• Páginas

  • Archivos

  • septiembre 2018
    L M X J V S D
    « Ago   Oct »
     12
    3456789
    10111213141516
    17181920212223
    24252627282930

En la lección 14

En el libro de las 21 lecciones de Harari, voy leyendo por la 19. Quizá lo mejor que podría hacer ahora mismo es seguir leyéndolo hasta terminarlo. Más que nada, para poder empezarlo a leer otra vez desde el principio, porque los buenos libros no son de usar y tirar, no son de una única lectura, los apreciamos más y entendemos mejor cuanto más los leemos.

En la lección o capítulo 14 habla Harari de “El ideal laico”, y comenta algo así como las virtudes cardinales del laicismo, que, según su visión, son seis: VERDAD, COMPASIÓN, IGUALDAD, LIBERTAD, VALENTÍA y RESPONSABILIDAD.

Creo que, a pesar de que mi memoria no es ni mucho menos lo que era, no olvidaré su enumeración, lo mismo que no he olvidado la enumeración de las cuatro virtudes cardinales del catecismo, que seguramente aprendí antes de hacer la primera comunión, a los siete años: PRUDENCIA, JUSTICIA, FORTALEZA y TEMPLANZA. Por supuesto, a aquella edad yo repetía el mantra de las cuatro palabras sin saber lo que significaba ninguna de ellas. Era el método de enseñanza de los curas: tú ahora apréndete el catecismo, y ya lo irás entendiendo, poco a poco. Quizá no era un mal método.

¿Qué hay de común entre la formulación de Harari y la del catecismo católico de hace sesenta años? La preocupación por la condición moral del hombre, de su atención permanente  a lo que ‘está bien’ (es honesto) y a lo que ‘está mal’ (es deshonesto).

Si perdemos esa condición, porque todo nuestro yo lo llena nuestro instinto hedonista, nos convertimos en individuos inmorales. Y si este tipo de individuos predomina en una sociedad, esta es una sociedad desmoralizada, que podría avanzar por unos derroteros terribles para la humanidad.

No perdamos nuestro sentido moral. Y sigamos leyendo a Harari.

El verbo

Escribo para que leas

las confidencias que escribo.

Así, aunque vivo cautivo

de cautivantes ideas,

bastará con que me creas

para librarme del mal.

Hay un algo sustancial

en la vida del humano:

el verbo, querido hermano,

es carne, azúcar y sal.

Sillín de ruedas

Después de cuatro años de bici colgada, el verano que está acabando me ha traído un grato y fructífero reencuentro con la máquina.

Estoy ahora convencido de que los daños y dolores en el metatarso y dedo segundo del pie derecho me los produjo el mucho tiempo de llevar en los pedales unas punteras demasiado cortas, con lo que presionaba demasiado contra ellas para mantener la posición adecuada de pies sobre pedales.

Sé lo que es llevar calas en lugar de punteras, y sé lo que es caerse con los pies atrapados en las calas. Así que las dejo para los ciclistas de verdad, y yo sigo con las punteras, pero con otras punteras más largas, que se adaptan mejor a mis pies.

Siempre he sido, cómo no, amante y practicante de las caminatas pedestres. Aunque en los últimos años también estas expansiones me han ido resultando progresivamente más trabajosas. El sobrepeso del cuerpo, claro. El alma pesa cero gramos; y la conciencia, que cada uno sopese la suya.

En fin, este menda está muy contento de su reencuentro con la bici, de haber ido subiendo en fuerzas, fuelle y confianza en la máquina. Y de su vuelta a ciertos hermosos parajes de las riberas del Dílar. Cómo esparcían aroma las gayombas y otros arbustos, con qué potencia bramaba el río.

La vida se ve muy corta cuando uno se va acercando a la setentena. Lo vivido se ve corto, y lo que se espera vivir…

Ergo, mientras uno pueda ser no un anciano en silla de ruedas sino un mayor en sillín de ruedas, carpam diem.

Navegar

Hay que morir con los deberes hechos

para ganar el cielo sacrosanto.

No hay más remedio que surcar estrechos

que acechan, acometen, matan tanto

si a babor, o a estribor, o si derechos.

Así que no me dejo hundir. Levanto

una vez y otra vez la pronta proa

de esta frágil, tenaz, firme canoa.

Arte

21 lecciones…

Yo ya voy por la séptima.

No hay mejor maestro que Harari.