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Otra cita

En los próximos meses, si no años, no nos jugamos que gobierne un partido u otro, sino que nos estamos jugando la propia sobrevivencia de nuestro país. Que nadie se engañe, la separación de Cataluña sería el inicio de la desintegración irreversible de España, y también de Europa, como desean muchos. Varios Estados más surgirían con distintas ideologías y dependencias no precisamente proeuropeas. ¿Esto sería soportable? Por eso nos enfrentamos a la cuestión de Estado más importante de la democracia. Los partidos deberían dejar de lado sus rencillas y ponerse de acuerdo. Porque, de no ser así, ¿existirían ellos en esas nuevas naciones? Los partidos constitucionalistas tienen que poner orden, autoridad, respeto y convivencia. La separación, caso de que se pudiera producir pacíficamente, estableciendo un nuevo Estado de pureza étnica, nunca traería la paz, pues los conflictos de fronteras (siempre se habla de los países catalanes del sur, ¿y los del norte?) surgirían a continuación como sucedió hace muy poco tiempo en la antigua Yugoslavia.

César Antonio Molina, Aguantar y seguir. EL MUNDO. Hoy.

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La jauría

Juraría que la jauría

de cánidos que me sigue

no pretende que me amigue

con ellos. Esa osadía

anhela la carne mía

para clavarle el colmillo.

No regalo solomillo

a la gentuza del bosque;

pero puede que me enfosque

y dé a probar mi cuchillo.

Cita

En la nave de España se ha abierto un boquete descomunal que amenaza con hacerla zozobrar. Los partidos políticos que alumbraron el sistema constitucional vigente, hoy amenazado, tienen ante sí la urgente tarea de defenderlo contra las insidias y conspiraciones que se organizan contra él. Pueden seguir discutiendo sobre si sus líderes merecían un suspenso o un sobresaliente cum laude en sus ensueños juveniles, si fueron los primeros de la clase o unos enchufados por sus familias o sus jefes de agrupación, pero mejor sería percibir los daños colaterales de su gestión y tratar de atajarlos recurriendo cuanto antes al veredicto de las urnas.

Juan Luis Cebrián, ‘Master and Commander’. EL PAÍS. Hoy.

PS mata a PSOE

Pedro Sánchez, Pedro Sánchez,

te manipula tu orgullo.

Te crees el estadista

mejor, el número uno.

Te imaginas en la cúspide

de la gloria, tu futuro

para ti es tu apoteosis.

Y sólo eres un forúnculo

que le ha salido al Partido.

El Partido: ¡cómo pudo

darte la llave maestra!

Pero tú eres un iluso

y crees que es para siempre.

Pasará un año —calculo—

antes de que te des cuenta

de que te niegan los tuyos,

y de que unas Elecciones

te han convertido en difunto.

Jean-Claude Juncker: “El populismo…”

http://www.elmundo.es/internacional/2018/09/13/5b996751468aeb844f8b4646.html

En la lección 14

En el libro de las 21 lecciones de Harari, voy leyendo por la 19. Quizá lo mejor que podría hacer ahora mismo es seguir leyéndolo hasta terminarlo. Más que nada, para poder empezarlo a leer otra vez desde el principio, porque los buenos libros no son de usar y tirar, no son de una única lectura, los apreciamos más y entendemos mejor cuanto más los leemos.

En la lección o capítulo 14 habla Harari de “El ideal laico”, y comenta algo así como las virtudes cardinales del laicismo, que, según su visión, son seis: VERDAD, COMPASIÓN, IGUALDAD, LIBERTAD, VALENTÍA y RESPONSABILIDAD.

Creo que, a pesar de que mi memoria no es ni mucho menos lo que era, no olvidaré su enumeración, lo mismo que no he olvidado la enumeración de las cuatro virtudes cardinales del catecismo, que seguramente aprendí antes de hacer la primera comunión, a los siete años: PRUDENCIA, JUSTICIA, FORTALEZA y TEMPLANZA. Por supuesto, a aquella edad yo repetía el mantra de las cuatro palabras sin saber lo que significaba ninguna de ellas. Era el método de enseñanza de los curas: tú ahora apréndete el catecismo, y ya lo irás entendiendo, poco a poco. Quizá no era un mal método.

¿Qué hay de común entre la formulación de Harari y la del catecismo católico de hace sesenta años? La preocupación por la condición moral del hombre, de su atención permanente  a lo que ‘está bien’ (es honesto) y a lo que ‘está mal’ (es deshonesto).

Si perdemos esa condición, porque todo nuestro yo lo llena nuestro instinto hedonista, nos convertimos en individuos inmorales. Y si este tipo de individuos predomina en una sociedad, esta es una sociedad desmoralizada, que podría avanzar por unos derroteros terribles para la humanidad.

No perdamos nuestro sentido moral. Y sigamos leyendo a Harari.

El verbo

Escribo para que leas

las confidencias que escribo.

Así, aunque vivo cautivo

de cautivantes ideas,

bastará con que me creas

para librarme del mal.

Hay un algo sustancial

en la vida del humano:

el verbo, querido hermano,

es carne, azúcar y sal.