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Ubicuidad

 No en todas partes.

En mi mente no está

el Padre Dios.

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¡Ah, María!

¡Ah, María!

Te amaría

si yo viera

que por fuera

eres fiera,

mas por dentro,

hasta el centro,

ambrosía

roja y fría

cual sandía.

 

¡Ah, María,

cómo eres!

Si me quieres

y hasta infieres

que mujeres

de tu talla

nadie halla

más que yo,

no que no,

di que sí,

ven a mí.

 

Ah, María,

te creí,

te serví,

te perdí.

Y morí,

ama mía,

por ti.

Tarde

Tarde llegué a tu playa,

mar de poniente.

Mi caudal se ha secado

antes de verte.

 

Nací de la montaña

y fui torrente.

Mi caudal se ha secado en el llano.

Ya no me queda nada

para tus ondas verdes.

Dichos célebres de mi… de lo que fue mi pueblo

  1. Si quieres morir, avisas. Lo decía el Arcadio, cuando alguien se le propasaba con alguna broma o alguna provocación.
  2. Así no vas tú a Maquirena. Se le decía al que andaba abriendo mucho el compás de las piernas, mientras contaba los nueve pasos para tirar el penalti.
  3. Eres más cabezón que los marranos de Maracena, que eran dos y por cojones querían dormir uno en medio. No necesita explicación.
  4. Teta y sopa no cabe en la boca. Cuando alguno quería simultáneamente las ventajas de dos posiciones diferenciadas.
  5. Ídem recontraídem. Se lo decías a alguien que se había cagado en tus muertos.
  6. Como los pavos de la tía Cañota: dos por tres calles. Cuando los que tenían que hacer algo codo con codo andabas desperdigados, cada uno a su bola.
  7. No hay marrano que no sea asqueroso. Si alguien se lavaba más de la cuenta: porque le daba asco de todo.
  8. Corazón sin trampa, morcilla sin ataero. No esconder en el corazón algún secretillo, es llevar una vida antinatural, es como… una “morcilla sin ataero”.
  9. De la calle vendrá el que de tu casa te echará. Ándate con ojo con nueras y yernos.
  10. Caga más que los chaveas de Mites. Cagar era presumir. El otro significado lo conoce todo el mundo.

De realidades y de sueños

 

Vamos todos, los cinco de la familia, en el coche; y Alma se lamenta de que todavía esta noche ha soñado, dos meses después de que acabara el curso para ella, que no había aprobado no sé qué   asignatura (yo no presto mucha atención porque voy conduciendo, pero sea cual sea la asignatura del sueño, la tiene aprobada desde junio si no desde antes).

A continuación yo comento que me parece un tipo de sueño bastante corriente: el que reproduce una situación de agobio cuando ésta es ya agua pasada. Por ejemplo, a mí me ocurrió soñar durante varios años con que estaba haciendo las pruebas correspondientes a las oposiciones, siempre de la peor manera; y ello a pesar de que fui opositor por poco tiempo y con poco agobio. Y todavía me pasa con relativa frecuencia: sueño, por ejemplo, escenas referentes a mi trabajo: escenas angustiosamente disparatadas, que me hacen temer lo peor. Y cuento, por encima, un sueño de hace muy pocas noches, en medio del cual desperté con gran ansiedad; pero incluso despierto, seguía barrenando sobre lo mismo; hasta que algo más tarde y algo más despierto, comprendí que la situación que había soñado era absolutamente imposible en la realidad.

Esta conversación familiar tuvo lugar ayer, viniendo desde Algeciras a Granada. Pues bien, esta noche he tenido otro sueño por el estilo. Y, aunque bastante menos angustioso, me he despertado en medio del mismo y ya no me he vuelto a dormir. Así que me he levantado antes de lo previsto; de lo que no me quejo: ahora estoy oyendo la algarabía de las golondrinas en el silencio de La Calleja, mientras escribo estas líneas. Y he aquí lo que recuerdo del sueño:

Estaba en una clase que más que una clase parecía un bar abarrotado y tumultuoso; y yo, con un botellín de cerveza en la mano, me disponía a dictar a aquella gente, que eran mis alumnos, la lección: leyéndola en la etiqueta de mi botellín de cerveza; en él estaba escrito el texto que íbamos a comentar, y que trataba del “literalismo” (una palabra inventada en el sueño, supongo), o sea, en los errores que ha producido en el estudio de la poesía la interpretación literal de distintos pasajes. Y el autor del texto del botellín era alguien que había hecho un trabajo de recopilación y análisis de las interpretaciones literales y erróneas que se han escrito acerca de los poemas del último libro de Miguel d’Ors; libro cuyo título ahora mismo no recuerdo, que apareció hace sólo unos meses y que yo pensaba no comprarme, a pesar de lo mucho que me gusta la poesía de d’Ors.

Así que en estos momentos me pregunto: ¿era éste el origen del sueño, el pasar de comprarme este libro a pesar del interés que me suscita?

Mi hija Clara dijo ayer que hoy iba a bajar a Granada (estamos en Gójar), a un asunto suyo. Todavía Clara no se ha levantado; pero, cuando se levante, tendré que pedirle que se pase por la librería y pregunte; a ver si hay suerte y lo tienen.

Mi amigo Joaquín