• Páginas

  • Archivos

  • octubre 2008
    L M X J V S D
     12345
    6789101112
    13141516171819
    20212223242526
    2728293031  

Abierto en canal

Me disponía ahora a escribir mi tercer Cerrado de la serie, CERRADO POR QUIEBRA (A LOS ACREEDORES, LAS GRACIAS), cuando, de pronto, me he dicho a mí mismo: “Pero, Antonio, querido y estúpido Antonio, ¿cómo vas a seguir tonteando con los cerrados en un blog cuyo nombre significa Ciertamente está abierto? Deja de jugar a ser la imagen de la crisis económica; y si tienes algo que escribir a tus visitantes, se lo escribes, y si no, echas la siesta, y a lo mejor sales ganando, o por lo menos más descansado”.

Y creo que lo que me ha pasado es que he vuelto andando a casa, desde el instituto, bajo una tromba de mil diluvios, con mi chubasquero de todo barato y mi paraguas con goteras; y me he acordado de cuando yo me cargaba las pilas corriendo, en el monte, en la carretera de El Faro o en la playa del Rinconcillo; y mis pilas se cargaban mejor si atravesaba un aguacero. Y me he acordado también de ese poema de Marzal en el que nos cuenta una salida futinera por los montes de su pueblo mientras caía la de hoy. Y luego, después del almuerzo con mi señora y mi pequeña, que también ha llegado nadando desde su instituto, hemos leído una carta de mi hija mayor, que está en París, una carta de las de antes, a mano y en unos cuantos folios. Y después, mientras recogía la cocina, me he dicho que yo soy de campo, y que me iba a poner la Pastoral de Beethoven: la calma y la tormenta…

Y ya termino. Termino con el final del aludido poema de El corazón perplejo:

Volví mis pasos bajo la tormenta

y comencé el descenso.

No me he sabido nunca

tan a resguardo estando a la intemperie.