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Ser (y no ser) buenos

Se acaba el curso escolar y a los pocos días parece que ya tengo mono de algunas tareas que llegan a hacerse tan pesadas en el curso: corregir, por ejemplo.

Y aquí me tenéis, leyendo en el último número (el 87) de la revista Clarín un interesante trabajo sobre Valle-Inclán (todo lo relacionado con este escritor me es interesante), y ya con ganas de reprocharle a su documentado autor algunos descoyuntamientos gramaticales:

1. La experiencia le resultó de lo más satisfactoria. “De lo más satisfactorio”, ha debido escribir”. Aunque este solecismo es tan frecuente entre hablantes, o escribientes, no iletrados, que los académicos no tendrán más remedio que aceptarlo; “de lo más”: una nueva locución adverbial, como “por demás”. Y santas pascuas.

2. Que duda cabe que esta versión de los hechos resulta sorprendente. “Qué duda cabe de que esta versión de los hechos resulta sorprendente”. Así, en este mismo número de Clarín, escribe Felipe Benítez Reyes: […] no cabe duda de que se trata de un gesto acorde con el sentido del humor de Bladimir Nabokov”.

3. […] su dedicación es cuando menos relajada. “Su dedicación es, cuando más, relajada”. Es decir, cuando Valle se dedicaba más a cumplir con su trabajo de dar clase de Estética en la Escuela Especial de Pintura, Grabado y Escultura, lo hacía de una manera relajada. Y cuando se dedicaba menos, casi se limitaba a cobrar por ese “trabajo”. Lo cual no tiene nada de espantoso, porque nadie es bueno en todo. Una idea que no deben perder de vista, para no perderse, quienes son muy buenos en algo.

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Errare humanum divinumque

· Acabo de leer el último de José Luis García Martín, Hotel Universo. Cuando iba por la página 20, más o menos, ya me estaba diciendo a mí mismo que tendría que empezar a releerlo en cuanto acabara la primera lectura. No obstante, al acabarlo, pienso que para mí ha sido un curso intenso y acelerado de vida y literatura (cómodamente recibido en mi casa, impartido por un maestro que nació un año antes que yo), y que, como después de cualquier curso, habrá que tomarse unas vacaciones, por breves que sean. Además, ahora me toca a mí ejercer de maestrillo de párvulos adolescentes en día de asueto; y por ello echo mano de mi rotula rojo y señalo un fallo gramatical por tres veces perpetrado en este libro –y en muchos otros escritos que andan por el mundo–. El viaje fue un 11 de diciembre de 1980 […]. Esta es la tercera vez que el autor utiliza esta construcción, en la página 242. ¿Por qué iniciar el sintagma con un determinativo indefinido si en la historia sólo ha existido un 11 de diciembre de 1980? Claro que, bien pensado, cada uno de los que lo vivimos, vivimos nuestro propio y particular 11 de diciembre de 1980. Yo, por ejemplo, había empezado a trabajar, el día 1 de ese mismo mes, en la oficina de una empresa de viveros.

· El periódico El País tiende, mucho más que cualquier otro en lo que yo conozco, a los titulares metafórico-hiperbólicos. Y opino que ello es una imperdonable desviación del espíritu periodístico. Antonio Muñoz Molina, dentro de este mismo periódico, lo lamentaba hace unos meses. Pero no parece que haya servido de nada su crítica… Así titulaba en portada el pasado miércoles: Aguirre exige a Rajoy la cabeza de Cobo antes de negociar sobre Rato. Qué feo me parece… Es evidente que los responsables del periódico han querido inducir a los lectores a que asocien este caso a tantos crímenes de la historia o de la leyenda en los que cortar la cabeza no era una metáfora. La de Cicerón, por ejemplo: “Desgreñado, pero sereno, el viejo político asomó la cabeza desde el interior de su litera y un centurión le asestó el golpe fatal. Le cortaron la cabeza y la mano derecha (quizá también la izquierda) y se las llevaron a Antonio a Roma”. Robin Lane Fox, El mundo clásico. O la de San Juan Bautista: “Et decollavit eum in carcere, et attulit caput eius in disco, et dedit illud puellae, et puella dedit matri suae. Evangelium secundum Marcum, VI, 27-28. Señor director de El País: sea usted mejor periodista.

· He sacado y sonsacado otra vez los latines porque el mismo día que El País daba el titular arriba copiado, Pedro G. Cuartango escribía en El Mundo una preciosa columna titulada “El abismo sin fondo de la nada”. Preciosa hasta que citaba en latín la fórmula de la imposición de la ceniza el día del comienzo de la Cuaresma. Una frase muy a cuento cualquier día del año. Y más, si cabe, por estas fechas, tan próximas al Día de los Difuntos. Pero Cuartango desbarata la frase y la reduce a un latín sacristanero e infame que no pienso reproducir aquí. Señor Cuartango: repase usted sus latines o cite por la traducción española. Al fin y al cabo, el polvo o la ceniza en que nos vamos convirtiendo son los mismos se nombren en el idioma que se nombren.

Calamitusses

Elijo este título para una nueva categoría o sección en este blog. Me gusta más que el de Calamilapsus no sólo porque esta expresión es ya mostrenca, sino porque algo, a mi ver, tiene de inadecuada; ya que con ella nos referimos sólo a los deslices erróneos de la pluma, sin tener en cuenta que la pluma entintada (hasta la invención de las máquinas de escribir…) lo que hace siempre es deslizarse sobre el papel, tanto cuando el que la usa construye expresiones felices o geniales, como cuando construye errores más o menos chocantes o llamativos.

Quede claro que los más llamativos son los que a un servidor (de Certe patet) le van a interesar para esta sección: los más estridentes, ésos que suenan como las toses en el solo de violín en un concierto. Sólo, como diferencia, que estas toses no las produce un oyente del concierto, sino que se trata de la tos mental del violinista, que es transmitida al instrumento, que, a su vez, la “altavocea” a los oyentes.

Por supuesto, no hay, por mi parte, ninguna intención de ridiculizar a los usuarios de la pluma que aquí aparezcan… ¡Quién no comete errores! Incluso el más sabio: Aliquando bonus dormitat Homerus. Pero también es verdad que, para el que escribe –como para el que quiere hacer bien cualquiera otra actividad–, todas las revisiones son pocas; y dejarse llevar de la pereza en lugar de consultar una duda es algo a lo que todos estamos expuestos; y algo que todos, con la propia diligencia, debemos combatir.

“Este maestrillo –pensará el certepático lector—lleva un par de semanas sin corregir los escritos de sus alumnos; y ya le ha entrado el mono.” Tienes toda la razón, lector de Certe patet. Y un hábito no hace al monje, pero sí un conjunto de hábitos. De modo que tú también, si miras qué conjunto de hábitos cultivas, podrás saber con bastante precisión qué clase de monje eres.

Y entro ya en harina.

Podría decirse que está de oyente –strictu senso—en el Consejo de Ministros. Dice Francisco Rosell, hablando de don Manuel Chaves, en su artículo de El Mundo (05/07/09). Y si Rosell tiene razón en el contenido de esta frase (¡que la tiene!), llama la atención, e incluso resulta divertido, su error en el latinajo. El articulista recuerda que, en este sintagma latino, una palabra acaba en –u y la otra en –o, pero hace intercambio de estos finales vocálicos; y, tal como le queda, la secuencia recuerda a un niño pequeño que se pone los zapatos al revés: el derecho en el pie izquierdo, y el izquierdo en el pie derecho.

Antonio Heredero, de El País, bajito, cualquiera reconoce su voz inconfundible, habla a gritos, pone de chupa me dómine a todo el mundo […].

Juan Antonio Pérez Mateos, ABC. Serrano 61.Historia íntima del diario. Cien años de “un vicio nacional”. Ed. Libro-Hobby. Madrid, 2002.

La chupa de dómine a mí siempre me hace recordar la sotana del dómine Cabra, de Quevedo. Ambas, las sotana y la chupa, cubiertas por una pátina de mugre amasada en lustros sin lustre, y sin jabón. En la variante que aquí ha introducido el señor Juan Antonio hay un matiz soez del que, evidentemente, el original está exento.

La prensa alcanza la difusión que no logra conseguir el libro […].

Artículos periodísticos (1900-1998).

Con cuadros cronológicos, introducción, bibliografía, texto íntegro, notas y llamadas de atención, documentos y orientaciones para el estudio a cargo de Francisco Gutiérrez Carbajo. Ed. Castalia. Madrid, 1999.

Este antólogo de artículos habrá pensado que, como su libro está destinado a alumnos españoles de Bachillerato (o de “Secundaria Postobligatoria”), que son cortos de entendederas, lo mejor, para que vean que el burro está aparejado, es encasquetarle un par de aparejos. Y es por eso por lo que no escribe: “La prensa alcanza la difusión que no consigue el libro”.

Como Arcadi Espada: “Sigan con salud”.