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Un exceso de inquietud

Preocupado me ha tenido,

en mi rincón silencioso,

una cosa casi acoso:

un prolongado silbido,

no de ave que ha venido,

más bien una contraseña.

Presenté informe a la dueña:

de un tan severo peligro

que yo casi casi emigro.

La dueña indaga, se empeña

en que la causa es pequeña.

Y son… gemidos de puerta;

tres gotas de aceite y… muerta.

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Hoy, San Matías

Canto de pájaro

es el que a mí me inspira la mañana

del dulce sábado.

Canto de mirlo

es el que a mí me inspira la mañana

del buen domingo.

De totovía

es el que a mí me inspira la mañana

de San Matías.

Historia de los judíos

Los judíos no fueron sólo innovadores. También fueron ejemplos y paradigmas de la condición humana. Parecía que presentaban con claridad y sin ambages todos los dilemas inexorables del hombre. Fueron los “forasteros y viajeros” por antonomasia. Pero ¿no compartimos todos esa condición en este planeta, donde a cada uno se nos concede apenas una estancia de setenta años? Los judíos han sido el emblema de la humanidad desarraigada y vulnerable. Pero ¿acaso la Tierra entera es algo más que un lugar de tránsito provisional? Los judíos han sido fieros idealistas que buscaban la perfección, y al mismo tiempo hombres y mujeres frágiles que ansiaban la abundancia y la seguridad. Querían obedecer la ley imposible de Dios, y también buscaban conservar la vida. Ahí está el dilema de las comunidades judías de la Antigüedad, que trataban de combinar la excelencia moral de una teocracia con las exigencias prácticas de un estado capaz de defenderse. El dilema se ha repetido en nuestro propio tiempo en la forma de Israel, fundado para realizar un ideal humanitario, y que ha descubierto en la práctica que necesita mostrarse implacable si quiere sobrevivir en un mundo hostil. Pero ¿acaso éste no es un problema recurrente que afecta a todas las sociedades humanas? Todos queremos construir Jerusalén. Parece que el papel de los judíos es concentrar y dramatizar estas experiencias comunes de la humanidad, y convertir su destino particular en una moral universal. Pero si los judíos asumen este papel, ¿quién se lo asignó?

Los historiadores deben evitar la búsqueda de esquemas providenciales en los hechos. Es demasiado fácil encontrarlos, pues somos criaturas crédulas, nacidas para creer y dotadas de una imaginación poderosa que fácilmente reúne y organiza los datos para adaptarlos a un plan trascendente cualquiera. Sin embargo, el escepticismo excesivo puede originar una deformación tan grave como la credulidad. El historiador debe tener en cuenta todas las formas de la prueba, incluso las que son o parecen ser metafísicas. Si los primitivos judíos fueran capaces de analizar, con nosotros, la historia de su progenie, no hallarían en ella nada sorprendente. Siempre supieron que la sociedad judía estaba destinada a ser el proyecto piloto de toda la raza humana. A ellos les parecía muy natural que los dilemas, los dramas y las catástrofes judíos fueran ejemplares, de proporciones exageradas. En el curso de los milenios, que los judíos provocasen un odio sin igual, incluso inexplicable, era lamentable pero de esperar. Sobre todo, que los judíos sobreviviesen, cuando todos los restantes pueblos antiguos se habían transformado o desaparecido en los entresijos de la historia, era completamente previsible. ¿Cómo podía ser de otro modo? La providencia lo decretaba, y los judíos obedecían. El historiador puede decir: no hay nada a lo que pueda denominarse providencia. Quizá no. Pero la confianza humana en esa dinámica histórica, si es intensa y lo bastante tenaz, constituye en sí misma una fuerza que presiona sobre el curso de los hechos y los impulsa. Los judíos han creído que eran un pueblo especial, y lo han creído con tanta unanimidad y tal pasión, y durante un periodo tan prolongado, que han llegado a ser precisamente eso. En efecto, han tenido un papel porque lo crearon para ellos mismos. Quizá ahí está la clave de la historia.

Final del Epílogo de:

La historia de los judíos, de Paul Johnson

Sipan Barcelona Network S. L. (Penguin Randon House)

Traducción de Aníbal Leal

1ª edición, septiembre de 2017

Título original: A History of the Jew (1987)

Himno

Himno [19-02-18]

No pongamos bozal: ni al buey que trilla, ni a la “portavoza” que se pasa por el arco del triunfo la Gramática y el Diccionario, ni a la cantante que le inventa una letra, de poca altura, al Himno Nacional.

Por mi parte, al contrario: quisiera tener un altavoz con el que hacer sonar la excelente letra que, hace ya una década, emitieron, con autoría compartida, cuatro escritores españoles de reconocida valía: Jon Juaristi, Luis Alberto de Cuenca, Abelardo Linares y Ramiro Fonte:

HIMNO

Canta, España,

Y al viento de los pueblos lanza tu cantar:

Hora es de recordar

Que alas de lino

Te abrieron camino

De un confín a otro del inmenso mar.

Patria mía

Que guardas la alegría de la antigua edad:

Florezca en tu heredad,

Al sol de Europa

Alzada la copa,

El árbol sagrado de la libertad.

Ojalá Marta Sánchez, o alguna otra diva del canto, tome la iniciativa de ponerle su voz, por si, esta vez sí, tuviera una amplia y generosa acogida.

Libros de texto bilingües

El juicio de Salomón

propongo para el idioma;

y que en los libros se coma

alternando la elección:

si en catalán la lección

primera, que la segunda,

aunque Montserrat se hunda,

sea entera en castellano;

Y hasta el final, mano a mano;

sin que nadie se confunda.

Bilingüismo

Existe una batalla que sorprenderá a los nacionalistas […]. Esta batalla es llevar una reforma constitucional que cancele la inmersión lingüística educativa en una sola lengua. Si el constitucionalismo no se atreve a plantearla, ahora, Cataluña será independiente, cuando “toque” que diría Pujol.

Es una cita de una tribuna de El País de ayer, una tribuna cuyo autor es José Luis Álvarez, sociólogo y profesor: ‘Els de casa’ frente a’els de fora’.

Quizá la cuestión catalana ha sido siempre, antes que todo, una cuestión lingüística; alimentada por un ancestral prejuicio: “los que hablan como yo son los míos; los que tienen otra habla son los otros, los forasteros, los no de fiar”.

El inmigrante desacomplejado procura aprender, apropiarse de, la lengua y habla del lugar en el que ahora se encuentra: porque es lo natural para el acercamiento humano. No nacemos biológicamente condicionados para usar siempre, y hasta el día de nuestra muerte, nuestro idioma materno; podemos aprender unos cuantos idiomas, que llegaremos a hablar con mayor o menor fluidez según las circunstancias.

El inmigrante acomplejado y pobre, que pretende buscarse la vida en ese extraño -para él- territorio cuya lengua desconoce, va a tener menos facilidades para aprenderla, intrínsecas y extrínsecas, psicológicas y ambientales. Si lo consigue al fin, es posible que reaccione pasándose al bando de los locales, con una agresividad renovada contra los nuevos invasores, los que han llegado, como él llegó, pobres y acomplejados.

En un mundo imparablemente globalizado, querer hacer de un idioma una frontera o una bandera es disparate insostenible. Lo natural y lógico es que unos pocos idiomas se vayan extendiendo, y que muchos idiomas minoritarios se vayan perdiendo. Sin imposiciones, sin prohibiciones, sin barreras, sin fronteras.

En Cataluña la Constitución del 78 supuso la solución del problema lingüístico: la cooficialidad de los dos idiomas. Pero después políticos especialmente trapaceros o ineptos han alterado, desvirtuado, el espíritu de esa cooficialidad: la cual implica que en lo oficial, lo estatal, lo público, los dos idiomas están al mismo nivel, y todos los textos administrativos deberán aparecer en los dos idiomas; en la escolarización implica que todos los alumnos tienen el derecho y el deber de aprenderlos los dos; y los docentes, de enseñarlos y exigirlos; y en lo particular, cada individuo puede elegir libremente uno u otro, sin reparos, sin trabas administrativas, sin malas caras, y sin perder de vista que hablamos para que nuestro interlocutor (o interlocutores) nos entienda, no para que vea que somos diferentes, porque no lo somos. No hay más que una raza: la especie humana; no hay más que un país, el planeta Tierra.

Respecto al bilingüismo catalán, hay que recuperar el espíritu de la Constitución del 78, aunque sea reformulándola.

Con la Sagrada Biblia

Deuteronomio (25, 4):

No le pondrás bozal al buey que trilla”.

Aplicación:

No le pondrás bozal al portavoz

o portavoza.