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JAIME LAMO DE ESPINOSA. Entrevista

Jaime Lamo de Espinosa, ex ministro de Agricultura: «Sin riego ni trasvases habrá hambre»

Viene de los tiempos del consenso del 78. Le cuesta entender que el agua sea de las autonomías y que no haya acuerdo para una política hidrológica. Sobre todo, con esta sequía

Emilia Landaluce. EL MUNDO, 31 de marzo de 2023

Nacido en Madrid en 1941, es catedrático emérito de Economía Agraria y catedrático Jean Monnet. Fue ministro de Agricultura (1978-1981) y presidente de la XX Conferencia General de Food and Agriculture Organization (FAO). Es de las personas que más sabe de agricultura de España, un sector vital en este tiempo de sequía.

Con la cercanía de las elecciones autonómicas, parece que se recrudece la llamada guerra del agua.

La guerra del agua se ha recrudecido desde los decretos de enero en relación con las confederaciones hidrográficas. Sobre todo porque han puesto en cuestión -y en duda- lo que va a suceder con el trasvase Tajo-Segura. No hay que olvidar que esa es una obra importantísima que nació en la II República, que se consolidó en la época de Franco y que se inauguró con Joaquín Garrigues en la transición. El trasvase ha convertido el rincón de Murcia, Alicante y Almería en la gran huerta de Europa. Pienso que hay que mantener el trasvase Tajo-Segura vivo porque suplir el agua del trasvase, agua que viene del Tajo, por agua desalada tiene muchísimos problemas. Principalmente de coste, para empezar, coste que habrá que subvencionar con garantía de tiempo. Defiendo con entusiasmo ese trasvase y su acueducto.

Una pregunta un tanto filosófica: ¿de quién es el agua?

El agua es de todos, es un bien de dominio público estatal, es un bien común para su uso agrario, industrial, urbano y turístico. Esta es una nación con un Estado de las Autonomías, pero las autonomías no son las dueñas de las cuencas hidrográficas. Las gestionan cuando la cuenca hidrográfica transcurre por una sola autonomía. Pero cuando un río tiene una cuenca que transcurre por varias autonomías, el regulador es el Ministerio y, por tanto, las aguas no son de ninguna comunidad. Son del conjunto y están para el bien común. Y una de las necesidades del agua es el problema de los riegos y la inseguridad alimentaria. Estábamos saliendo de la inseguridad alimentaria mundial y hemos vuelto a caer en ella. Y, como he dicho desde hace años: la agricultura española será de riego o no será. El 25% de las tierras agrarias españolas que son riego aportan el 65% de la producción agraria. Y , a su vez, un mundo sin hambre será de riego o no será porque, en caso contrario, habría un hambre generalizada y creciente. Y la FAO está muy temerosa hoy ante esa situación. El propio Paolo de Castro, presidente de la Comisión de Agricultura del Parlamento Europeo, que ha estado aquí hace una semana, ha dicho que conviene hacer presas y acumular agua en vista del cambio climático.

Pues aquí en España se quiere dinamitar el embalse de Valdecaballeros.

A mí me parece un grave error. Necesitamos almacenar agua para prevenir malos tiempos merced a la lluvia cuando esta nos llegue. Hacen falta más y azudes, no menos.

¿Y por qué cree que los políticos no ven esto? En China se siguen haciendo grandes presas. En las dictaduras es más fácil hacer obras públicas que en las democracias… Los famosos pantanos de Franco.

En China, en Marruecos, en todas partes… Las obras no las hizo Franco solo. Las grandes obras las proyectó Manuel Lorenzo Pardo que en la II República propone el plan que conduce a la regulación de muchos ríos y al trasvase Tajo Segura. Y son los regantes de Alicante, Murcia y Almería los que han transformado aquellas tierras de secano con su esfuerzo y su patrimonio.

Y es el destino de trabajo de muchos inmigrantes en su primer empleo.

Exactamente. Y, además de los empleos fijos, están todos los eventuales, los esporádicos, los que trabajan en los momentos de poda, recolección, etc. Y muchos inmigrantes se van a vivir a este rincón de Europa. Y lo que hay que hacer es potenciarlo.

Se quejan porque se llevan el agua a Levante para hacer campos de golf…

El tema es que el 70% del agua dulce del mundo se utiliza para riego y debemos ser capaces de aprovechar ese agua para producir cada vez más. Hace 40 años, España era un país deficitario en términos comerciales. Teníamos una balanza comercial agraria desequilibrada y exportábamos bastante menos de lo que importábamos. Hoy somos una gran potencia exportadora europea y mundial. El Sistema agroalimentario supone más del 10% del PIB y 2,8 millones de empleos. Tenemos un volumen de exportación equivalente al de bienes de equipo. Lo importante es aprovechar el agua de una manera eficiente. Y lo hacemos, somos el primer regante de Europa: 3,8 millones de hectáreas, con la mayor eficiencia en el uso del agua.

El ministerio de Transición Ecológica minusvalora el riego.

Como le he dicho antes, la agricultura española será de riego o no será. Y un mundo sin hambre será de riego o no será. Debemos potenciar los regadíos, en lugar de ir contra ellos. Todos los países del mundo tratan de hacerlo.

La agricultura cada vez pierde más peso en Europa.

No es así. Macron acaba de cambiar el nombre del Ministerio de Agricultura de Francia por el de Ministerio de Agricultura y de la Soberanía Alimentaria. Francia es una potencia agraria y presume de serlo. Y en Holanda hay un fuerte movimiento proagrario. Es decir: hay una preocupación por el mundo de los alimentos futuros, e incluso en un país tan productivo agrícolamente como Francia se busca la soberanía alimentaria. Tenemos que ser conscientes de que el sector agroalimentario es un sector potentísimo de la economía española y que debe de ser defendido. Pero eso solo se logrará a base de regar con presas y aguas subterráneas, porque el coste energético de las desaladoras es inasumible, salvo que trabajen con energía solar. La política de trasvases que planteó Borrell hace años me pareció muy oportuna. Se trataba de interconectar unas cuencas con otras para los momentos de sequía.

Cristina Narbona, su mujer, no debe de pensar igual.

Parcialmente, sí. Puso en marcha un plan de desaladoras muy eficaz para los usos urbanos e industriales, pero no apto para los regadíos por su alto coste. En enero han aprobado estos planes hidrográficos en un boletín oficial que tiene miles de páginas y que vamos a ver cómo evoluciona. Intuyo que habrá cambios. En cualquier caso, soy un ex ministro que viene del consenso, de la generosidad, de los pactos. Y yo creo que el agua es un tema lo suficientemente importante como para que el Ministerio de Agricultura, el Miteco -ambos- y las organizaciones de regantes se reúnan, discutan y lleguen a soluciones amables, conjuntas, que no generen problemas. Creo que ese debería ser el buen camino.

Lo veo chungo.

Pues llegar a un acuerdo para la Constitución era mucho más difícil. Todos pedimos y cedimos en unas cosas o en otras para llegar a una solución de consenso que fue la Constitución del 78. Los Pactos de la Moncloa nos enseñaron a negociar, pactar. Pues hay que llegar a una situación parecida en materia de agua.

¿Por qué dice que puede volver a haber hambre?

Porque ya está ocurriendo. Yo fui presidente de la FAO en 1979 y desde entonces estoy al tanto de todos sus informes sobre seguridad alimentaria mundial. Pues bien, hace unos meses, había 835 millones de personas pasando hambre. Y ahora superamos ya esa cifra. Es decir, las cifras van creciendo porque desgraciadamente el cambio climático está introduciendo elementos de perturbación a los que se añade la guerra de Ucrania.

Ucrania y Rusia han sido siempre el granero de Europa.

Sí, ya Joaquín Costa escribía en sus libros su sorpresa al comprobar que el trigo que llegaba desde el Alto Aragón a Barcelona lo hacía a precio más alto que el trigo que llegaba a Barcelona procedente de Odessa. Y es cuando plantea que es necesario transformar España e inventa y defiende la política hidráulica diciendo aquello de «muchas acequias y canales y pocos ríos caudalosos». Hay que releer a Costa.

¿Qué supone la guerra en materia alimentaria?

Lo que está pasando en Ucrania y en Rusia con la reducción de cosechas es que vamos a tener problemas de desabastecimiento, ya los tenemos. Tiene que haber cosechas y funcionar el corredor de Odessa. Los hombres deben trabajar las famosas tierras negras y no estar en guerra. Y además hay malas cosechas por las sequías desde EEUU a Argentina. Por tanto, vamos camino de un 2023 con menores reservas y producciones de cereales básicos alimentarios. Y eso generará más inseguridad alimentaria. Y hay que ser conscientes que acabar con el hambre en el mundo es lo más importante.