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Con la Sagrada Biblia

Deuteronomio (25, 4):

No le pondrás bozal al buey que trilla”.

Aplicación:

No le pondrás bozal al portavoz

o portavoza.

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Cementerio familiar

Mi abuelo paterno, cuando mi padre era un soldado, murió.

Mi abuela materna, cuando mi madre era una niña de seis años, murió.

Mis tres tíos maternos, en la flor de la edad y solteros, murieron.

Mi abuelo Miguel, Papa Miguel para sus nietos, murió.

Mi tía abuela Isidora, que vivía -como Papa Miguel- con nosotros, murió.

Mi abuela Trinidad, la persona más buena de la Tierra, murió.

Mi padre, a los setenta y dos, castigado por una vida dura y por mí, murió.

Mi madre, tras veintiséis años de viudedad y bisabuela, murió.

Mis ocho tíos paternos, José, Frasquito, Luisa, Antonio, Rafael, Andrés, Santiago y Roque, murieron.

Muchos de mis primos, en su representación menciono a Mari Paz, murieron.

Que esta página sea su simbólico, modesto y hogareño cementerio,

donde ellos reposen en paz,

y cuyas líneas en blanco vayamos ocupando, con orden y sin prisa,

los que ahora vivimos.

Viento

El viento se ha adueñado

de la calle. El mendigo

del edredón, ¿podrá

resistir el embate?,

¿qué cubil lo tendrá

acogido? Qué tiempo

para estos pobres pájaros.

Ojalá el viento cese

pronto, y las errabundas

aves hagan su vida.

Un solar

Este solar

se vio campo, ciudad y otra vez campo.

Cerrado el círculo.

 

Ahora regala

un anticipo de la primavera

en pleno invierno.

Me gustaría

Ser un creador:

como Luis, como Alberto y como Cuenca;

no un croador.

Seis gramos

I

Amar es dicha

que con mucha frecuencia se convierte

en amargura.

II

No te lamentes.

Por lo que tú ahora pasas han pasado

tantas personas…

III

Tu enfermedad

puede ser esa cruz por la que arraigue

tu fortaleza.

IV

Confía en ti.

Y confía también en los que son

tus compañeros.

V

Las malas noches

nunca son más que el horno en que se cuecen

los buenos días.

VI

Es la palabra

el mejor instrumento de los hombres.

Por eso escribo.

Planto

Aunque él mismo es su víctima primera,

no lamento la muerte del verdugo.

Mi pena para todas las demás,

que, en muy distintos grados, somos todos.