacionalismo. Sánchez se hace con el PSOE, con un 50,2% de los votos y un programa de un solo punto: impedir gobernar a la derecha, sea como sea.

Una mayoría clara de Sánchez. Rotunda frente a una Susana Díaz que no llega al 40%. Pero no tan clara como la lograda por Benoît Hamon, líder socialista francés, proclamado candidato a las presidenciales galas el pasado enero con el 58,65% del voto.

Ayer celebraron los seguidores de Sánchez su triunfo: eufóricos al escuchar a Sánchez su deseo de «más izquierda» y recordando su reiterada defensa de un mayor acercamiento a Podemos. Exactamente igual que festejaron sus compañeros franceses el ascenso de Hamon, enfervorizados por el triunfo del candidato más radical y cercano al populismo: aquel que había prometido un subsidio mínimo para toda la población y había reclamado el giro radical a la izquierda como única salida para Francia.

Pero quizás no pensaran ayer los ilusionados seguidores de Sánchez que, sólo dos meses después de la explosión de júbilo de sus compañeros franceses, llegó la más absoluta depresión. Porque aquel aplastante 58,65% de voto logrado por Hamon dentro del partido, se convirtió en un raquítico y destructivo 6,1% en las urnas presidenciales de todos los franceses. Porque la radicalidad que tanto gustaba al aparato, a los cachorros del partido, a aquellos que se caracterizan por su sectarismo más que por su racionalidad, no era compartida por los votantes. Ni por los de derecha, ni por los de centro, ni por los de izquierda.

Porque quien se llevó el voto radical de izquierdas en Francia fue Mélenchon–el preferido de Pablo Iglesias– que, con más del triple del voto de Hamon, fue identificado como el extremista original. Y para qué votar a la copia teniendo el auténtico.

Ayer al PP, en contra de lo que gritaban los seguidores de Sánchez, le mejoraron las expectativas electorales: porque su caladero es ya el voto refugio frente al miedo a una izquierda radical. A Cs exactamente igual: porque gana espacio para crecer en el centro izquierda. Y a Podemos, por supuesto: porque peleará con el PSOE donde quiere, en la subasta por la mayor radicalidad. Pero el domingo perdieron dos: la estabilidad nacional y el PSOE. No tardaremos en verlo.

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