Hay un niño en mi calle que se llama
Miguel, pero lo llaman Miguelito;
y así lo llamarán aunque la Fama,
por obras literarias o de cama,
eleve su renombre al infinito.
Que aquí al que en candelabro se encarama
por en puto o en santo ser un hito,
no le quitan del nombre el –ito –ito
por más que la eufonía lo reclama;
no Hércules a Heracles: Herculito.
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