1
A podrido
Estoy oliendo a podrido,
¿llevaré ya muerto un rato?
Como con quien más me trato
es con gente que se ha ido,
normal tener el descuido
de no percibir que he muerto.
Quizá es que un ojo abierto
mantiene el muerto en su tumba:
muy lógico que le incumba
este cierto desconcierto.
2
Adversidad
De toda la adversidad,
lo más temible es el miedo.
Tienes que decirte: puedo
enfrentarme a la maldad,
también a la enfermedad,
porque sé que soy finito
y sé que el mayor delito
es ejercer de cobarde.
Valiente, mas sin alarde,
del peligro no me quito.
3
Bien
La vida me trata bien:
viendo los años que tengo,
el comienzo del que vengo,
el tiempo en que fui rehén
del cristianismo fetén,
los riesgos en carretera,
los vacíos de cartera,
los sudores laborales
y unos cuantos leves males
(los achaques de cualquiera).
4
Ventilador
Inicia su temporada
el suave ventilador.
Me refrescará el sopor
de la tórrida jornada.
Que su zumbido me agrada
como una nana de anciano
es verdad: cada verano
me llega con su caricia,
que es sonrisa y es delicia,
que hace vega del secano.
5
Un deseo
Dejar a mi descendencia
el sentimiento de ser
tan buenos como cualquier
hidalgo. Y en su conciencia,
el no deber obediencia
sino a la ley natural,
que distingue el bien del mal
y es la básica justicia;
sin caer en la estulticia
de creerse un sinigual.
6
Mira en ti
La peor enfermedad:
no soportarse a sí mismo.
El que bucea en su abismo
encuentra su libertad,
asume su autoridad
y comprende su pasado,
los pasos por que ha llegado
a sentirse tan perdido.
Mira en ti, yo te lo pido.
Con calma, no con enfado.
7
Amos
Los Amos de la Facienda
nos quieren acojonados:
“Sabed que estáis vigilados,
que la Justicia es Tremenda;
castigará al que pretenda
salirse de su redil.
Tenemos, no un ciento, mil
Aleccionadoras Leyes.
Nosotros somos los Reyes,
vosotros sois gente vil”.
8
Cada edad
Cada edad su espacio quiere:
para el bebé, su mamá;
el infante al cole va;
el adolescente muere
sin pandilla, la tuviere
que hallar un poquito lejos;
el joven tira los tejos
a la que más lo encandila;
y una ubicación tranquila
es lo que quieren los viejos.
9
Al ajillo
Con la instrucción de mi esposa
he hecho el pollo al ajillo:
No me está bien el decillo,
mas me ha salido la cosa
más exquisita y sabrosa
que en mi vida he cocinado.
Aun así, muy incitado
a ser cocinero, no:
que nunca cocine yo
para exigente invitado.
10
La sandía
Para el calor, la sandía
bien refrescada en el frigo.
Sandía, yo te bendigo
y bebo tu melodía,
fina, roja, dulce y fría,
y tras beberla me atrevo
a soportar el malevo
arreón del ciego sol;
guardado como en formol,
dispuesto a hacer lo que debo.
11
Aventura
Vivir es una aventura;
y llegar a verte viejo
en tus huesos y en tu espejo,
es cumplir la singladura,
ya luminosa, ya oscura,
a la que llega el humano.
Parte de ti será grano
en que la especie perviva;
la otra parte la reciba
esta tierra como guano.
12
El tiempo
Ha remitido el calor.
No hay aviso de tormenta.
El tiempo va por su cuenta
y a veces es un horror
y a veces benefactor.
El no perderlo de vista,
propio de persona lista.
Mas los que mandan no ven
quién es el sujeto a quien
hay que seguirle la pista.
13
Trastos
Prendas para el invierno y el verano,
calzados para el campo y la ciudad;
el móvil: y tenerlo siempre a mano;
de utensilios la gran barbaridad;
libros en cada hueco, en cada vano;
vehículos: qué gran movilidad.
Cada cual con sus gustos y sus gastos
y así vamos juntando tantos trastos.
14
Cada décima
Si cada día es ración
de vida que se nos da,
en cada décima va
mi agradecida oración,
mi sonriente canción
por seguir entre los vivos.
Somos futuros derribos
que vivimos el presente:
qué alegría oír la fuente
y el viento entre los olivos.
15
Henry Purcell
De Henry Purcell, su muerte,
más que sus composiciones,
conmueve mis emociones
con sacudida bien fuerte.
Ojalá su muerte alerte
a ese joven que inmortal
se considera: no hay tal;
la Parca no tiene pena
de llevarse en la treintena
a alguien angelical.
16
Estaciones
Este calor nos azota
con muy malévola mano;
pero pasará el verano
y andaremos la derrota
otoñal, pía y devota.
Después, otra vez el frío
invernal, negro e impío.
Y así, pasando estaciones,
llegamos a panteones
sin invierno y sin estío.
17
Ruidos
Toses, eructos y pedos,
carraspeos y estornudos;
eso, cuando estamos mudos;
pero no dejamos quedos,
sellados con cinco dedos,
los órganos de la voz;
y lo que sale es la atroz
muestra de nuestra torpeza,
no una oración de una pieza,
no un pensamiento veloz.
18
Escalera
La vida es una escalera.
Vamos, peldaño a peldaño,
llevando el presente daño
y buscando la manera
de hacer algo más ligera
nuestra inevitable carga.
Que la escalera sea larga,
pero que tenga rellanos;
y que soportemos sanos
el peso que nos embarga.
19
Viejo amigo
Encuentras a un viejo amigo;
y, cuando lo reconoces,
se despiertan cuántas voces
que dormitaban contigo,
resguardadas al abrigo
de tu indolente memoria.
Siguen ahí, son tu historia
o parte de tu tesoro;
padecen el indoloro
final de toda tu euforia.
20
Verano clemente
Sigue el verano clemente
por estos pagos. Que siga
suave y que lo bendiga
Cronos Padre Omnipotente.
Temperatura entre veinte
y treinta piadosos grados:
para ir por todos lados
con cuerpo firme y erguido,
no con el cuerpo abatido
y ya medio achicharrados.
21
En tu casa
Un doméstico accidente
puede ocurrir a cualquiera
que supiera o no supiera
lo del cántaro y la fuente.
Recuerda, tenlo presente:
escalón es precipicio;
suelo mojado es resquicio
por donde se cuela el mal;
un cristal es un puñal
y quejarse, un feo vicio.
22
Necesario
Adaptarse a cada edad,
que no hay cosa más penosa
que empeñarse en ser hermosa
criatura en la ancianidad.
Pasada la mocedad,
puede quedar mucha vida;
y cada uno se cuida
para mantenerse en forma;
pero envejecer es norma
para una vida cumplida.
23
Miremos
Miremos lo que tenemos
y miremos lo que falla.
Por fallo, que nadie vaya
a emitir unos extremos
lamentos propios de memos.
Si se puede, se corrige
el fallo que nos aflige.
Si no se puede, se aguanta.
Vivir también nos encanta
cuando nos falta algún dije.
24
A la sombra
Pasear a la sombra de un ciprés,
de un gran ciprés que casi llega al cielo,
es tener protector par que des
esquinazo a esa fiera que en su vuelo
te viene persiguiendo más de un mes.
Voy andando tranquilo, sin recelo,
por la senda que marca este hijo mío
que ha crecido con calma y poderío.
24
Inclinaciones
Abrirse y cerrarse son
inclinaciones contrarias:
abrir a tantas tan varias
naciones nuestra atención
o mirar a la nación,
aunque sea diminuta,
en que iniciamos la ruta
y mantenernos en ella.
¡Aldea menuda y bella,
qué bien se vive en tu gruta!
25
Nietos
Cada encuentro en vacación
me admira su crecimiento:
el cuerpo, el conocimiento,
la finísima atención
a este ambiente en el que son
los recién aterrizados.
Sus padres, tan dedicados
a la cría de su prole,
bien se merecen un ole
de abuelos tan embobados.
26
Hospital
Mi señora es conductora
y al hospital me ha llevado.
El doctor que me ha explorado,
mascarilla protectora,
tiene voz alentadora
y los dedos sensitivos;
y dice que entre los vivos
voy a seguir por ahora.
La vida no es indolora
y los placeres sí esquivos.
27
Caminata
Una buena caminata
organiza cuerpo y mente.
No hay que ponerse exigente,
pues de caminar se trata,
no de andar con esa lata
de contar pasos o millas.
Las acciones más sencillas
no las hagamos penosas.
Con sanos ocios, reposas;
con vanidades, te humillas.
28
Tres comidas
Cada cual su preferencia.
Los milagrosos ayunos
andan pregonando algunos
como dieta de la ciencia.
Yo ya tengo mi sentencia:
tres comidas cada día,
para las cuales me guía
la liviana parquedad,
pues ya no tengo la edad
ni el desgaste que tenía.
28
Luis Gonzaga
San Luis Gonzaga gozaba
de su alma angelical;
pero llevaba fatal
el cuerpo que la encerraba
y quería hacerla esclava
sometida a sus torpezas.
Oh alma, rezas y rezas
por salir de tu prisión.
Pronto vendrá la ocasión
en que salgas de impurezas.
29
Jornada hermosa
Estas sílabas métricas golpean
el papel cual tañidos de campana.
Cual campana dirán cuando las lean
que está aquí el arrebol de la mañana
y a todos los humanos les desean
una jornada hermosa, alegre, sana;
y, pasadas las horas, que les siente
el ocaso como un beso en la frente.
30
Los estanques
Los estanques de agua para el riego,
escasos, esparcidos por la vega,
nos daban algún rato de sosiego
tras la trilla, el aviento, tras la brega
de las duras faenas de labriego
(de todas la más dura era la siega).
Porque al Amo del Mundo tal le plugo:
el tenernos uncidos a ese yugo.
31
Casa muerta
La casa solariega
es ya sólo un solar.
Veinte años vacía,
sin nadie que la cuide.
Su primer propietario,
el abuelo Miguel,
murió y nos la dejó
a su familia viva.
luego murió mi padre,
en el 84.
Muchos años más tarde,
en diciembre del 10,
llegó el turno a la madre;
mas ya ella no vivía
en la casa paterna
y sus hijos tampoco.
La pobre construcción
se fue deteriorando.
Hemos ido al notario
(me ha gustado su lema:
es Nihil prius fide)
ya para desprendernos
de una casa cadáver.
Mis hermanos y yo
también andamos cerca
de ser idem que ella,
un algo del pasado,
lo que quede en la mente
de parientes y amigos,
de los que sigan vivos.
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