Acabo de comerme una barrita energética de cereales achocolatados y he tenido la sensación, mientras la masticaba, la degustaba y la deglutía, de que estaba hecha con harinilla y cáscaras de papa, es decir, a base de prensar y secar el pienso que echábamos otrora a las gallinas.
A saber, digo yo, lo que ahora comen las gallinas, si los hijos de Dios nos comemos lo que comían.
El zorro que dialoga con El Principito, el único encanto que encuentra a los humanos es que crían gallinas: gallinas alunt, hoc unicum eorum studium est.
Entiendo, ahora sí, por qué estos zorros de hoy prefieren morirse de hambre en el monte antes que bajar a forzar la cerradura en una granja de pollos. “¡Que se los coman ellos!”, parecen decirnos despectivos.
Y, efectivamente, los pauperes humani no sabemos qué es peor: si que te tiren un huevo a la cara o tener que comértelo; si tener que comerte un muslo de pollo o dejar que los pollos se coman uno de los tuyos.
Ya sé, ya sé que mis lectores están pensando que escribo esto porque no paso hambre. Y se equivocan: lo escribo por culpa de esa maldita barra de cereales achocolatados y energéticos. Si consigo digerirla sin que me mate, volveré a ser un hombre sensato, consciente de sus inmerecidos privilegios en un mundo en el que predomina la miseria.
Filed under: Apuntes | Leave a comment »