• Páginas

  • Archivos

  • enero 2020
    L M X J V S D
    « Dic    
     12345
    6789101112
    13141516171819
    20212223242526
    2728293031  

Figúrate…

No por Antonio sino por

RAMÓN J. SENDER

Figúrate que el minotauro de Creta salió de las riberas del Guadalquivir. Y no creas que estoy loca como Mrs. Adams cuando empieza a hablar de estas cosas. No. En tiempos de Salomón había un rey en Sevilla que se llamaba Gerión y le mandó un toro blanco al rey Minos. Un toro de la ribera de Alcalá de Guadaira, como los que veo pastar a veces desde el balcón de mi cuarto, querida. Hermosos toros que vienen de una casta diferente desde los tiempos prehistóricos, la casta de los toros de lidia. Se dividen en varias clases, así como marrajos, zaínos, cabestros y gazapones, según el color.

La reina, la esposa de Minos, se enamoró de él, digo del toro de Alcalá de Guadaira, y tuvieron relación sexual, de la cual nació un monstruo con cuerpo de hombre y cabeza de toro. El minotauro del laberinto famoso se podría decir, pues, que era hijo de Alcalá de Guadaira. ¿Sabes? Yo creo que todo esto del toro es alegórico y que probablemente el toro de Gerión era un embajador bastante handsome y que le gustó a la reina. Tal vez ese embajador sabía de toros, porque aquí todo el mundo es experto, y en Creta toreaban ya entonces casi lo mismo que ahora, porque yo he visto dibujos de la época con toreros poniendo banderillas. Pero, por otra parte, en la tradición cretense había objetos y cosas que explican cómo esa relación entre el toro y la reina fue posible.

Te lo explicaría también, pero no podría confiar esas explicaciones al correo. Ya te lo diré cuando nos veamos. Es bastante shocking, querida; pero, como te digo,  fue posible. (Digo físicamente posible.)

Por el momento lo que quiero decirte a propósito de los toros de Alcalá de Guadaira es que estando yo en el balcón (mi hotel está enfrente de la casa del cura) pasó por la calle una niña de unos doce años, detrás de una vaca. Y el cura, que estaba leyendo su breviario, cuando la vio le dijo:

–Hola, Gabrielilla.

–Con Dios, señor cura.

–¿Adónde vas?

–A llevar la vaca al toro, señor cura.

–¿Y tu padre? ¿Dónde está?

–No lo sé.

–¿No podría hacer eso él?

Y la niña, escandalizada, respondió:

–No, señor cura. Qué cosas tiene. Es menester el toro.

No sé qué alcance dar a ese incidente, pero me recuerda lo de Creta y el minotauro, y por eso te lo cuento.

(La tesis de Nancy)

Álzate, corazón

No por Antonio sino por

LUIS ALBERTO DE CUENCA y por

ARQUÍLOCO DE PAROS

Álzate, corazón, consumido de penas,

levántate, que sopla un viento de esperanza

por el mundo, llevándose con él tus inquietudes

y la costra de angustia que apaga tus latidos.

Álzate, viejo amigo, que el dios de los humildes

ha vuelto de su viaje al país de las sombras

y alumbra con su ojo la prisión en que yaces,

limando los barrotes de tu melancolía.

LUIS ALBERTO DE CUENCA

………………………………….

Corazón, corazón, de irremediables penas agitado,

¡álzate! Rechaza a los enemigos oponiéndoles

el pecho, y en las emboscadas traidoras sostente

con firmeza. Y ni, al vencer, demasiado te ufanes,

ni, vencido, te desplomes a sollozar en casa.

En las alegrías alégrate y en los pesares gime

sin excesos. Advierte el vaivén del destino humano.

ARQUÍLOCO DE PAROS

Enfermo

Al Viernes de Dolores he llegado

enfermo (infirme), extenuado, roto:

un trimestre en el Íes es un siglo en la selva.

Por eso desde ayer no hago otra cosa

que curarme: terapias por doquier.

Que escribo, como ahora: hago grafoterapia;

que me quedo hecho un tronco, hipnoterapia;

que me doy una ducha, hidroterapia;

que me encoleto un vaso, enoterapia;

que ando por la playa o que me baño:

es talasoterapia;

que me quedo en casita, ecoterapia

(domoterapia si prefieren).

Ahora bien, por muy santa que sea la semana,

no haré hagioterapia: paso de procesiones

y antes muerto que a Sevilla.

Sanciones intolerables

No por Antonio sino por

El diario ABC

La necesidad de buscar votos «como sea» ha llevado a Rodríguez Zapatero a hacer dejación de sus más elementales responsabilidades como presidente del Gobierno. Cuando el candidato socialista muestra su acuerdo con las sanciones impuestas por la Generalitat catalana por rotular en castellano un establecimiento público no sólo vulnera el ordenamiento jurídico sino que actúa contra el sentido común. El castellano es la lengua española oficial del Estado y todos los ciudadanos tienen el deber de conocerla y el derecho a usarla, dice el artículo 3 de la Constitución. Es inconcebible que utilizar la lengua común a todos los españoles provoque la apertura de un expediente administrativo y la imposición de una multa. Zapatero sabe que su partido necesita votos en Cataluña de cara al 9-M, pero ningún interés particular justifica una opinión que refleja la debilidad de la oferta socialista en materia de cohesión territorial. Muchos millones de españoles defienden el refuerzo del castellano en los sistemas educativos y en la vida cotidiana en todas las comunidades autónomas. No todo vale en democracia para arañar unos cuantos votos o para hacer guiños a los socios potenciales. Esta vez, el candidato del PSOE ha cometido un grave error al avalar una actuación contraria a Derecho y que daña profundamente los sentimientos más arraigados de la gran mayoría social.

Editorial del sábado, 08 de marzo de 2008

¿Elecciones o referéndum electoral?

No por Antonio sino por

JORGE DE ESTEBAN (catedrático de Derecho Constitucional y presidente del Consejo Editorial de EL MUNDO)

Las próximas elecciones generales en España, no son, a pesar de su apariencia, unas elecciones clásicas al uso, en donde se elige fundamentalmente entre dos programas de gobierno y entre dos líderes y sus partidos respectivos, a fin de que el vencedor gobierne durante los cuatro próximos años.

Así ha ocurrido en todas las elecciones generales anteriores de 1979, 1982, 1986, 1989, 1993, 1996, 2000 y 2004, a excepción de las primeras de 1977, en donde hubo algo más. En efecto, en estas primeras elecciones, después de 40 años de dictadura, no sólo se trataba de elegir un líder y un partido para que gobernase cuatro años, sino que se sabía también que iban a ser Cortes Constituyentes con la tarea fundamental de redactar una nueva Constitución para España. De ahí que se tratase de compaginar la posibilidad de obtener la mayoría de los partidos más fuertes, que permitiese la gobernabilidad, con la representación en las Cortes de partidos minoritarios implantados únicamente en ciertas regiones, pero que se consideraban necesarios para integrarlos en una responsabilidad común que desarbolase sus tendencias separatistas. Me refiero, como se puede suponer, a los partidos nacionalistas, especialmente de Cataluña y del País Vasco. Con ello se cometía una verdadera injusticia electoral, porque partidos también minoritarios, pero dispersados por todo el territorio nacional, eran barridos de forma inmisericorde para siempre. Se regalaba así un plus de representación a estos partidos nacionalistas, a condición de que amoldasen sus tendencias identitarias dentro del marco común de todo el Estado.

Es más: se optó, en parte para contentarlos, por la creación de un Estado descentralizado, en el que podrían obtener unas cuotas de autogobierno comparables a las existentes en los Estados Federales, naciendo así el llamado Estado de las Autonomías, pero con el pecado original de que no se ponía un límite a las transferencias de las competencias de las Comunidades Autónomas respectivas, ni se exponían con claridad las que eran propias del Estado, de carácter exclusivo e indelegable. Tal aberración, denunciada mil veces en este diario a lo largo de los últimos años, ha llegado así a convertirse en el auténtico nudo gordiano de nuestra Constitución, y que de no desatarse puede llevarnos a la catástrofe. Ciertamente, esta tendencia empezó con una serie de errores de los que son culpables todos los Gobiernos habidos hasta la fecha, pero ha llegado a su paroxismo con el actual Gobierno de Rodríguez Zapatero, que ha necesitado el apoyo de los partidos nacionalistas para gobernar, concediéndoles a cambio de ello casi todo lo que pedían. La elasticidad del Título VIII de la Constitución, como he dicho, era muy amplia, pero también tiene unos límites imposibles de franquear, salvo que se quiera desnaturalizar el propio Estado de las Autonomías.

Pues bien, este paso se ha dado con la aprobación del Estatuto de Cataluña, que rebasa esos límites y que va camino de convertir al Estado de las Autonomías en un fantasmagórico e imposible Estado de las Soberanías, porque lo que significa el Estatuto de Cataluña no es solamente que se hayan transferido a la Generalitat muchas competencias a las que no puede renunciar el Estado central, sino que su verdadero y más profundo significado consiste en que se ha transferido a Cataluña una parte de la soberanía nacional, esto es, algo que por su propia esencia corresponde a todos los españoles, a la Nación en suma. Por supuesto, el Estatuto de Cataluña está recurrido ante el Tribunal Constitucional y debería ser este órgano el que sentenciase de una vez por todas la anomalía de esa norma, pero cada vez es mayor el temor, a la vista de ciertos precedentes, de que los doce (u once, en su caso) magistrados que lo componen, acaben cantinfleando como ya ha ocurrido con la sentencia del Estatuto valenciano, que ha servido de señuelo para ir preparando el ambiente, y después hacer pública, con el terreno allanado, la del catalán. Desde el punto de vista de la corrección constitucional, el Tribunal no debería haber enjuiciado ningún nuevo Estatuto hasta que no hubiera decidido lo que ocurría con el Estatuto de Cataluña, que es el que ha abierto la vía de la deconstrucción del Estado Autonómico y el que ha servido de pauta a todos los demás.

Las cosas han llegado tan lejos que si se repitiese el próximo domingo un resultado parecido al de las últimas elecciones, es decir, una victoria pírrica del PSOE, el destino de España estaría entonces en manos de los partidos nacionalistas, que podrían ser los verdaderos vencedores de los comicios y, en tal caso, no cabría sino afirmar que delenda est autonomia. Porque se sabe ya que seguirán exigiendo mayores cuotas de autogobierno, eufemismo que se utiliza para reivindicar una soberanía propia como meta final, con una parada intermedia en un denominado Estado confederal, en el que se daría una asociación de Estados soberanos con algunas funciones que se ejercerían en común o, lo que es lo mismo, una Confederación de Estados, que es una forma de organización política inexistente hoy en el mundo y cuyos precedentes más importantes son los de las 13 colonias británicas de América, que se independizaron para convertirse en una Confederación de 13 Estados, o la vieja e inimitable Confederación Helvética, con su asociación de Cantones. Pero como nos lo demuestra la Historia, en esos y otros casos, tal forma de organización política no es más que provisional, pues a corto plazo sólo caben tres posibilidades: la independencia de cada una de las partes que la componen, la unidad e integración de las mismas en un solo Estado, o la creación de un Estado Federal. En nuestro caso, habiendo partido del Estado centralista y unitario que nos legó Franco, habíamos llegado a un Estado descentralizado de corte federal, más que suficiente par contentar las posibles ansias de autogobierno, pero como se puede comprobar por lo que está ocurriendo con los partidos nacionalistas vascos, catalanes y gallegos, se quiere ir más allá, utilizando esa parada técnica y provisional del llamado Estado confederal. Situación que vendría a equivaler a una desmembración de hecho del actual Estado, creando todo tipo de barreras interiores en las actuales Comunidades Autónomas y produciendo la desigualdad de derechos entre los españoles, con la evidente anulación del contenido de nuestra Constitución. Esto evidentemente no ha hecho más que empezar y sería interminable desgranar, de forma exhaustiva, un rosario de ejemplos que se podrían aducir, como las diferencias de sueldo, entre funcionarios públicos, según cada Comunidad Autónoma; las dificultades, en alguna de ellas, para la enseñanza del español, lengua oficial y vehicular de todos los españoles; la ruptura de la unidad de mercado, que no hace sino complicar nuestro progreso económico. Y para qué seguir.

En el fondo, por consiguiente, lo que está en juego en las próximas elecciones no es elegir únicamente a uno u otro partido para que gobierne, sino saber que si los nacionalistas son indispensables para apoyar al PSOE a fin de que pueda gobernar, y en menor medida, al PP, en el supuesto de que así fuera, se habría elegido que el Estado actual de España, en el mejor de los casos, se convirtiese en un cascarón vacío, sin ninguna competencia para poder llevar a cabo cualquier tipo de políticas o, como dicen los anglosajones, policys. El exceso de las demandas nacionalistas en busca de un mayor autogobierno, repercute inmediatamente en la menor autonomía del Estado central, sin la cual, todas las promesas, al estilo de la mejor subasta, que los dos grandes partidos han difundido durante estos días en la campaña electoral, serían imposibles de cumplir, porque el Estado habría perdido sus competencias y no habría un territorio unitario en el que pudiesen regir las leyes de las Cortes Generales.

En consecuencia, las elecciones del próximo domingo no son unas elecciones en sentido estricto, sino que por las fuerzas de los hechos, se han convertido en una figura insólita, que a veces aparece en el Derecho Constitucional, y que podríamos denominar como referéndum electoral. Consistiría así en que lo más importante de esos comicios es que el pueblo responda a una pregunta implícita que está en el aire y que podría ser planteada así: ¿Desea usted que España siga siendo un único Estado con amplia, pero acotada, descentralización del poder? Ahora bien, si esa pregunta, aún de forma no expresa, es muy clara, la respuesta del electorado, en cambio, es muy complicada, porque puede adoptar diversas formas: mayoría absoluta del PSOE, mayoría absoluta del PP, Gobierno de coalición entre los dos partidos o victoria pírrica de cualquiera de los dos, pero con apoyo parlamentario del otro.

Dicho de manera más sencilla, la manera de contestar afirmativamente a esa pregunta, en la que nos jugamos nuestro destino como Estado-Nación, no es otra que la de dejar fuera de cualquier Gobierno a los nacionalistas, que quieren imponer las decisiones de un pequeño número de electores, por la estulticia originaria de nuestra ley electoral, a la inmensa mayoría de los españoles. Y, en este punto, no cabe sino recordar a Burke cuando afirmaba que «para que el mal triunfe lo único necesario es que los hombres de bien no hagan nada». El próximo domingo, los hombres de bien que creen en España, sean de derechas o izquierdas, tendrán una papeleta en la mano para evitar el mal. ¿La sabrán utilizar?

(Hoy en El Mundo)

¿Obituarios?

En estos últimos lustros en los que, según fuentes sobradamente informadas, España ha dejado de existir, se han publicado preciosas historias de la presunta difunta; escritas por historiadores recalcitrantes, que se niegan a conceder a sus libros el estatuto de obituarios.

Sólo voy a mencionar aquí tres de esas historias, que tienen entre ellas parecidos y diferencias.

· Parecidos:

-Las tres tienen una extensión similar, entre las trescientas cincuenta y las cuatrocientas cincuenta páginas. Son, por tanto, sucintas historias.

-Las tres llegaron a la par que el nuevo siglo y el nuevo milenio: 2000, 2002 y 2002.

-Las tres son (o me lo parecen a mí) igualmente solventes y documentadas.

-Las tres llevan el sello inconfundible del autor-narrador.

· Diferencias:

Dejémoslo en diferencia, en singular: la de la singular voz que vamos oyendo en cada una de ellas:

-El tono sencillo y profesoral, de investigador entusiasta y enamorado de su materia: la de Antonio Domínguez Ortiz (Marcial Pons): España. Tres milenios de historia.

-El tono jocoserio, grave y socarrón, circunspecto e hilarante, de una historia para aprender y pensar, y también para reír a dos carrillos: la de Juan Eslava Galán (Planeta): Historia de España contada para escépticos.

-El tono épico con remates líricos del historiador que mira ese pasado compartido por muchos pueblos y pondera su grandeza (entreverada de miserias): la de Fernando García de Cortázar (Planeta): Historia de España. De Atapuerca al euro.

Cierto amigo mío, historiador especializado en el siglo XIX español, nos recomienda que no leamos historias que no sean universales; porque las que no lo son, son lo contrario, es decir, parciales (es decir, injustas), aumentan el chovinismo, la xenofobia y la miopía. Seguramente mi amigo tiene razón… A ver si los historiadores se van animando a hacer esa clase de historias: universales y a la vez sencillas y al alcance de las mentes corrientes… Libros para el pueblo, que instruyan y deleiten.

Mientras tanto…

«Es erróneo defender el velo como una tradición: es una condena»

No por Antonio sino por

IRENE HDEZ. VELASCO. Corresponsal

ROMA.- Giuliana Sgrena: seguro que le suena el nombre de esta veterana feminista y corresponsal de guerra italiana, que ha cubierto entre otros muchos los conflictos bélicos de Argelia, Irán, Somalia, Afganistán, Irak y que siempre ha mostrado un interés especial por las condiciones de las mujeres en los países islámicos.

Sin embargo, no es a sus casi siempre excelentes crónicas y reportajes a los que debe su fama mundial, sino a un suceso tan trágico como estremecedor: el 4 de febrero de 2005, cuando se encontraba en Bagdad como enviada especial del rotativo Il Manifesto, fue secuestrada por la Organización de la Yihad Islámica. Y cuando por fin el 4 de marzo fue liberada por los servicios secretos italianos, vivió otra pesadilla: su coche fue tiroteado por soldados estadounidenses y el agente Nicola Calipari resultó muerto en el suceso.

Pero Giuliana Sgrena no está hoy aquí para hablar de eso, sino de lo que considera como el símbolo de la opresión musulmana contra la mujer: el velo. A ese polémico trozo de tela detrás del cual se ocultan discriminación, infamias, crímenes y muertes le acaba de dedicar un libro, El precio del velo, publicado en Italia por la editorial Feltrinelli.

«Es demasiado fácil decir que el velo es parte de la cultura de los musulmanes, que es una tradición… En estos tiempos de relativismo cultural, muchas personas de izquierda y muchas feministas caen en esa trampa y defienden que llevar el velo es una elección personal. Pero es un gravísimo error: el velo es una condena, las mujeres que se cubren con él no tienen libertad», afirma en declaraciones a EL MUNDO. «Es el primer paso para la eliminación de los derechos de la mujer. Y lo absurdo es que mientras muchas mujeres en países musulmanes luchan por su abolición, en Occidente se defiende el velo».

En muchos países en los que hacía tiempo que las mujeres habían conseguido librarse del velo, éste está reapareciendo con fuerza a golpe de reislamización. «Yo viajo desde hace años a países musulmanes, y te puedo asegurar que hace unos años en Argel, en Amán o en El Cairo había poquísimas mujeres con velo, salvo en los barrios populares, donde sí era tradicional. Pero ahora, sólo te encuentras mujeres con velo, porque hay en marcha un proceso de reislamización que establece que las mujeres deben de llevar el velo, y que si no lo hacen corren gravísimos riesgos. En Irak antes no había ninguna mujer con velo, ahora todas están con velo, hasta las cristianas, porque si no las matan», sostiene.

«Entre julio y diciembre de 2007 sólo en la localidad iraquí de Bassora fueron halladas asesinadas 50 mujeres, tiradas en basureros y con un cartel al cuello que decía: ‘Muerta por no llevar el velo islámico’», indica la periodista, en cuyo libro se citan otras cifras espeluznantes: 50.000 mujeres se suicidan al año en todo el mundo forzadas por sus familias para lavar su honor, según datos de la ONU. Y en las tres provincias kurdas de Irak, entre 1991 y 2007, 12.500 mujeres fueron asesinadas u obligadas a suicidarse por motivos de honor, según cifras de la prensa local.

Pero el problema no se encuentra sólo en los países de mayoría musulmana, sino también en Occidente. «Yo no lo sabía pero es altísimo el número de mujeres que han sido asesinadas en Italia por no respetar las reglas impuestas por la familia o la comunidad. Y en Roma está bastante extendida la poligamia y los matrimonios temporales. ¿Cómo podemos aceptar que en nuestro país pasen cosas de este tipo? ¿O que haya mujeres que mantienen encerradas en sus casas, que muchas veces son analfabetas o no conocen ni una palabra en italiano, y no saben cuáles son sus derechos ni deberes? ¿Cómo es posible que las feministas o la izquierda no nos ocupemos de esto?», clama.

La reportera de guerra de Il Manifesto admite que cuando Francia aprobó en febrero de 2004 la ley que prohíbe llevar símbolos religiosos en las escuelas públicas, ella misma se mostró escéptica. Como otras muchas feministas, pensaba que muchas chicas musulmanas se verían obligadas a abandonar los estudios ante la negativa de sus familias a dejarlas acudir al colegio con la cabeza descubierta.

Pero cuando en diciembre de 2005 fue a Francia para realizar un reportaje sobre el asunto, se dio de bruces con la realidad. Según el ministerio de Educación francés sólo 47 estudiantes en todo el país habían abandonado las escuelas públicas. Por todo eso, Giuliana Sgrena considera como un paso atrás que la laica Turquía haya permitido que se lleve velo en las universidades. «Es cierto, el velo es sólo un pedazo de tela. Pero en todos los países siempre se empieza con el velo, y del velo se pasa al estatuto de familia y de ahí a la sharia. Por eso para mí lo que ha hecho Turquía supone el primer paso hacia la re-islamización».

Diario El Mundo [hoy]