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El último bastión

https://elpais.com/elpais/2017/12/29/eps/1514561320_916056.html

 

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Buena peli

La televisión para pobres, la que emite en abierto, está más bien asquerosita, por decirlo suavemente. Tanto la pública como la privada. No obstante, de vez en cuando nos presenta algo bueno; como lo de anoche en la 2 de Televisión Española: la película danesa Un asunto real.

Era el día en que los niños españoles abrían, o rompían, los primorosos envoltorios de los regalos que les habían dejado los Reyes Magos. Y el día en que la España adulta podía ver a la familia real de esta nación celebrando la Pascual Militar; con dos reyes en escena, el actual y el retirado. Creo que no hay familia española que reciba más atentas, escrutadoras miradas. Lo cual es lógico, aunque no envidiable. Con lo cómodo que es pasar desapercibido, “ni envidiado ni envidioso”.

Estaba bien, por tanto, que los mayores completáramos la jornada de Reyes viendo esta peli danesa de 2012. Una película buena de verdad, basada en hechos históricos de Dinamarca, y de Europa, en el siglo XVIII.

El buen cine histórico nos ofrece esa posibilidad de meternos, como diablos cojuelos, en las estancias privadas de reyes y magnates, de ver su vida más íntima, sus miserias y grandezas de alma. Y las vidas de los que viven próximos a ellos. Las disfrutan, sí, pero en una posición de difícil equilibrio: cualquier azar puede cambiar las tornas, y se convierten en un obstáculo para los poderosos.

Quizá la lección de Historia es siempre la misma: los que tienen los privilegios, en una sociedad basada en la desigualdad, no se van a desprender de ellos por las buenas, porque queden convencidos con argumentos filosóficos o humanitarios. Aunque también en esto, como en todo en la vida (menos en el hecho de que todos morimos) hay excepciones.

Nieve en Gójar

Seis gramos

I

Amar es dicha

que con mucha frecuencia se convierte

en amargura.

II

No te lamentes.

Por lo que tú ahora pasas han pasado

tantas personas…

III

Tu enfermedad

puede ser esa cruz por la que arraigue

tu fortaleza.

IV

Confía en ti.

Y confía también en los que son

tus compañeros.

V

Las malas noches

nunca son más que el horno en que se cuecen

los buenos días.

VI

Es la palabra

el mejor instrumento de los hombres.

Por eso escribo.

Caminata

En la de ayer hubo algo que llamó especialmente mi atención y que quiero contar aquí, brevemente.

Serían las 19:15, aproximadamente (yo no llevaba reloj ni móvil). Era, por tanto, de noche, y creo que la hermosa luna llena aún no había asomado, o al menos no se había hecho visible. Zona urbana; no de centro urbano, pero sí de vías y urbanizaciones cuidadas, de espacios públicos ajardinados e iluminados.

En una placeta adyacente a una urbanización cercada por un muro con una especie de ventanas totalmente enrejadas (para que los de fuera vean el lujoso jardín pero no lo puedan tocar: a la clase media acomodada le gusta ese lucimiento), en esa placeta, digo, junto al muro, hay dos chicas adolescentes. Una de ellas trepa por una de las rejas como medio metro, mientras la otra la observa atenta, móvil en mano. La trepadora se contorsiona y se inclina lo suficiente como para que su cara y su boca queden junto a algo. ¿A qué? A una enorme polla erecta sobre su escroto, dibujada en grueso trazo negro. La chica pone la pose de iniciar la simpática felación mientras su compañera le hace la foto; después de lo cual, baja y se pone junto a la compañera, a mirar el móvil: a mirar la foto, deduzco, que acaban de obtener.

Creo que ninguna de las dos chicas se percató de que yo pasaba por allí, a ninguna de las dos parecía preocuparle la presencia o ausencia de testigos.

¿Qué iban a hacer estas dos adolescentes con aquella foto? ¿La iban a guardar como un recuerdo íntimo de su amistad? ¿Se la iban a mandar a alguien como una broma, un mensaje, una provocación, una muestra de su capacidad artística?

A lo mejor estas cosas en nuestra sociedad no tienen importancia, sólo son el típico entretenimiento de adolescentes. ¿Tendrá quizá más relevancia la siguiente, anodina viñeta? A ver.

Al cabo de un rato, una media hora, todavía en mi caminata, me crucé con otras dos chicas más o menos de la misma edad y aspecto. En el paraje, acera y calzada son estrechas, y el tráfico, a esas horas, abundante. Me eché a la calzada porque ninguna de las dos hizo un gesto para colocarse de forma que a mí me quedase algo de acera. Rápido, que vienen coches. Creo que estas dos, que casi se rozaron conmigo, me vieron igual de poco que las dos de la foto.

Es lo que ocurre cuando tienes sesenta y seis años y además los aparentas: casi nadie te ve.

Decimanía -17

He pasado por varias tentativas, anteriores a ésta de fin de año, de dar por acabado el cuaderno de versos titulado Decimanía.

Ahora, añadiendo al título la coletilla del número, sé que la finalización del 31 de diciembre va a ser la definitiva. Sin librarme del peligro, es lo malo, de continuar poseído por la manía. En tal caso, podría aparecer más adelante un cuaderno titulado Decimanía -18, o Decimanía -20.

Me gustaría, ciertamente, que las décimas me dejaran ya en paz, verme más libre para escribir en otras formas o géneros. Pero no descarto nada: el futuro siempre es incierto.

El caso es que en los meses de noviembre y diciembre de 2017 han seguido saliendo del horno las décimas: cincuenta y tantas; que ya han quedado incorporadas, con sus fechas, por si algún visitante de este blog decide echarles un vistazo.

Algo tiene la décima que atrapa. A mí, por supuesto, me ha atrapado bien, como demuestra el hecho de que apareciera primero Lo que en décimas decimos, y ahora este Decimanía -17, mucho más extenso.

Una vez publicadas, aunque sea en un blog, dejan de ser del autor y se convierten en autónomas. Ojalá algunas de ellas se defiendan tan bien que puedan seguir viviendo en archivos informáticos, en papel, o en la memoria de algún curioso lector. Si así no sucediere, al menos yo tendré que agradecerles lo mucho que me han entretenido mientras las traía a la vida.

Uno de enero, luna llena