Leer una novela de aventuras,
tender en la terraza la colada,
sufrir el frío, disfrutar del sol.
Almorzar en familia, ricamente;
visitar a mi madre, a mis sobrinos;
recordar a mi padre, fallecido
hace veintitrés años, en abril.
Conversar por teléfono con Clara,
mi estudiante en Escocia.
Beber con los amigos en el bar,
hablar de tonterías, de cuando éramos jóvenes,
de lo bien que vivimos, si Dios quiere.
Y, antes de dormirme,
escribir estos versos, donde conste
que sí que dan de sí los días santos
en el hermoso abril.
Filed under: Poemas |
Deja un comentario