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Futura

Apuntábamos ayer la posible –o incluso inminente– aparición, si la Tierra no sufre antes un definitivo cataclismo natural o artificial, de una nueva especie, generada a partir del Homo Sapiens y superadora de éste.

Veamos ahora alguna de las características de ese Superhomo.

La primera será la adaptación a entornos con severa escasez de agua potable: la consistencia de su piel, similar a la de los lagartos, y la pequeña proporción de componentes orgánicos le permitirán vivir cómodamente en desiertos como el de Sonora o el de Iberia, o en planetas inhabitables para el Sapiens.

La segunda será la organización social y política, deducida a través de programas informáticos. De modo que, si podrán vivir en un medio de poca agua, lo harán igualmente en una comunidad sin individuos dedicados a la política.

Y la tercera sería el régimen de aprovechamiento de los Sapiens no eliminados sino mantenidos como especie domesticada y auxiliar. También a éstos los organizarán según una clasificación científica, no de “a ojo de buen cubero” como la que empleaban los romanos de la Antigüedad con sus esclavos. Los destinados a servicios subterráneos marítimos, rurales, industriales, urbanos, domésticos, habrán sido seleccionados en función de sus mejores cualidades; de modo que podrán sentirse realizados, agradecidos y cómodos en ese régimen de esclavitud benigna, por lo que no habrá conatos de rebelión (no habrá Espartacos, por seguir con el contrasímil), lo mismo que ahora no los hay entre las ovejas o las gallinas.

De modo que los Superhomos regirán un mundo en paz, por lo menos mientras no encuentren, en sus viajes por el Espacio, algunos entes vivos que les busquen las cosquillas.

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Que trata de lo que verá el que lo leyere

El crimen, el delito mayor contra la moral y el derecho, yo lo clasificaría en interno y externo.

Con interno me refiero al que se comete dentro de las familias. El primer criminal según la Biblia fue Caín, que mató a su hermano Abel. Desde entonces hasta ayer, triste día en que nos anonadó la espantosa noticia de que un padre había degollado a su hijita de dos años. Pasando por Medea –anteayer la trajo a Gójar Remedios Higueras y su compañía teatral Aristai, magníficamente–, la abandonada por Jasón y asesina de sus propios hijos.

El crimen externo es un delito entre vecinos: nadie mata al que está a una distancia insalvable. Lo que ocurre es que, en el mundo actual, todos, además de congéneres –qué pena que no hermanos–, somos vecinos: los aviones, y más las comunicaciones, vuelan muy rápido.

En sociedades tecnológicamente menos evolucionadas, el crimen se cometía contra el rival. Y recordaremos que rival viene de rivus, arroyo. Los rivales eran los vecinos beneficiados por las claras corrientes de un mismo arroyo, quienes, en no pocas ocasiones, han llegado a matarse por desavenencias en el reparto del agua.

El gran invento para justificar la matanza de vecinos fue el de nación, que llegó a su culmen, de atrocidades, en el siglo XX: mientras no termine el XXI; cuando eso ocurra, quien esté vivo y estudie Historia podrá saber si el XXI ha superado al XX.

Como decía hace unas líneas, ya todo el mundo es vecino, rival por tanto.

Urge crear o reactivar una serie de instituciones internacionales, mundiales, que apliquen un código común, un Derecho Internacional efectivo, para el trato entre vecinos, entre todos los humanos. Y urge que los Estados constituidos como democracias presionen por medios legales a aquellos que no lo son, para que también se conviertan en democracias homologadas.

Pero es muy posible que ese deseo, o milagro, no se cumpla. Que, entre catástrofes naturales –como el terremoto de esta pasada tarde/noche en una zona de la frontera entre Irak e Irán–, catástrofes naturales propiciadas por los humanos –cambio climático…– y guerras, el siglo XXI sea más horrible que todos los anteriores.

Pero, además, hay otro peligro en el horizonte… El humano lleva camino de crear, mediante la manipulación genética, la tecnología cíborg y la inteligencia artificial, una especie nueva que supere a su creador. Y lo lógico es pensar que ese superhomo tratará a los humanos como los humanos han tratado a las especies domesticadas, vacas, ovejas o caballos: en su propio beneficio; es decir, eliminando a los rebeldes y favoreciendo a los sumisos.

Como decía en mi pueblo el viejo Don Pepe, el que viva lo verá.

Decimaníaco

En la pestaña Versos —de este blog, claro— acabo de colgar otro cuaderno: Decimanía. Poemillas monoestróficos de una décima; o, si lo prefieren, de diez céntimos. Como en el cuaderno aparecen 199 unidades, de cobrarlos al precio al que parece aludir el nombre, una décima de euro, ingresaría ahora en mi bolsillo la suma de 19,9 euros: algo es algo.

Pero quizá su nombre aluda a una unidad de tiempo —que también es oro, como el euro—: décimas de hora, ratitos de seis minutos, que es lo que se supone que gasta el autor en componerlos. La verdad es que no he empleado mucho más tiempo de ése para darlos a luz —una vez que los he visto asomar por alguna parte—. Seguramente que tardo más en lavarlos y vestirlos para que estén en su punto de presentación, aunque tampoco mucho más. Olvidarlos también es algo que me ocurre con rapidez.

Por eso está bien que queden aquí en su ser, vivos en cuanto alguien los lee, dormidos —como las notas en el arpa de Bécquer— mientras nadie los mira o los oye.

Antes de este recién sacado cuaderno, como veía que las décimas iban a más en mis archivos de versos, hice de ellas un repaso recopilatorio que quedó recogido en el archivo Lo que en décimas decimos. Las reunidas ahora en Decimanía no pertenecen a ningún cuaderno anterior, aunque una parte de ellas —entre un cuarto y un tercio, diría yo— han aparecido en el blog inmediatamente después del alumbramiento.

Me gustaría dar por cerrada, clausurada, precintada, la carpeta de las décimas, pero no tengo nada claro ni hago planes (así evito incumplirlos).

Espero, eso sí, poder seguir dedicando algunos ratos, del tiempo que me quede, a la diversión de la escritura.

Inteligencia Vs torpeza

Desde siempre (Sócrates: “soy ciudadano del mundo”) la inteligencia humana ha tendido a comunicarse, abrir caminos, construir puentes, borrar fronteras.

La torpeza humana ha preferido siempre lo contrario: cerrar pasos, recelar del forastero, mirarse el propio ombligo y cantar sus excelencias.

“Bajo” mi punto de vista

Desde la etapa de la Transición, se han cometido algunos importantes errores, pero han sido más los aciertos. Y los resultados están a la vista: España es hoy un país moderno, democrático, desarrollado e integrado en la Unión Europea.

Entre los errores, yo, como profe de Lengua, aunque ya jubilado, destaco uno: no haber sido escrupulosos en lo que se refiere al uso de las dos lenguas en las tres comunidades bilingües: lenguas rigurosamente cooficiales en todo lo oficial, rigurosamente igual de disponibles en todo lo particular.

Y serás de tu móvil

Probablemente el fenómeno social más extendido en la última década, al menos en los países desarrollados —a los que el resto de la humanidad se incorpora a pasos de gigante—, el fenómeno más extendido, decimos, ha sido el del uso constante del teléfono móvil o smartphone, que todo el mundo lleva en el bolsillo cuando no en la mano, y usa constantemente.

Es un fenómeno que uno explica en consonancia con otros usos y hábitos anteriores, todos sintomáticos de la preferencia que sentimos por observar las imágenes de la realidad, en lugar de observar directamente la realidad misma (tendencia al autoengaño, en definitiva). Es lo que hacía la humanidad de la caverna platónica, la humanidad de la caverna burocrática, la comunidad de la caverna artística y aquella zorra, tan humana, de Kahlil Gibran, que para saber cuánta hambre tenía no se prestaba atención a sí misma, sino que miraba su sombra.

Tras las gustosas horas dedicadas a la lectura de Harari (De animales a dioses y Homo Deus), tiendo a interpretar este hábito humano del móvil, tan generalizado, como nuestra adecuación a la nueva religión que ya se impone, la del dataísmo.

Después de las religiones teístas, vinieron las “religiones de la ley natural nuevas como el liberalismo, el comunismo, el capitalismo, el nacionalismo y el nazismo”; de alguna de las cuales —o de varias— nos hemos sentido fieles adeptos.

Los ahora en constante contacto con el artilugio moderno del móvil somos como los antiguos devotos del escapulario en el pecho o la estampita de la Divina Pastora en la cartera; somos devotos de la nueva religión: el dataísmo.

¿Cuál es el futuro que nos espera? El móvil se irá perfeccionando, tendrá acceso a una infinita cantidad de datos, no sólo sobre el mundo sino también sobre nosotros mismos, que iremos cediendo nuestra propia autonomía a nuestro móvil, hasta quedar convertidos en meros utensilios en manos de éste, que nos manejará sin limitaciones; y habremos dejado de pertenecer a la especie Homo sapiens.

Juventud, vejez y muerte

-El cuerpo de un hombre es joven mientras luce más desnudo que vestido.

-La mente de un hombre es joven mientras sabe ganarse la atención y el agrado de su interlocutor.

-El cuerpo de un hombre está viejo cuando suscita en su próximo el deseo de ayudarle.

-La mente de un hombre está vieja cuando ya su discurso le resulta penoso al oyente.

-Un hombre está muerto cuando cuando su próximo piensa que ya nada puede hacer para ayudarle.

NB: ‘hombre’, género y número no marcados.