• Páginas

  • Archivos

  • diciembre 2010
    L M X J V S D
    « Nov   Ene »
     12345
    6789101112
    13141516171819
    20212223242526
    2728293031  

Odi et amo

IMITRAICIÓN DE CATULO

 

Odio y amo. Quizá preguntes cómo es eso.

No sé, pero es así… Y disfruto.

 

Juan Bonilla, Cháchara.

Renacimiento. Sevilla, 2010.

Seguramente, uno de los poemas más citados de la literatura occidental, es el LXXXV de Catulo:

Odi et amo. Quare id faciam fortasse requiris.

Nescio; sed fieri sentio et excrucior.

Del que copio a continuación una traducción francesa para evitarme la responsabilidad de traducirlo:

Je hais et j’aime. Comment est-ce possible? Demandez vous peut-être.

Je l’ignore, mais je le sens et je suis crucifié.

La versión original se la suelen aprender mis alumnos de Latín de 1º de Bachillerato –que conste, una vez más, que no soy profesor titular de Latín-: primero, porque se alegran de saberse un poema latino por tan poco trabajo; segundo, porque lo entienden. Vaya si lo entienden bien, ellos que son incluso más jóvenes, más primerizos en el amor, que el Catulo que lo escribió. Saben que una persona que se adueña, aunque sea sin pretenderlo, de otra vida, puede suscitar sentimientos muy contrarios, lo que implica un desgarramiento íntimo de a veces muy graves consecuencias.

En la literatura del amor cortés, éste es el tópico de “la amada enemiga”, oxímoron que a la perfección lo sintetiza. Aunque para ejemplificar dicho tópico, mejor que copiar un poema de los cancioneros del siglo XV, será volver a la fuente catuliana. He aquí su poema LXXV:

Huc est mens deducta tua, mea Lesbia, culpa,

atque ita se officio perdidit ipsa suo,

ut iam nec bene velle queat tibi, si optima fias,

nec desistere amare, omnia si facias.

Y así lo traduzco:

Hasta un punto ha llegado mi mente por tu culpa, mi Lesbia,

y tanto se ha perdido a sí misma en esta entrega,

que ya, ni puede amarte, aunque te hagas perfecta,

ni desistir de amarte, por pécora que seas.

Volviendo ahora a Bonilla, vemos que no ha hecho, en su versión del texto catuliano, una traducción libre que, manteniendo el sentido del texto, haya pretendido igualarlo o superarlo en la forma. La “imitraición”, por tanto, de Bonilla, más que lo que parece querer decir el afortunado neologismo bonillense, no es sino parodia. Una boutade bufonesca que cambia el “et excrucior” –y padezco el tormento de un crucificado- por el asonante “y disfruto”. Que puede tener su verdad en la vida, ¿cómo no? Si posamos y pasamos, ligeros y livianos, por los muchos objetos que atraen nuestro interés, nuestros sentidos, como las mariposas posan y pasan por las flores o los sepultureros entran y salen en los sepulcros que andan excavando, en ese caso disfrutamos de una vida que es un pajarear sin tregua y sin urgencia.

Hay, en cambio, muchos casos, sobre todo en la primera e incauta juventud, en que los sentimientos contrarios se aferran al objeto amorodioso como si más allá del mismo no pudiera haber vida.

Otro tema sería plantearse si objetivamente –fríamente- observado, el objeto amoroso puede ser simultáneamente portador de tanta bondad y de tanta maldad, que constitutya la causa primera de la reacción bifronte de amorodio. Yo, por mi parte, nescio. No lo sé. En muchos casos, probablemente, habrá más rabia ante las expectativas frustradas que verdadero odio y verdadero amor: sólo verdadero egoísmo, diríamos. Pero quizá haya casos de personas malibuenas a lo grande, no un poquito malibuenas: hasta ahí, llegamos todos.

Personas –ya termino-como cierto arbolillo que habita en el huerto de mis suegros. Es un pomelo cuyo plantón un servidor –yo- les regaló hace muchos años, queriendo hacer méritos ante ellos y, sobre todo, ante su hija. En parte por la falta de cuido y en parte por el hostil clima granadino, comenzó a brotar por debajo del injerto. Y hoy –ha amanecido un día radiante en mi pueblo- podríais ver que algunas de sus ramas están grávidas de pomelos jugosos y sabrosos; mientras otras ramas lucen cargadas de naranjas silvestres, de esas que sólo servirían para bombardear, amedrentar y ahuyentar a algún bichejo intruso.

Ahora bien –permitidme todavía un par de líneas-, ¿no será que Bonilla, hilando, en su imitraición, más fino de lo esperable, ha querido dar a su “disfruto” este sentido etimológico? “Y disfruto”. O sea, y distingo, y no me dejo confundir, entre dos frutos de próximas apariencia y ubicación, pero distantes esencia y sabor: como el pomelo y la naranja silvestre.

Preguntadle a Bonilla si lo veis. Aunque no me extrañaría que contestara algo así: Quod scripsi scripsi. Lo que he escrito, escrito está. Ahora vosotros, lectores, haced con mi poema lo que os plazca; imitraicionarlo, por ejemplo.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: