• Páginas

  • Archivos

  • septiembre 2021
    L M X J V S D
     12345
    6789101112
    13141516171819
    20212223242526
    27282930  

Oficios y profesiones

Las palabras profesión, profesor, profesar tienen un enorme atractivo para cualquier aficionado a la filología. No vamos a entrar ahora en orígenes o etimologías. Sólo diremos que, para un hablante de cultura media o estándar que se pare un momento a considerarlas, tendrán, en muchos contextos, una connotación religiosa: profesión de fe, profesar votos perpetuos.

Tampoco vamos a acudir ahora a la explicación etimológica de la palabra oficio.

Si yo tuviera que establecer a mi modo, desde mi extensa ignorancia, la diferencia entre profesión y oficio diría que el oficio se conforma con una entrega limitada: oficiar es ejercer una labor útil y remunerada durante un tiempo acordado. La albañilería y la carpintería son oficios.

Y, si tuviera que explicar lo que es el ejercicio de una profesión, diría que consiste en aplicarse a una tarea con una actitud vocacional no limitada por horario o por salario: con una entrega total. Como un monje, así un escritor, un compositor, un detective, un agente secreto, un militar, un científico.

El ejercicio así, como yo lo concibo, de una profesión no es adecuado para cualquiera, sino para aquellos que sientan íntima y fuertemente el impulso, la llamada, la vocación.

¿Tienen, quienes en tal sentido profesan, que renunciar a otras atracciones, dedicaciones, afectos, satisfacciones, pasiones de la vida humana? Evidentemente no. Pero sí posponerlas.

Y cuando hablamos de posponer esposa o marido, de posponer hijos o padres, de posponer novios o amigas, de posponer fines de semana o vacaciones, de posponer dinero o salud, estamos hablando de mucho posponer.

¿Adónde quiero ir a parar con esta diferenciación entre profesión y oficio? Quiero concluir que quien se entrega a una actividad humana en esta actitud vocacional, absorbente y total, debe ir siendo consciente de dónde se mete. Y quienes están junto a él, o ella, deben serlo también.

Un (o una) militar que no sea un mero chusquero debe tener bien asumida su disposición, en pro de su objetivo, para el sacrificio, para la entrega, para la pérdida. Disposición que su esposa (o marido) tendrá que compartir: el cónyuge deberá asumir tareas y sacrificios que no asumiría si fuera pareja de un fontanero o de una empleada de banca.

Y termino. El mundo progresa porque hay individuos que se entregan así a lo suyo: como Beethoven a su música, como Einstein a su ciencia.

Candelaria

Ayer, en mi paseo matutino, vi algo que me resultó llamativo en la ciudad: una hilera de procesionarias que, saliendo de una zona ajardinada, atravesaba la acera y la calle; una calle de poco tráfico, pero no tan poco que no corrieran el riesgo de que algún vehículo les interrumpiera la procesión: en castigo por ir tan pegaditas unas a otras en estos tiempos de covid.

Hoy la procesión que toca es la de las candelas, día de la Candelaria, esta sí que supongo papalmente dispensada este año.

Aunque ninguna parroquia la celebre por los riesgos de contagio que pueda implicar, bien está que pensemos en la celebración de la candela, si no en su vertiente cristiana, con el pensamiento en la imagen de la Presentación del Niño en el Templo y la Purificación de su Madre, sí en su significado humano, en lo que supuso para nuestra especie el descubrimiento del fuego y las posibilidades de su uso con diversos fines.

También podríamos pensar en la candela o en el fuego como símbolo de la luz de la inteligencia, tan necesaria para una vida correcta, productiva y feliz.

Y en seguida, desde los recuerdos de nuestra niñez, como figura la más señera en materia de inteligencia o sabiduría, acude a nuestro presente el rey  Salomón, hijo de David, el que, cuando su dios, Jehová, se le presentó en sueños para ofrecerle el don que eligiera, a su dios respondió: “Da, pues, a tu siervo un corazón entendido para juzgar a tu pueblo, y para discernir entre lo bueno y lo malo”. Y Jehová le dijo: “Porque has demandado esto, y no pediste para ti muchos días, ni pediste para ti riquezas, ni pediste la vida de tus enemigos, sino que demandaste para ti inteligencia para oír juicio, he aquí que lo he hecho conforme a tus palabras; he aquí que te he dado corazón sabio y entendido, tanto que no ha habido antes de ti otro como tú, ni después de ti se levantará otro como tú” (cito por la edición Reina Valera 1960).

De modo que, propongo, amemos la sabiduría (y su símbolo, la candela) como la amó Salomón. Y como no somos Salomón, nunca creamos que ya sabemos lo suficiente.

Quejas

Parece, o es seguro, que vivimos en un período de aceleración del cambio climático. A saber adónde irá la humanidad con ese cambio, y con los otros cambios.

Lo que sé es que ahora mismo resido en una ciudad que climáticamente se acerca mucho a un paraíso. Ciudad a la que llegan mendigos procedentes de cualquier punto de la Tierra y se quedan en ella muchos años, viviendo o sobreviviendo. En cambio en Alemania… Julio Camba escribía en una de sus crónicas que en Alemania no había mendigos. No podían sobrevivir. Nieve sí que había, mucha. Y la iban apartando, a donde no entorpeciera, los residentes, con un estoicismo rutinario.

Aquí, en esta ciudad, hay un invierno que dura el mes del solsticio: del 15 de diciembre al 15 de enero. Ayer, 16 de enero, día espléndido, ya se veía, desde la carretera que serpentea entre el mar y la montaña, se veía la playa bastante concurrida; no sé si con las debidas precauciones de distancia física; porque yo pasaba con mi rucha y no veía con detalle.

Un paraíso climático, ya digo. Pero aquí la gente se queja mucho del frío y del calor. Seguramente por pereza, por no andar buscando otros temas de conversación menos convencionales.

A mí lo que con más inmediatez me preocupa de este cambio climático es la posible escasez de agua potable, lo que en otras zonas es tristemente habitual. En esta urbanización, hace pocos días, hubo un corte de suministro que duró unas doce horas: de las doce de la noche a las doce de la mañana; y qué penoso se nos hace ese tiempo, a pesar de contar con algunas carrafas llenas en el sótano o en la despensa.

Deberíamos hacer mucho más para el mejor aprovechamiento del agua que se nos brinda, mucho más para mantenerla libre de productos tóxicos. Sin embargo uno no ve que esta sea una preocupación social importante, ni un campo de trabajo prioritario para los gobiernos. Solamente son noticia, o tema de conversación, o de lamento, los daños que a veces hace el agua cuando cae, o cuando se acumula. Siempre a posteriori, nunca, o casi nunca, prevemos.

Aquí Filomena nos trajo lluvia mansa, beneficiosa. En muchas zonas y ciudades del interior cayó abundante la nieve; y, acto seguido, los fríos polares la congelaron, la convirtieron en peligrosa roca. Pues eso hubo, y eso es lo que hay que remediar en cuanto se pueda; y no quejarse tanto, que las quejas solo son desahogos de pusilánimes (algo así diría don Quijote).

Por cierto, hoy es día de San Antón, otro don Quijote que, siendo el inventor de la vida austera de los eremitas, a los granadinos les dejó la nada austera receta de su famosa olla, capaz de resucitar a un eremita finiquitado. En esta casa nos hemos adelantado un día: la comimos ayer. Y quéjate, hermano, si no te está permitido metértela en el cuerpo.