A T y L
Una sopa excelente,
labor de un consumado cocinero;
embutidos caseros,
patés pausadamente untados en el pan
y quesos variados.
Y bebimos también: cada cual lo que quiso.
Hablamos del trabajo, de amigos y parientes;
hablamos de internáutica y de libros;
hojeando uno nuevo, bellamente ilustrado,
echamos algún rato.
Fue una grata velada.
Lo que vino después no lo recuerdo.
Sólo sé que he caído de la barca
del dulce sueño a un piélago en penumbra;
que oteo ansiosamente el horizonte
buscando las siluetas redentoras
de un tazón de café y dos aspirinas.
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