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Animales

Somos animales, todos nosotros, el homo sapiens.

Nuestra especie ha desarrollado el lenguaje, la mente, la capacidad de colaboración en grandes grupos, también la rivalidad, y ha tenido una relación muy diversa con las otras especies animales: las ha masacrado, las ha domesticado, las ha divinizado, las ha encerrado o enjaulado, las ha sufrido, les ha servido de alimento o le han servido de alimento, ha aprendido de ellas…

A estas alturas está claro que la acción humana está afectando negativamente a la biodiversidad, necesaria para la propia vida humana en el planeta. Y está también claro que el contacto del urbanita actual con animales no de su misma especie es mucho más infrecuente y esporádico. Para una persona de ciudad, ver trepar tranquilamente por una pared de su vivienda una pequeña larva, puede suponer una conmoción no tan pequeña.

Dos revoluciones han modificado grandemente nuestra relación con los animales: la revolución neolítica, de hace unos diez mil años, y la revolución industrial, de hace un par de siglos. Quizá ahora, en nuestros días, se está produciendo una tercera revolución de tanto calado para la humanidad como las dos anteriores: la revolución de Internet.

Mi relación personal con los animales ha cambiado mucho desde mi infancia rural, casi puro neolítico, a mi vejez, permanentemente conectada al móvil y al ordenador. Quiero decir que me crié literalmente entre animales. Ahora comparto vivienda con una gata, aparte de con mi señora, claro, y tengo la suerte de que los sonidos que con más frecuencia me llegan del exterior son cantos, trinos o gorjeos de pájaros o aves. Y también la desgracia, cuando salgo a pasear por estas proximidades, de tener que ir viendo, y esquivando (no oliendo, no tengo buen olfato) cacas de can.

No sé si hacía falta una nueva ley de bienestar y protección animal. Pocos y muy remotos recuerdos me vienen de haber visto a alguien maltratando a alguno. Aunque confieso que yo mismo he combatido recientemente, con productos venenosos, invasiones de pulgones o de hormigas.

No sé cómo terminar una entrada de tema tan amplio, que yo reduzco aquí a tan poco texto. Pues así: admitiendo que no soy vegetariano ni vegano, ni lo pienso ser mientras pueda evitarlo.

Manifiesto

Acabo de releer el Manifiesto en defensa de la enseñanza como bien público (contra la LOMLOE y las leyes que la preceden), de fecha 23 de abril, y publicado en El Mundo el 3 del presente mayo. En su día lo leí con atención, eché un vistazo a sus treinta primeros firmantes, entre los que reconocí a bastantes personalidades de inequívoco prestigio, y me adherí con mi firma propia al contenido.

La vida humana está siempre llena de problemas, de riesgos, de peligros, de daños. La guerra, la precariedad económica, la falta de libertad, el adoctrinamiento sectario, la incompetencia, la maldad. Pero, mientras estamos vivos, seguimos aspirando a lo mejor: lo mejor para nosotros mismos, para nuestros familiares, y también para nuestros vecinos, que, en estos tiempos, resulta que son toda la humanidad.

Una vez más recuerdo un eslogan de Vargas Llosa: democracia y comercio.

Pero, para que funcionen la democracia y el comercio en todas partes, los países tienen que estar habitados por paisanos educados, bien formados, informados, cultos, cumplidores y libres de prejuicios.

Y para que sean así los paisanos que habiten los países, en todos ellos tiene que haber una educación de calidad, exigencia, equidad

e igualdad de oportunidades.

En España la educación pública comenzó a degradarse con la LOGSE, ley de 1990, hace más de treinta años ya. Pero, por más evidentes que han sido los fallos en aquella deriva, no se ha buscado un remedio eficaz, honesto y consensuado entre los principales partidos políticos.

Así que, amigo, copio, aquí y ahora, este Manifiesto para facilitarte su lectura; y para animarte, si te convence, a que tú también lo firmes.

Las mejores cosas son patrimonio común (Séneca)

La enseñanza reglada en España no marcha por buen camino y las leyes que se han aprobado últimamente, junto con la LOMLOE de 2020, no parece que vayan encaminadas a poner remedio, sino que más bien tienden a empeorar la situación. Entendemos que la enseñanza en todas sus etapas debe tratar de aspirar a ser de calidad, entendiendo por tal una instrucción basada en los conceptos nucleares de esfuerzo, mérito y contenidos. Los conceptos ajenos a los saberes concretos de cada asignatura, de tipo moral o ideológico, deben ser desplazados de las aulas. Los alumnos no deben ser objeto de adoctrinamiento pues tal intromisión supone una perversión de lo público al sacrificar, especialmente para los alumnos con menos recursos, su formación técnica, profesional, académica y personal, condenándoles al sometimiento moral y a la incompetencia intelectual. Ello perjudica el carácter de ascensor social y de igualdad de oportunidades que precisamente toda escuela pública debe tener. De este modo, además, ya gobiernen unos partidos u otros, con orientaciones morales e ideológicas diversas, no se correrá el peligro de que el sistema educativo se convierta en instrumento para adoctrinar y apropiarse de un servicio público fundamental para la sociedad y sus miembros, sufragado por todos los contribuyentes. Nada distinto de lo que dice la Constitución española (Art. 27).

El presente manifiesto plantea como puntos principales que habría que tomar en consideración por las autoridades educativas los siguientes, a saber:

1. Creación de una institución pública, de una suerte de Consejo General de la Función Docente, integrado exclusivamente (o principalmente) por docentes con larga experiencia, académicos y científicos de reconocido prestigio procedentes de las distintas ramas del saber, formal y materialmente independiente del poder ejecutivo y del poder legislativo, ajeno a cualquier ideología o partido concreto, que sirva de principal referencia a la hora de proponer, o en su caso revisar, las distintas leyes e iniciativas de carácter educativo, ya sea en la enseñanza infantil, primaria, secundaria o universitaria, y cuya principal competencia sea el diseño, según criterios estrictamente técnicos, científicos y académicos, del Sistema de Instrucción Pública y sus planes de estudios.

2. La tasa de fracaso escolar, entendiendo por tal el número de repeticiones y de suspensos, es relativamente alta. Pero la LOMLOE trata de arreglar el problema haciendo desaparecer los suspensos y dificultando la repetición, con lo que no solo no solucionará sino que acrecentará el problema al ocultarlo, además de añadir carga burocrática para los docentes, que tendrán que realizar tareas administrativas ajenas a su verdadera ocupación: dar clase a los alumnos y prepararse para ello.

3. La evaluación debe ser por contenidos concretos de cada asignatura, pues la evaluación por competencias diluye los conocimientos concretos. No hay mayor adquisición de competencias que dominar con destreza los contenidos de cada asignatura.

4. Deben permanecer las notas numéricas y las menciones de honor. Las primeras para conocer con mayor precisión el grado de éxito del alumno en la adquisición de conocimientos; y las segundas para que el esfuerzo y el mérito sean un aliciente más para el alumnado, y contribuyan a reducir cuanto se pueda toda discriminación que no sea exclusivamente escolar, especialmente la discriminación socio-económica, que la escuela actual, por su empobrecimiento en contenidos, ejerce de hecho.

5. Los docentes deberán contar con libertad para enseñar los contenidos científicos o humanísticos de su materia, sin ser correa de transmisión de la ideología de turno, y cuyo límite debe ser la Constitución y el Código Penal.

6. Debe apostarse por exámenes externos y comunes en distintas etapas educativas, para poder realizar pruebas diagnósticas sobre la marcha de los distintos centros de enseñanza. En especial, apostamos por una Prueba de Selectividad única en todo el territorio nacional, con contenidos comunes, garantizando así la igualdad de oportunidades para todos los alumnos.

7. Creemos que es importante, asimismo, que se garanticen las resoluciones judiciales, como la que obliga a impartir al menos un 25% de las asignaturas en español en Cataluña. Aspiramos, de forma más general, a que en todo el territorio nacional se garantice la enseñanza pública en lengua española, sin perjuicio de que continúe habiendo enseñanza en otras lenguas cooficiales del Estado.

Este manifiesto por y para la instrucción pública, que ha sido redactado por un conjunto de profesores de enseñanza secundaria, se lanza a todos los implicados en el proceso educativo: maestros, profesores, padres, madres, alumnado, autoridades educativas y ciudadanos preocupados por la deriva del sistema educativo en nuestro país.

En España, a 23 de abril de 2022.

Aquí puedes suscribir el manifiesto.

Firman:

José Sánchez Tortosa

Sergio Vicente Burguillo

Carlos M. Madrid Casado

Suscriben:

Gabriel Albiac (filósofo)

Félix de Azúa (escritor)

Luis Mª Bilbao Bilbao (historiador y catedrático de universidad hasta su jubilación)

Gustavo Bueno Sánchez (filósofo)

Luis Alberto de Cuenca (filólogo, poeta y ensayista)

Alicia Delibes (matemática y profesora de enseñanza secundaria)

Antonio Diéguez Lucena (filósofo y catedrático de universidad)

Clara Eugenia Núñez (historiadora y catedrática de universidad)

José Ignacio Fortea (historiador y catedrático de universidad hasta su jubilación)

Juan Pablo Fusi (historiador y académico de número de la Real Academia de la Historia)

Fernando García de Cortázar (historiador y catedrático de universidad)

José Ángel García de Cortázar (historiador y catedrático de universidad)

Juan E. Gelabert (historiador y catedrático de universidad)

Fernando Gómez Redondo (filólogo y catedrático de universidad)

Pedro Miguel González Urbaneja (matemático y catedrático de instituto)

Jon Juaristi (filólogo, poeta y ensayista)

Ramón Lanza García (historiador y profesor de universidad)

Araceli Mangas Martín (académica de número de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas y catedrática de universidad)

José María Marco (profesor y ensayista)

Ricardo Moreno Castillo (matemático y catedrático de instituto hasta su jubilación)

Félix Ovejero (profesor y ensayista)

Marino Pérez Álvarez (psicólogo y catedrático de universidad)

Xavier Pericay (filólogo y profesor de universidad)

José Luis Ramírez Sádaba (historiador y catedrático de universidad)

Alberto Royo (musicólogo y profesor de enseñanza secundaria)

Fernando Savater (filósofo)

José Ángel Sesma Muñoz (académico de número de la Real Academia de la Historia y catedrático de universidad)

Horacio Silvestre (filólogo y profesor de enseñanza secundaria)

Gabriel Tortella (historiador y catedrático de universidad)

Andrés Trapiello (escritor)

Nuevos amigos

Amicus viene de amare, es evidente; pero yo pienso que basta con que una persona ame a otra (en alguna de las infinitas variedades que caben en el sentimiento del amor) para que se pueda decir que existe amistad, aunque no haya reciprocidad o correspondencia, ni vaya a haberla nunca.

Así que yo puedo amar, en mi casa o en mis paseos solitarios, a personas que no saben, ni van a saber nunca, de mi existencia. No importa: yo sé de la existencia de ellas lo suficiente como para admirarlas y quererlas. Lo que quiere decir que mis paseos solitarios tampoco son tan solitarios: todo un mundo de amigos me acompaña.

Paso ya, sin más preámbulos, a hacer, a hacer una relación de esas personas que se han hecho partícipes de mi amistad hace muy poco:

Miguel Ángel Aguilar. Leí la entrevista que le hacía no recuerdo quién en El Mundo, y me encantó. Me fui a Amazon y descargué su libro más reciente, En silla de pista, unas memorias de su vida profesional. Miguel Ángel nació en el 43, ocho años antes que yo. En este libro nos cuenta un tiempo de la historia de España que yo también he vivido, pero de una manera más precaria, marginal e ignorante. Estoy disfrutando con esta lectura. Ahora voy por el golpe del 23F, en el 81. Miguel Ángel estaba allí, en el Congreso de los Diputados. Yo entonces estaba trabajando en Viveros Taboada, en el camino Cañaveral, de Granada; era un trabajo poco boyante, más bien un subempleo.

Ahora me doy cuenta de que, si dedico una parrafada así de larga a cada uno de los nombres que había pensado colocar aquí, esta entrada resultaría cargante. Por tanto, me limitaré a escribir los nombres de los nuevos amigos: Xosé M. Núñez Seixas, Delphine Horvilleur, Juan Gabriel Vásquez y Lina Tur Bonet.

Estoy seguro de que sólo me he sumado a una enorme multitud de admiradores entusiastas.