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Higiene mental

Mis conocimientos de psicología se limitan a mis lejanas lecturas de Freud, allá por mis años universitarios. Después, no recuerdo haber leído otros libros sobre la materia. Sin embargo, sabemos que es una materia omnipresente: en las lecturas y en el trato tanto social como personal o íntimo. Puede que algo sigamos aprendiendo, a lo largo de nuestra vida, acerca de los sentimientos y el comportamiento humano. Y por ello los mayores tienden -tendemos- a ser más tolerantes, menos rígidos en la valoración de conductas ajenas o propias, porque tenemos una más amplia visión sobre el tema.

Para buscar mi propia serenidad, siempre he procurado contar con un espacio propio donde retirarme, donde sumirme en el silencio y la ausencia de estímulos externos. Un retrete, en la última de las acepciones que recoge el Diccionario. En ese silencio la propia intimidad aflora, se esponja y reorganiza.

Para el mismo fin puede valer el paseo solitario y tranquilo; no la caminata turística en la que se requiere, además de ejercitar mucho el cuerpo, encontrar potentes estímulos a los que atender: un paraje, una vegetación, una cascada, una obra de arte.

Claro que puede ocurrir que uno tenga estar preferencias por su tendencia a la introversión. Puede que haya personas que lo que necesiten, para su higiene psíquica, sea zambullirse en el grupo o en la multitud: el bar, la mesa redonda, la reunión del comité, la manifestación. Personas extrovertidas que requieren, para su salud, poner sus almas en debate o esgrima con otras almas. Y de ese encuentro salgan más pulidas o afiladas, como le ocurre al cuchillo cuando se encuentra con el asperón.

El caso es que todos debemos mirar cuanto podamos por nuestra higiene mental. En estos tiempos en que es posible, incluso habitual, el meticuloso cuidado corporal, que llega a incluir la estética en la salud, estaría bien que no perdiéramos de vista la higiene de nuestra mente. Recordando a Jorge Manrique y sus Coplas, no nos empleemos exclusivamente

en componer la cativa,

dejándonos la señora

descompuesta.

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