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Leyre Iglesias entrevista a Antonio Caño

EL MUNDO, 19-07-21

El miércoles a las 11.30 horas Antonio Caño (Martos, Jaén, 1957) recibió una llamada en la cual la responsable de Gestión del Talento de El País le comunicó su despido fulminante. En 2018 Caño llevaba cuatro años como director del diario cuando fue relevado días después de la moción de censura que aupó a Pedro Sánchez a la Moncloa. Ahora, tras 39 años en la empresa (los últimos, como asesor digital y escribiendo una tribuna al mes), el periodista que contó para El País la llegada de los sandinistas o la invasión norteamericana de Panamá afirma que el suyo es un despido ideológico por sus críticas al presidente.

¿Le han dado ya alguna explicación?

Sostienen que se debe a la situación económica de la empresa y a una reorganización interna. Pero me parecen pretextos, porque es evidente que mi despido es ideológico. La empresa ha decidido que mi firma resulta contraproducente para determinados intereses políticos.

¿Qué papel atribuye a Sánchez en esa decisión?

La entrada de Pedro Sánchez en política ha coincidido siempre con mi marginación en El País. A mí me cesan como director siete días después de que Sánchez ganara la moción de censura, y tras un editorial en el que sosteníamos que, aunque la moción era correcta, la mayoría que surgía de ella no daba estabilidad suficiente y el nuevo Gobierno debía convocar inmediatamente elecciones. El domingo siguiente a mi cese, el periódico publicó un editorial, titulado Punto y aparte, en el que sostenía lo contrario. Desde entonces mi vida laboral en El País ha estado llena de obstáculos. En dos ocasiones no se han publicado mis artículos. En otra ocasión la dirección promovió la publicación de cartas de los lectores en contra de mis artículos

¿Qué relación ha tenido usted con Sánchez?

Primero tuvimos una relación profesional lógica y con la intensidad que uno puede imaginar entre el director de un periódico importante y el dirigente del primer partido de la oposición. Apoyamos sus primeros movimientos: le dimos como ganador del primer debate electoral, elogiamos el acuerdo con Ciudadanos… Luego hay una segunda versión de Sánchez tras la repetición electoral. Perdió votos y, arrinconado, optó por vías muy desesperadas. En aquellas circunstancias nosotros ya sí pensábamos que, tras dos fracasos electorales continuados, había que permitir que el primer partido formase gobierno. Ahí la relación empezó a deteriorarse. Él continuó en una huida hacia delante tremenda que llevó al PSOE a un gran estrés culminado en aquella reunión terrible del Comité Federal. E hizo un movimiento máximo: convocar un Congreso Extraordinario en un plazo en el que no daba tiempo a discutir sobre el «No es no». En ese momento consideramos que había superado todos los límites de lo tolerable, que estaba causando un enorme perjuicio a la socialdemocracia, a la izquierda y al PSOE, y que debía irse. Eso no le gustó, y desde entonces me ha acusado de cosas que no son ciertas, de responder a intereses de no sé qué… Trató de desprestigiar a El País, salió en televisión criticando al periódico… Generó todo este clima sobre la «verdadera izquierda» en el que él ganó y a mí me echaron.

¿Y qué es Sánchez? ¿Es la verdadera izquierda?

En absoluto. Sánchez es una adulteración de la izquierda. En España la socialdemocracia ha sido, en mi opinión, la gran fuerza transformadora, siempre con un altísimo sentido de Estado. Con el PSOE se pudo contar en los momentos clave. Sin Alfredo Pérez Rubalcaba, por ejemplo, no habría sido posible la abdicación. Sánchez se ha inventado otra izquierda en su coalición con Podemos, en su confusión con Podemos. Le ha hecho un daño irreparable al PSOE. Y, lo que es más importante, ha hecho un daño que espero que sí sea reparable a España.

¿Por qué?

Porque siempre pone sus intereses personales por delante de los del Estado y los del PSOE. Una vez que fue derrotado por los españoles y por su propio partido, no aceptó ninguna de esas derrotas y, como mal perdedor, dio una patada a la mesa, lo que significaba dar una patada a las instituciones. Y ahí estamos.

¿También le ha dado una patada a la prensa?

Pedro Sánchez tiene más opinión publicada a su favor que ningún otro Gobierno antes. También en radio y televisión. Ningún Gobierno ha tenido un entorno mediático tan favorable como el de Sánchez. Eso coincide con que los medios son más débiles que nunca, con lo cual no solo tiene menos medios críticos, sino que los que tiene son más débiles. Eso nunca había ocurrido.

En ese contexto, ¿es posible ejercer aún el periodismo libre en España?

Sí, pese a Sánchez. Seguimos siendo una democracia plena y la libertad de expresión se sigue ejerciendo, pero cada vez a un precio más alto, porque cada vez es más patente la incomodidad del Gobierno con ciertas opiniones. La selección que hace el presidente para conceder entrevistas es un ejemplo entre muchos. No quiero referirme a mi despido como a otro de esos ejemplos, pero desgraciadamente es así.

A usted le cesaron como director poco después de la moción de censura. Ahora le despiden tras una amplia crisis de Gobierno que incorpora a figuras procedentes del PSOE de Rubalcaba. ¿La remodelación supone un cambio de rumbo o es cosmética?

Por ahora no tengo ninguna esperanza de ver un cambio de rumbo porque no hay un cambio en las alianzas. La personalidad de Sánchez arrasa con todo. El caudillismo que ha impuesto en la dirección del Gobierno y en la del partido no deja espacio al menor atisbo de crítica y hace que cualquier cambio de nombres sea meramente cosmético.

¿A dónde va el PSOE?

Soy muy pesimista. Quiero equivocarme, pero creo que del PSOE no queda nada. Son unas siglas que aún producen una cierta rentabilidad electoral, cada vez menos, cuando antes era un partido vivo, a veces ingobernable. Después de Sánchez el PSOE va a entrar en una larguísima travesía del desierto de la que no sé cuándo saldrá ni cómo. Y es trágico: es un partido insustituible en cierta medida, porque es la izquierda con sentido de Estado. Y eso, a diferencia de la izquierda activista, no se crea de la noche a la mañana.

¿Y el futuro de El País?

Es curioso cómo la historia de El País y la del PSOE han caminado por líneas paralelas casi siempre… El País está ahora en manos de gente que no procede de la historia del periódico, que no conoce su cultura y que en algunos casos ha sido hostil a El País y a PRISA. ¿A dónde van a llevar a El País? No lo sé.

Visto lo visto, ¿se arrepiente del editorial que describía a Sánchez como a un «insensato sin escrúpulos»?

¿Cómo me voy a arrepentir? ¡Si se confirma cada día, por Dios! Ojalá me pudiera arrepentir. Ojalá pudiera llamar a Pedro Sánchez y decirle: «Presidente, siento mucho aquel editorial: era injusto y se ha demostrado falso». Pero la desgracia es que aquel editorial se ha demostrado cierto. Anticipó todo lo que nos ha ocurrido.

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